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2015-01-07

Bord01, FeAdulta20150111, HIJOS DE DIOS ANTES DEL BAUTISMO

amigos de feadulta
7 de enero de 2015
Asunto: HIJOS DE DIOS ANTES DEL BAUTISMO


Amigas y amigos:
Jesús lo sabía ya, desde pequeño, se lo habría dicho su madre, que era hijo de Dios y que Dios le quería mucho. Ahora, cuando el bautismo, cuentan los evangelistas, acepta formalmente su filiación, su vocación misionera y lleno del Espíritu de Dios inicia su andadura pública.
Este debería ser el sentido de nuestro bautismo que se queda en agua de borrajas cuando la responsabilidad se diluye y esfuma entre padres y padrinos… Todo se reduce al formalismo de una inscripción en el registro de los cristianos. Habría que abogar por un bautismo adulto…

Marcos retrata el evento en dos pinceladas.
Mc 1, 7-11. Juan bautiza en agua y de esta forma bautiza a Jesús en el Jordán…
Isaías 42, 1-7. Sobre el "el Siervo de Yahvé" está el espíritu", que "no quebrará la caña cascada", que será "luz de las naciones"...
Hechos 10, 34-38. En Cesarea, en casa del centurión romano Cornelio, Pedro confiesa que Jesús no es para los judíos, sino para todo el mundo.
José Antonio Pagola: De "Jesús. Aproximación histórica". Cuando se acercó al Jordán, Jesús se encontró con un espectáculo conmovedor: gentes venidas de todas partes se hacían bautizar por Juan, confesando sus pecados e invocando el perdón de Dios. Es una lectura alternativa, yo diría que obligada.
Vicente Martínez: Pasó haciendo el bien. Una bella misión con la que el Espíritu ungió en la figura de Jesús, a todos los hombres de la Tierra.
Florentino Ulibarri: Espiritualidad encarnada. Llévanos, Señor, por los caminos que Tú conoces, para poder escuchar tu voz de Padre.
Vicky Irigaray: Reconocerte en Jesús. Reconocer a Jesús, el hijo de María, el que fue carpintero en Nazaret, como ungido por Dios con su propio espíritu.
Rafael Calvo: Jesús hijo del Padre. Jesús se siente hijo amado del Padre y se propone darlo a conocer a todos.
José Luis Sicre: Bautismo de Jesús. La biografía de Jesús en Marcos comienza cuando el personaje queda al servicio completo de los planes de Dios. 
Fray Marcos: El bautismo nos habla del verdadero nacimiento de Jesús. Jesús no puede ser concebido sin esa presencia del Espíritu que le trasforma.
José Antonio Pagola: Escuchar lo que dice el espíritu. Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo.
Enrique Martínez Lozano: Anhelo y plenitud. La percibimos como anhelo, pero somos plenitud.
Rogelio Cárdenas: La Vocación de Jesús. ¿Qué sentido quiero que tenga mi existencia? La vida adquiere sentido y se convierte en una historia apasionada.
M. Asun Gutiérrez: Bautismo de Jesús. Según el relato, el "cielo se abre" para que descienda el Espíritu, del cielo abierto solo llega una voz: "Tú eres mi Hijo amado".
Fiesta del bautismo. Avanzamos desde el Antiguo hacia el Nuevo Testamento. Presentación de las monjas benedictinas de Montserrat.
Salomé Arricibita: Hijos amados. Nada temeré, Señor, contigo a mi lado... sintiendo que somos tus hijos amados. Música de Teresa Nécega. Presentación de Lenin Cárdenas.
Salmo 28. El Señor bendice a su pueblo con la paz. Tomado de la web bidean.net.
Equipo Quiero Ver: Sorpréndete – Bautismo. Dios nos sorprende y nos empapa con su amor. Nuestra vida queda transformada y todo tiene un horizonte nuevo. Es la novedad de Dios.

El Papa Francisco es buena noticia pero le resulta indigesta a unos pocos.
Leonardo Boff: Apoyo al Papa Francisco contra sus detractores. El Papa Francisco ha recibido un fuerte ataque de un conocido escritor, Vittorio Messori, convertido y conservador. Hoy es muy importante una Iglesia abierta como la quiere el Papa Francisco.
Félix Jiménez Tutor: La reprimenda navideña. La verdad es una forma de ternura profética y así fue la felicitación navideña del Papa Francisco para el "senado" de la Curia romana.
Marco Antonio Velásquez: Un difícil 2015 espera al Papa Francisco. Se está actualizando en torno al Papa Francisco el conflicto entre el Imperio y la Ley (poder político, económico y religioso de la Curia) y el Imperio de la misericordia.
El Papa de Roma. Sorprende el impacto de Francisco en personas que no se confiesan creyentes como Antonio Gala.
El Papa Francisco es la figura pública más valorada. Una encuesta entre los españoles confirma la extraordinaria opinión que se ganó a pulso.
Los nuevos cardenales. Francisco sigue el camino trazado y paso a paso va cambiando el Colegio cardenalicio.

