2015-09-30

23 septiembre: San Padre Pío, apóstol de la misericordia: "Dios cree en ti y te ama"

23 septiembre: San Padre Pío, apóstol de la misericordia: "Dios cree en ti y te ama"
23 septiembre, 2015 by Editor in Blog del director


23 septiembre: San Padre Pío,  apóstol de la misericordia: "Dios cree en ti y te ama"

No hace tantos años que "conozco" al Padre Pío de Pietrelcina. En las vísperas de su canonización -el 16 de junio de 2002-, me impresionaron las previsiones informativas que anunciaban que acudirían a la misma varios cientos de miles de peregrinos, como ya había acontecido el 2 de mayo de 1999 cuando fue beatificado.

Me impresionaron los testimonios recogidos que hablaban de un ardiente y unánime clamor y fervor popular en toda Italia en torno a su figura. Como hiciera en mayo de 1999, me aproximé a su figura y a su biografía de cruz y de gloria y recordé que la televisión italiana había emitido un par de series sobre él. ¿Dónde podría hacerme con ellas? No había, en efecto, versión española, pero probé fortuna en una comunidad de religiosas italianas por si acaso ellas tuvieran los vídeos. Así fue. Estaban grabados directamente de la televisión, con cortes publicitarios incluidos y hasta con programas especiales realizados sobre el Padre Pío. Saqué tiempo de donde pude para ver los filmes en cuestión. Eran dos, con más de tres horas de duración cada uno de ellos aparte de los anuncios y de los programas especiales.

Dios está aquí

Las películas me "convirtieron" al Padre Pío. Quedé deslumbrado y emocionado. Lo que aquellas películas narraban, lo que los biógrafos contaban, los que testigos señalaban eran pruebas inequívocas y fehacientes de que Dios está por medio, de que me hallaba ante uno de los grandes santos de nuestro tiempo y de todos los tiempos. Estaba cierto de que el Padre Pío había sido y seguía siendo un extraordinario instrumento de la Providencia y de la gracia para tocar el corazón de una humanidad siempre necesitada y cautiva.

En una estas películas -creo que en la realizada por la RAI-, entre otras muchas escenas, una se me quedó especialmente grabada: El Padre Pío había tomado conciencia de la necesidad de construir un hospital para socorrer y dar alivio al sufrimiento de tantas y tantas gentes.

En el entorno de las personas que ya colaboraban con él, de un modo u otro, había un médico indiferente religiosamente, pero de gran valía profesional. El Padre Pío le invitó a dar un paseo por las montañas de Gárgano, mientras le hablaba con pasión de su proyecto. El médico escuchaba atento, pero un tanto escéptico, consciente de que el proyecto del Padre Pío costaría miles y millones de liras. De regreso del paseo, no lejos del santuario y convento de Santa María de las Gracias de San Giovanni Rotondo, donde vivía el Padre Pío, señalando a un promontorio próximo, el buen fraile de los estigmas le dijo al joven médico:."Aquí vamos a construir el hospital y tú lo vas a hacer y tú serás su responsable". El médico se sonrió y le hizo constar al fraile lo disparatado e imposible de la idea. El Padre Pío le cogió las manos, le miró a los ojos y le dijo: "Para Dios nada hay imposible". El médico arguyó: "Padre, usted sabe que yo no creo en Dios". El Padre Pío le respondió: "Pero Dios sí cree en ti". Meses después comenzaron las obras del hospital y empezaron a llegar, milagrosamente, cientos y cientos de miles de liras, que pronto hicieron posible lo imposible. Nacía el hospital del Padre Pío, la Casa Alivio del Sufrimiento, entonces y hoy uno de los principales centros hospitalarios de toda Italia. Aquel médico fue su primer director.

Peregrinación de primavera

De tal modo me atrajo desde entonces el Padre Pío que entré en contacto con un capuchino navarro, el máximo especialista en España sobre su figura. Es Elías Cabodevilla Garde, a quien hice alguna entrevista radiofónica y quien en el invierno de 2004 me sorprendió con una llamada desde San Giovanni Rotondo: "Jesús, los frailes del convento de San Giovanni Rotondo, el convento del Padre Pío, quieren conocerte, te invitan a que vengas hasta aquí y conozcas el lugar". Me había duda posible: era la Providencia quien me llevaba a San Giovanni Rotondo, un lugar perdido del sureste italiano, junto al golfo de Manfredonia, en el corazón de las montañas del Gárgano, en la región de la Apulia.

