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2018-01-28

[sicre] Bord04, DOS REACCIONES ANTE JESÚS

DOS REACCIONES ANTE JESÚS:

Bord04 - 28 de Enero de 2018

José Luis Sicre



Marcos ha presentado a Jesús recorriendo Galilea para anunciar la buena noticia del reinado de Dios. Pero no ha dicho cómo reaccionaba la gente. Sabemos que cuatro muchachos, atraídos por su persona, lo dejan todo para seguirle. ¿Y el resto? ¿Cómo reacciona? Este será el tema del primer relato extenso del evangelio.


El asombro del auditorio


Marcos nos sitúa en uno de los pueblos más importantes de Galilea, Cafarnaúm, nudo de comunicaciones con Damasco. Un sábado, Jesús entra en la sinagoga y enseña. Pero Marcos no se detiene a concretar su enseñanza. Lo que le interesa es la reacción del auditorio: “se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.” La idea es curiosa, porque los escribas no eran gente impreparada e ignorante que decían cualquier tontería para salir del paso. Tenían una larga y profunda formación. Pero, en opinión de la gente, enseñaban sin autoridad, incapaces de tener una idea propia, de aportar algo nuevo. Jesús, en cambio, los asombra por esa autoridad. ¿Qué dijo para suscitar esa impresión? Marcos no lo concreta, porque su táctica consiste en despertar la curiosidad del lector y animarle a seguir leyendo el evangelio con interés.


El rechazo de un pobre diablo


Sin embargo, no todos están de acuerdo con lo escuchado. Hay uno que reacciona en contra: un endemoniado. En realidad, se trata de un pobre diablo. No opone resistencia. Sólo puede protestar, reconocer que los suyos están derrotados y abandonar, retorciéndose y huyendo, el campo de batalla.


Las palabras que Marcos pone en su boca son esenciales: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» En ellas se condensa el misterio de Jesús y de su actividad.


El que aparentemente es sólo un hombre natural de Nazaret llamado Jesús, es en realidad “el Santo de Dios”. Este título es muy raro. Sólo se encuentra aquí, en el texto paralelo de Lucas, y en el evangelio de Juan, cuando Pedro, después de que muchos abandonen a Jesús, afirma: “Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios.” (Juan 6,69). Lo que Pedro y los demás discípulos han terminado creyendo, superando una gran prueba de fe, el endemoniado lo sabe de entrada. Descubrir el misterio de Jesús será una de las misiones del lector del evangelio.


En cuanto a su actividad, la pregunta del endemoniado la deja claro: ha venido a acabar con los demonios y el poder de Satanás. Al lector moderno, puede resultarle un lenguaje extraño. Prefiere hablar de lucha contra el mal, de victoria del bien sobre las fuerzas del mal. Pero Marcos se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas.


La guerra contra Satanás y los espíritus inmundos


Marcos concibe su evangelio como una guerra entre el bien y el mal. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, y allí es tentado por Satanás, mientras los ángeles le sirven. Marcos no cuenta ninguna de las famosas tentaciones. Se limita a presentar a los dos adversarios en lucha: Jesús y Satanás. Y esa guerra continúa con una batalla, vencida fácilmente por Jesús, contra un soldado de Satanás.


Ya que nuestra idea del demonio está muy marcada por ideas posteriores, recuerdo que en el evangelio de Marcos los espíritus inmundos aparecen con dos rasgos principales:


a) sirven para explicar casos muy complicados para la medicina de la época. En Mc hay dos episodios especialmente famosos: el del endemoniado gadareno (Mc 1,23.26; 5,2.8.13) y el del niño sordomudo que padece epilepsia (9,14-29), al que se presenta como poseído por un espíritu mudo (v.17), mudo y sordo (v. 25). En el caso de la hija de la cananea (7,25) no sabemos en qué consiste la enfermedad.


b) expresan la oposición radical al plan de Dios. Lo esencial no es que hagan daño a las personas, sino que protestan de la actividad de Jesús. El endemoniado reconoce su poder, sabe quién es y la misión que tiene: destruirlo. Con este mismo aspecto se menciona a los espíritus inmundos en 3,11.


