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2017-12-18

[sicre] Badv03, PREPARACIÓN A LA NAVIDAD EN TRES ACTOS

PREPARACIÓN A LA NAVIDAD EN TRES ACTOS

José Luis Sicre - 17 de diciembre de 2017
Badv03


La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría. El protagonista de la primera lectura afirma: "Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios"; san Pablo pide a los tesalonicenses "estad siempre alegres". Juan Bautista es demasiado serio para hablar de alegría, pero da testimonio de la luz que inundará el mundo, y eso también es motivo de gozo. Aparte de este dato común, la mejor forma de entender las lecturas es imaginarnos espectadores de una obra de teatro en tres actos.

Acto primero

Cuando se descorre el telón se ve un personaje de pie en el centro del escenario, rodeado de una multitud sentada en el suelo, pobremente vestida. Son antiguos desterrados en Babilonia, actuales oprimidos por el imperio persa. La escena está en penumbra, transmitiendo al espectador una sensación de profunda tristeza; sólo un foco ilumina el rostro del protagonista. Mira en silencio, durante largo rato, a la multitud que le rodea. Finalmente, abre la boca y dice algo inaudito: "El Espíritu del Señor está sobre mí". Suena a blasfemia. El Espíritu del Señor hace siglos que no se posa sobre nadie. Eso dicen algunos sabios: que el Espíritu se retiró después de la destrucción del templo de Jerusalén. Pero el personaje parece muy seguro de lo que dice. Y les habla de la misión que llevará a cabo movido por el Espíritu: "daros una buena noticia a vosotros que sufrís, vendar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, proclamar el año de gracia del Señor".

Poco a poco, la luz que iluminaba solo el rostro aumenta de intensidad y permite ver que el protagonista, a diferencia de los demás, está vestido de gala, envuelto en un manto regio y espléndido, que refuerzan la alegría de su rostro. Pero no habla como un rey a su corte. Se dirige a campesinos, con el lenguaje que pueden entender: "Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los cantos de alegría ante todos los pueblos."

Acto segundo

En el centro del escenario un muchacho de unos veinte años sentado a una mesa y escribiendo. Pablo camina por la habitación mientras dicta.
̶ "Guardaos de toda forma de maldad."
̶ No sigas. (Lo interrumpe el muchacho cuando acaba de escribir la frase). Ya van siete consejos.
Pablo lo mira extrañado.
̶ ¿Los has ido contando?
̶ Claro. Los seis anteriores han sido: "Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión. No apaguéis el espíritu. No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo, quedándoos con lo bueno." Ahora basta con que los encomiendes a Dios y les asegures su protección.
̶ ¿Cuál de esos consejos te viene mejor?
El muchacho se queda releyendo los consejos y pensando mientras cae el telón.

Acto tercero

Escena a orilla del río Jordán. En el centro Juan Bautista, rodeado de un grupo de sacerdotes y levitas. Las noticias que han llegado a Jerusalén son alarmantes. Cada vez más gente acude al río, y las autoridades temen que se produzca una revuelta. ¿Quién es ese Juan? ¿Es el Mesías, el rey que los liberará del poder romano? ¿Es cierto, como dicen unos, que es el profeta Elías, que ha vuelto a la tierra? ¿O es el profeta del que habló Moisés, el que otros esperan antes del fin del mundo? ¿Qué dice él de sí mismo?
Lo asedian a preguntas, pero no consiguen arrancarle más que negativas, cada vez más escuetas: "No soy el Mesías". "No lo soy". "No". Al final, cansado de tanto interrogatorio, les da una clave que ellos probablemente no comprenden. "Yo sólo soy una voz que grita en el desierto. Al que deberías buscar es a uno que no conocéis, que viene detrás de mí, mucho más importante que yo."

Los sacerdotes y levitas dan a Juan por imposible y se retiran.
Juan mira a sus discípulos y les comenta:
̶ Han venido desde Jerusalén queriendo saber quién soy yo, y no les interesa lo más mínimo saber quién es el que viene detrás de mí.

Crítica del periódico

Como preparación a la Navidad se representó ayer una extraña obra en tres actos que provocó bastante desconcierto entre el público presente. En opinión de este comentarista, la clave se encuentra en el contraste entre los actos primero y tercero: el primero habla de un personaje seguro de sí mismo y de su misión; el tercero de Juan, que se empequeñece a sí mismo para poner de relieve la grandeza del que lo sigue. Y el que lo sigue es precisamente el que lo ha precedido, el protagonista del primer acto. Alguien con un mensaje de esperanza y alegría para los que sufren. Quien no esté de acuerdo con estas sutilezas deberá contentarse con poner en práctica los buenos consejos de Pablo.

José Luis Sicre

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2008-06-16

NO TENGAN MIEDO

Ciclo A, 12° Dom.Ord., 22 de Junio de 2008


“No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”
(Mt 10, 26)

El Señor había enviado al equipo de los doce a la misión. Ahora, la Palabra de Dios nos narra la invitación de Jesús a sus discípulos y misioneros a no tener miedo en el anuncio del Evangelio. Un poco antes les había dicho: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.” (Mt 10, 16). En positivo, el Maestro cree en sus discípulos, como portadores de una buena noticia, y les invita a tener fe en él, quien siempre estará con nosotros hasta el fin del mundo.

El miedo es un malestar y una perturbación producido por la amenaza de un peligro, real o imaginario. El miedo paraliza el apostolado, el miedo no es saludable ni para el cuerpo ni para el alma, el miedo nunca ha sido buen consejero. Solamente hay un miedo sano: el de no ofender a Dios. Este miedo es el principio de la sabiduría (Prov. 1, 7). La mejor medicina para vencer el MIEDO es la FE.

En este tiempo de tanta Pobreza, Desempleo, Violencia, Injusticias… (Aparecida 70-73). En este tiempo de represión y una violación creciente de los Derechos Humanos (# 79 y 80). En tiempos en que ha habido un acompañamiento muy escaso a los fieles laicos en sus tareas sociales (# 100-c). Jesús nos dice: ¡No teman! ¡Tengan Fe! El mejor antídoto frente a esta realidad cada vez más adversa es la alegría de ser discípulos misioneros de Cristo. Haberlo conocido es lo mejor que nos ha ocurrido en nuestras vidas (# 32). La Iglesia no puede ahora replegarse sino más bien es el momento de revitalizar nuestro testimonio de la novedad del Evangelio (# 11). Por tanto, nuestro reto fundamental es FORMAR discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier el don del encuentro con Jesucristo (Aparecida 14).


David, Pbro.