En la primavera de aquel año, a finales de abril, viajé, por fin, hasta San Giovanni Rotondo. Pude así postrarme de rodillas ante la tumba de un santo casi desconocido que me había "atrapado", que me había seducido. Pude visitar sus celdas, su capilla privada durante los años en que le fue prohibido el ejercicio público del ministerio sacerdotal, pude contemplar los ríos de peregrinos en torno a su Iglesia y el fervor que desataba entre ellos. Me di cuenta de que el Padre Pío era y es de todos: de todo el pueblo santo de Dios, de pastores y de fieles, de alejados y de conversos, de ricos y pobres, de pecadores y de virtuosos. El Padre Pío entró ya en mí y para siempre como la presencia de un maestro y de un amigo, que el Señor enviaba a mi persona y mi ministerio sacerdotal.

Hubiéramos querido en aquel viaje de abril de 2004 trazar un plan estratégico para que el Padre Pío fuese más conocido en España. Era la idea motriz de mi peregrinación. Las circunstancias no lo hicieron posible. Pero yo me comprometí conmigo mismo a difundir su nombre y a regresar a San Giovanni Rotondo con un grupo de peregrinos.

Bodas de plata sacerdotales

Tres años después regresé a San Giovanni, regresé al Padre Pío. Fue en el pasado mes de julio. Quise hacerlo en el contexto de mis bodas de plata sacerdotales. El Padre Pío había sido, estaba siendo y seguirá siendo un inmenso regalo para mi sacerdocio. ¡Qué mejor que agradecer y ofrendar este regalo, este don en medio de la acción de gracias de los 25 años de mi sacerdocio!

Con medio de centenar de personas, bordeando el Adriático, volví a ascender hasta este lugar de gracia, que es un como un calvario, como una montaña santa. Me embargaba la emoción, a la par que experimentaba el ardiente deseo de que esta visita fuera también grata y fecunda para quienes me acompañaban. El Padre Pío es un santo inmenso, pero no es un santo fácil. Su vida no fue precisamente un jardín de rosas. Fue la vida de un crucificado, el crucificado del Gárgano. Y, no nos engañemos, la cruz le gusta a casi nadie. Permanecimos en San Giovanni Rotondo cerca de veinticuatro horas, a las que habría sumar otras tres más vividas y recorridas en Pietrelcina, la patria chica de nuestro querido santo.

El Padre Pío se hizo presente entre nosotros. Llegó a las gentes que me acompañaban y se nos quedó como un hallazgo de gracia, como un regalo de estío. Cuando emprendimos la peregrinación, el Padre Pío era "solo mío". Cuando la concluimos era de todos.

Pero, ¿quién es el Padre Pío?

Sí, reconozco que debía haber empezado el artículo por aquí, por la presentación de San Pío de Pietrelcina. Pero he preferido hacerlo al revés para expresar ante todo un testimonio sentido y sincero, para invitar a los lectores a conocer, a descubrir, a dejarse seducir por el Padre Pío, que es de todos. Se ha cumplido ahora, el pasado domingo 23 de septiembre, el 39 aniversario de su fallecimiento. Es, por lo tanto, un hombre de nuestro tiempo, un santo contemporáneo.

El Padre Pío procedía de una familia humilde, de labriegos y emigrantes. Es también uno de los nuestros. Fue fraile capuchino y sacerdote, por lo que se convierte en un luminoso modelo para la vida religiosa y sacerdotal. Congregó a numerosos grupos de hombres y de mujeres, con quienes después creó los llamados Grupos de Oración. Recibió durante su vida miles y miles de cartas con petición de favores, lo cual le aproximó, de nuevo, a tantos, a todos. Tras cincuenta años portando en su cuerpo los estigmas de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, supo bien lo que era sufrir y supe transformar en amor ese sufrimiento. Solidario, pues, del dolor y del llanto de la humanidad, creó el citado hospital Casa Alivio del Sufrimiento. Las filas de penitentes ante su confesionario del santuario de Santa María de las Gracias de San Giovanni Rotondo eran siempre inmensas -como eran inmensos ríos de gracia y de conversión los que brotan de su absolución sacramental- y en ellas había gentes de todo tipo, circunstancia y condición. Y ahora cada año peregrinan hasta su tumba varios millones de personas anónimas y desconocidas, populares y encumbradas. ¡Algo tendrá, por lo tanto, este humilde fraile del sur de Italia! ¿Qué es?