Un aspecto esencial de la actividad de Jesús es expulsar demonios (1,34.39). Los discípulos reciben de Jesús ese poder contra ellos (6,7), aunque algunos son muy difíciles de echar, hace falta oración (9,28-29).


Pero Marcos dejará claro a lo largo de su evangelio que los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios sino los hombres. Serán ellos quienes terminen matándolo.


La admiración final


Tras la huida del demonio, el protagonismo pasa a los presentes en la sinagoga. Antes se admiraron de la autoridad con la que enseña Jesús. Ahora se quedan estupefactos al ver que, además, tiene también poder sobre los espíritus inmundos. Y se preguntan: “¿Qué es esto?” ¿Qué está ocurriendo aquí?


¿Cuál será nuestra reacción?


Marcos ha presentado dos reacciones muy opuestas ante la persona y la actividad de Jesús: admiración y rechazo. Con ello queda claro lo que espera de cada uno de sus lectores. Decía un pensador griego que “el asombro llevó a los hombres a filosofar”. Marcos, de forma parecida, sugiere que la admiración es el punto de partida para creer en Jesús. Poco a poco, la pregunta de la gente “¿qué es esto?” se convertirá en “¿quién es éste?”.


Nota sobre la primera lectura


Dios promete que, tras la muerte de Moisés, suscitará a un profeta, más bien a una serie de profetas, que transmitirán al pueblo su palabra. Al situar este texto del Deuteronomio como primera lectura, la liturgia nos recuerda que ese profeta prometido es Jesús. De todos modos, el evangelio no pretende presentar a Jesús como profeta ni dice que la respuesta a su palabra sea la obediencia, sino el asombro. La lectura está bastante traída por los pelos.


José Luis Sicre

2009-01-29

Jesús, el Profeta

Ciclo B, Ord4, 1 de Febrero de 2009

Enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas
(Mc 1, 22)


JESÚS DE NAZARET se puso a enseñar en la sinagoga de Cafarnaúm y nos dice el Evangelio de Marcos que la gente quedó asombrada de su doctrina porque enseñaba con autoridad y no como los escribas. ¿Quiénes son los escribas? Se les denomina también “doctores” o “maestros” de la ley; es decir, eran los expertos de la Biblia, particularmente del Pentateuco. El problema era que con facilidad usaban ese conocimiento para su propia gloria y poder, por eso el mismo Jesús advertía: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones» (Mc 12, 38-40) Por tanto, enseñar con autoridad significará ser sencillos ocupando los últimos lugares, ser compasivos siendo cercanos y solidarios con la gente en especial los más vulnerables, y ser auténticos. ¿Conoce usted a algún profeta auténtico de nuestro tiempo?

EN APARECIDA señalan los Obispos que le compete a la Iglesia denunciar lo incompatible con la dignidad del hombre (AP 480), que nuestro servicio pastoral nos exige anunciar y denunciar (95). Sin embargo –también afirman- en la realidad actual hay “una notable ausencia en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes” (502). Hace falta que los cristianos seamos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras (29). Nos advierten, por tanto, que por ejemplo los adolescentes de hoy fácilmente podrían ser víctimas de falsos líderes (442). Finalmente nos desafían diciéndonos que anunciar a Jesucristo como la verdad última del ser humano exige en nuestros días coraje y espíritu profético (480).

QUÉ LES PARECE si nos arriesgamos a denunciar alguna situación de nuestra familia, en el trabajo o en la parroquia que vaya en contra de la dignidad de la persona. Qué les parece si nos animamos a anunciar una buena noticia que en nuestra realidad social y/o eclesial está aconteciendo. ¿Difícil, verdad? Pero todavía lo más difícil de ser profetas es nuestro estilo de vida que avalen tales denuncias y anuncio. Por tanto, qué les parece si intentamos ser profetas de verdad desde una vivencia sencilla, cercana y solidaria con los más marginados.

Agustín Pbro.