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2017-09-27

NO QUIERO | FeAdulta - Aord26

NO QUIERO
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  • Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma (Miguel de Cervantes)


1 de octubre. Domingo XXVI del TO
Mt 21, 28-32
El hijo le respondió: No quiero: pero luego se arrepintió y fue (v 29)
En las anotaciones al presente evangelio, Schokel comenta que lo que importa no son las apariencias externas, sino el interior de la persona; la observación de unos ritos externos es secundario. En tiempo de Jesús, el legalismo había creado una forma de ser centrada en las apariencias. Jesús sabía que para Dios, que conoce lo secreto del corazón, el hijo verdadero es el que, de hecho, practica la justicia. Esta parábola lo expresa con claridad: las relaciones auténticas con Dios y con los hombres se establecen sobre el compromiso.
Mateo da mucha importancia a las obras. Tanta, que con ellas "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de Dios". El hijo del "sí, voy" representa a los indiferentes, el de "no voy" pero va luego, a los observadores estrictos de la ley, jefes y fariseos. Y en la película estadounidense de 1988, dirigida por Sidney Lumet, "Un lugar en ninguna parte"le dice el hijo a su padre: "Tenemos que cuestionar la autoridad; eso me lo enseñaste tú".
Otro ejemplo nos lo muestra Krzysztof Penderecki (1933), compositor vanguardista y director de orquesta polaco, eterno rebelde de la música clásica, como lo fueron los Beatles de la música moderna en los años sesenta. "Toda mi vida nadé contra corriente", dijo en una ocasión. Por eso su música no suele dejar indiferente a nadie, y desde hace más de medio siglo entusiasma a gente de todo el mundo, aunque también genera protestas. Cuando no compone, se dedica a plantar árboles y a cuidar de su Jardín Botánico con más de mil seiscientas especies de árboles y arbustos: todo un símbolo de lo que él es y de lo que cree debe ser la vida. Para él, el árbol nos enseña que toda obra de arte –y el vivir lo es– debe tener doble raíz, tanto en el cielo como en la tierra, es decir, en lo mundano y lo divino"Sin raíces, ninguna obra puede persistir", advierte.



Por mi parte me he sentido árbol creciendo para arriba y para abajo, recorriendo los caminos blancos de la Luz y el Evangelio. Y al recorrerlo, he podido percatarme de que los seres humanos sentimos desilusión cuando, lo que deseamos, no lo conseguimos. Y he conseguido también darme cuenta de que quien conoce las reglas de la vida, acoge sin objeción lo que sucede. Porque, con demasiada frecuencia, el ser humano es afortunado no obteniendo lo que desea. Con frecuencia, lo que suele llamarse mal, no es más que el instrumento que permite que el bien apetecido sea realizado.
Miguel de Cervantes Saavedra fue soldado, y de estas batallas de la vida era gran experto. Lo confirmó diciendo que "Un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma".
Pido al águila –ave de altos vuelos– que me enseñe a ver la Tierra desde las alturas, mis iluminaciones y mis sombras, que también son mías y las quiero.

El ÁGUILA
Tu sueño, a velas desplegadas,que sienten la montaña, el mar, el bosque.Que subes sus entrañashasta el cielo.Enséñame a elevar mis pensamientos.
Que descansenen tu corona real y en el regazodel Dios que los creó.Enséñame a ver la tierradesde las alturas.Si de día, mis iluminaciones;si de noche, mis oscuridades,que también son mías y las quiero.
(NATURALIA. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

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2017-09-23

ENVIDIA
Written by Vicente Martínez

24 de septiembre. Domingo XXV del TO
La envidia es mil veces más terrible, porque es hambre del alma (Miguel de Unamuno)
¿O no puedo yo disponer de mis medios como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso? (Mt 20, 1-16)



El Génesis 4, 8 dice: “Caín dijo a su hermano Abel: -Vamos al campo. Cuando estaban en el campo se echó Caín sobre su hermano Abel y lo mató”. Rubens ilustró la escena en cuadro, hoy en el museo del Prado. Es el primer asesinato humano, donde la protagonista es la envidia.

Reiterativos son los textos bíblicos a este respecto. En Job 5, 2 leemos: “Es cierto que al necio lo mata la ira, y al codicioso lo consume la envidia”. El Eclesiastés advierte en 4, 4: “He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo.

Algunos autores dicen que la envidia es el pecado humano por antonomasia, y que hace al hombre diferente de los animales. Éstos son capaces de cometer todo pecado humano –gula, asesinato, robo, etc. – excepto la envidia. Se insiste mucho en ella, aunque en el Evangelio apenas hay tres citas, todas referidas al hecho de la condena de Jesús por el pueblo, ante la propuesta de Pilatos, que sabía que le habían entregado por envidia, de si Barrabás o Jesús: Mt cap. 27; Mc cap. 15; y Lc cap. 15.

En los otros escritos, el tema es abundante. En los Hechos de los Apóstoles 7, 9 se recuerda que “los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron para que lo llevaran a Egipto”. Pablo dice en 13, 4 de su primera Carta a los Corintios que “El amor es paciente, es amable, no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado”. Y en los Gálatas 5, 26: “No seamos vanidosos, provocadores, envidiosos”. Pedro, por su parte, en su primera Epístola a la dispersión 2, 1, aconseja despojarse de dicha envidia: “Ahora, pues, despojados de toda maldad, fraude e hipocresía, toda envidia y difamación”.

Los griegos la divinizaron en la figura de Némesis, un verdadero escollo para el desarrollo y el cambio social. Para los romanos era la diosa que personificaba la venganza y los celos, y la nombraron hija de la noche. El filósofo inglés Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad del ser humano. Brueghel el Viejo, el Bosco, Botticelli, Rubens, Poussin… etc, la hicieron objeto de sus pinceles.

Miguel de Unamuno dijo que “La envidia es mil veces más terrible, porque es hambre del alma”. Quizás la misma que el evangelista nos relata en la parábola de los jornaleros de la viña. Dijo el dueño: “¿Acaso no puedo yo disponer de mis medios como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?” (Mt 20, 15).


ENVIDIA

Invidia: “la de los ojos verdes” –color de la esperanza–
en altares romanos.

“Mirar con malos ojos”, para griegos.

Dante, a los envidiosos
en un ilusionado Purgatorio dio cobijo.
Caín envidió a Abel porque era bueno,
y Narciso se ahogó al enamorarse.
Los dioses le premiaron transformándole en flor:
él sea bendito.

Hay santa envidia también, y yo la tengo
del narciso amarillo, del que se enamoraban
las doncellas.

De tantas cosas bellas
que ellas tienen,
y que yo no tengo.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)


Vicente Martínez