El Papa Benedicto XV (1914-1922), cuando apenas nuestro querido fraile era apenas conocido, dijo: "El Padre Pío es uno de esos hombres extraordinarios que Dios manda de vez en cuando para convertir a los hombres". Juan Pablo II, que siendo estudiante en Roma peregrino a San Giovanni Rotondo para confesarse con el Padre Pío, nos propuso su ejemplo en cuatro actitudes centrales para la vida del cristiano: la oración, el sacramento de la Penitencia, el amor fraterno y el culto a la Virgen María. También Benedicto XVI alude con frecuencia a él, incluyéndolo entre los grandes santos de toda la historia de la Iglesia. Pero quizás fue el Papa Pablo VI quien mejor lo definió: "¡Mirad qué fama obtuvo! ¡Qué clientela mundial reunió junto a sí! ¿Pero, por qué? ¿Tal vez porque era un filósofo? ¿Por qué era un sabio? ¿Por que tenía medios a su disposición? No. Celebraba la misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, aún si es difícil de admitir, el verdadero representante de los estigmas de Nuestro Señor. Era hombre de oración y de sufrimiento".

El Padre Pío es de todos. Yo quiero que también lo sea de los lectores de estas líneas, que finalizo ya con la oración litúrgica que en su memoria e intercesión eleva la Iglesia: "Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos por su intercesión conformarnos con la muerte de Jesús para ser partícipes de su resurrección". Dios cree en ti, amigo lector. Y el Padre Pío te ayudará a descubrirlo y a sentirlo.

Jesús de las Heras Muela


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2015-09-14

Bord24, COSME, Construir el Reino sirviendo y renunciando al triunfalismo

Bord24, COSME, Construir el Reino sirviendo y renunciando al triunfalismo

Is 50,5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban
Salmo 114: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida
Sant 2,14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta
Mc 8,27-35: Tú eres el Mesías… El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho


Una tentación permanente para los cristianos, para los grupos creyentes y para las Iglesias, es trabajar por el Reino de Dios buscando el éxito, el triunfo y no el servicio. Esto nos lleva a valorar las grandes personalidades, los grandes acontecimientos, las liturgias esplendorosas, los lugares más impresionantes y no valoramos de igual manera al mendigo, al migrante.
Rendimos culto a Dios en las personalidades, en los actos solemnes, pero ignoramos la principal imagen de Dios que se refleja en el indígena, el campesino, el ser humano en desgracia.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

Para Jesús y sus acompañantes el camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, sus seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro.

A Pedro le parece una barbaridad que Jesús diga que va a ser rechazado, perseguido y llevado a la muerte por los dirigentes del pueblo, senadores, sumos sacerdotes y letrados. No es ése el camino que debía seguir el mesías según las tradiciones que ellos habían recibido; al contrario: el camino del descendiente de David debía ser el del triunfo y la gloria para sí y para el pueblo que Dios se había elegido en propiedad. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro sigue aferrado a la ideología del caudillo nacionalista o del líder religioso y no descubre en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.
Ninguno de los discípulos está de acuerdo con Jesús, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos. 

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la debe ser tomado siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado... Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros.

ü Buscar el reino de Dios con Jesús y como Jesús significa para nosotros hoy, renunciar a buscarlo por el camino del triunfo, renunciar a buscarlo por el camino del poder que oprime, y renunciar a buscarlo por camino de la riqueza que discrimina.
ü Buscar el reino de Dios con Jesús y como Jesús significa para nosotros hoy buscar el rostro de Jesús en el rostro de los más desamparados. En El documento de Puebla y en el de Aparecida, los Obispos nos ofrecen una lista de los rostros sufrientes de Jesucristo hoy (Documento de Puebla del número 32 al 39, Documento de Aparecida del número 407 al 430)
ü Pero no basta contemplar, hay que interpelarnos para descubrir cuál de esos grupos es el que más reclama nuestro servicio y buscar con otros creyentes la manera de atender estas situaciones procurando ir a las causas.
ü Tenemos que comenzar por lo que tenemos más cerca, los más débiles que están en nuestro entorno y promover la organización participativa con objetivos claros y metas realizables

Septiembre 12 del 2015 
Cosme Carlos Ríos


2015-09-13

Bord24, SBL, Mc 8,27-35: Tú eres el Mesías… El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho (20150913)

Servicio Bíblico Latinoamericano
Domingo 13 se septiembre de 2015
Domingo 24º de tiempo ordinario - Ciclo B
Juan Crisóstomo, obispo y doctor (407)

Is 50,5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban
Salmo 114: Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida
Sant 2,14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta
Mc 8,27-35: Tú eres el Mesías… El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho




Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado... Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros... Véase el amplio comentario que hacemos al respecto en este próximo día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 67, «El bastón del mesías», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300067 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap67b.mp3 

Para la revisión de vida

          Hay preguntas decisivas en la vida de todas las personas; incluso no darles una respuesta clara y consciente es ya una manera de responder a esas preguntas. Una de ellas es la que Jesús hizo en una ocasión a los suyos y, a través de ellos, a toda la humanidad, incluidos nosotros. ¿Quién es Jesús para mí? Sólo que esta pregunta tiene un grave riesgo: que la contestemos con la respuesta aprendida de memoria en el catecismo infantil, en vez de contestar con el corazón. La pregunta ‘¿Quién es Jesús?’ no podemos ponerla entre preguntas del tipo ¿quién fue Napoleón, quién descubrió la penicilina o en qué año acaeció la Revolución francesa?, sino que hemos de ponerla entre preguntas del tipo ¿quiénes son mis amigos, cuánto quiero yo a mi familia, qué estoy dispuesto a hacer por aquellas personas alas que quiero? Consciente de todo esto, debo preguntarme: ¿quién es Jesús para mí, qué significa en mi vida?

Para la reunión de grupo

-                 Muchas veces hemos entrado en la discusión de si lo importante es la fe o son las obras. ¿No sería mejor ser consciente de que son las dos caras de una misma moneda, que si bien es cierto que es la fe la que nos salva, como dice san Pablo, también es cierto que una fe sin obras significa que no hay realmente fe?
-                 Después de casi 500 años de separación y enfrentamiento hasta la excomunión y el cisma, las Iglesias Católica y Luteranas han acordado una interpretación conjunta por la que ambas opiniones son conciliables y las dos son verdaderas... ¿Qué reflexiones nos plantea este hecho histórico, que incluye tantos enfrentamientos, condenas, separación...?
-                 La pregunta la podría hacer también Jesús hoy en nuestro círculo de estudio o grupo de reflexión: ¿Quién dice la gente que soy yo? Respondamos a esa pregunta. Y también nos haría Jesús su segunda pregunta: ¿y ustedes mismos, quién dicen que soy yo? Compartamos también en el grupo la respuesta que cada uno de nosotros le daría.

Para la oración de los fieles

-                 Por la Iglesia, para que anuncie de palabra y, sobre todo, con las obras, que Jesús es el único Señor. Oremos.
-                 Por todos los cristianos, para que seamos fieles a la llamada que hemos recibido del Padre, aunque ello nos traiga las injurias e incomprensiones de la gente. Oremos.
-                 Por todos nosotros, para que nuestro seguimiento de Jesús sea el fruto de una decisión personal, libre y responsable. Oremos.
-                 Por todos los que sufren incomprensiones, persecución y calumnias a causa del evangelio, para que se mantengan fieles en su misión y en su amor a todos. Oremos.
-                 Por esta comunidad nuestra, para que sepa ver y valorar siempre la vida y la historia, las personas y las cosas con los ojos de Dios. Oremos.

Oración comunitaria

          Escucha, Padre, nuestra oración, abre nuestros oídos para que sepamos escuchar siempre las continuas llamadas a la Justicia que Tú nos haces por medio de los pobres; abre nuestros ojos para que sepamos ver la miseria y el dolor de nuestro mundo, que nosotros tenemos que transformar en dignidad y esperanza; abre nuestros corazones para que sepamos ver a todas las personas como a tus hijos, nuestros hermanos y hermanas. Te lo pedimos por Jesucristo N.S.