Más cosas: el nuevo año, el próximo Sínodo, el cambio generacional, lo mejor del buen cine de valores, la vida sigue…
Feliz 2015 con Mafalda. El difícil brindis de fin de año.
Paco Bautista: Algunas preguntas. ¿Qué pasaría si en el 2015 imaginásemos el mundo de otra manera? Podríamos multiplicar infinitamente las preguntas, pero bueno sería que comenzásemos a dar algunas respuestas.
Las reflexiones para el mes de enero 2015, gracias a Lenin V. Cárdenas.
Juan Masiá: El vínculo esponsal como vocación y misión. El matrimonio es un proceso con una meta de unión indisoluble a través de una verificación vivida y convivida que no siempre se logra. La indisolubilidad del matrimonio es un don, y una tarea a construir, no una mera nota jurídica.
Yolanda Chávez: Por los derechos de todos. El nuevo estadounidense es multicultural y racial, plurireligioso y pobre, ilusionado y joven, empático y solidario. Una generación que vive para los demás.
¿Qué está pasando con la comunicación? ¿La tecnología no ayuda? Cada vez tenemos más medios para comunicarnos y ser más humanos, y parece que cada vez lo somos menos. Somos una generación de teléfonos inteligentes y gente tonta.
Peio Sánchez Rodríguez: Las diez mejores películas del cine espiritual en el 2014. Es una excelente y documentada guía para acertar en la elección del cine. Aunque en algún caso no sea fácil encontrar las pelis que recomienda…
Sólo me queda ya presentaros la carta de Agradecimiento que nos escribe Faustino Vilabrille, antes de partir a Guatemala para ayudar por dos meses a la instalación del Agua de la Ponderosa.

Por mi parte, gracias por estar ahí y apoyarnos con la lectura de la web. Un fuerte abrazo digno del momento del año.
Rafael Calvo

PD. Me entero por Religión Digital que el actual obispo de La Rioja, Juan José Onella, un buen obispo de la cuerda del Papa, se espera sea nombrado en febrero para suceder al Cardenal Sistach en Barcelona.
 
Las cartas de novedades –actual y pasadas- cambiaron de sitio en la web, ya lo habréis notado.



2014-12-21

LOS RELATOS DE LA INFANCIA DE JESÚS: ¿TEOLOGÍA O HISTORIA? (Boff, 1980)

LOS RELATOS DE LA INFANCIA DE JESÚS:
¿TEOLOGIA O HISTORIA?

Leonardo BOFF
(De “Jesucristo Liberador”, capítulo 9, Sal Terrae 1980, pp. 169-187





Cuanto más se medita sobre Jesús, más se descubre el misterio que se escondía tras su vida humilde y más lejos en el tiempo se localizan sus orígenes. Cuando Lucas y Mateo redactan sus respectivos evangelios, hacia los años 75-85, se recogen las reflexiones que se habían hecho en las diversas comunidades. Para todos era evidente que Jesús había sido constituido por Dios como Mesías, Salvador, Hijo de Dios e incluso Dios mismo en forma humana. A partir de esta fe se interpretaron los hechos relativos al nacimiento y a la infancia de Jesús. Por detrás de esos relatos late un trabajo teológico muy profundo e intenso, fruto de un esfuerzo por descifrar el misterio de Jesús y anunciarlos a los fieles de los años 75-85 d. C. Las escenas familiares de Navidad, descritas por Lucas y Mateo, pretenden ser proclamaciones de la fe acerca de Jesús Salvador, más que relatos neutros acerca de su historia.


El proceso cristológico, tal como lo hemos desarrollado en el anterior capítulo, nos ha permitido comprender cómo surgieron los títulos y nombres atribuidos a Jesús. Por detrás de cada uno de los títulos (Cristo, Hijo del Hombre, Hijo de Dios, etc.) subyace una prolongada reflexión teológica que puede llegar a equipararse incluso a la sofisticación de la teología rabínica más refinada. Es esto lo que veremos en los relatos de la infancia de Jesús (1).
En el común sentir de los cristianos, los relatos del nacimiento de Jesús y la celebración de la Navidad constituyen una fiesta para el corazón. La fe se hace sentimiento, con lo cual alcanza a lo más profundo e íntimo de la personalidad humana, haciendo vibrar, alegrarse y saborear la vida como sentido. En el establo, ante el pesebre, con el Niño entre el buey y el asno, la Virgen y el buen José, los pastores y las ovejas, la estrella, las artes y las profesiones, la naturaleza, las montañas, las aguas, el universo de las cosas y de los seres humanos, todo sé congracia y se reconcilia ente el Recién Nacido. El día de Navidad todos nos hacemos pequeños y permitimos que, una vez al menos, el pequeño príncipe que anida en cada uno de nosotros hable el lenguaje inocente de los niños que se extasían ante el árbol navideño, las velas encendidas y las bolas de cristal. El ser humano se sumerge en el mundo de la infancia, del mito, del símbolo y de la poesía que es propiamente la vida, pero que los intereses, los negocios y la preocupación por la supervivencia pretenden ahogar, impidiendo la vivencia del eterno niño adulto que cada uno de nosotros sigue siendo.
Todos estos son valores que hay que defender y alimentar. Pero, para que sigan siendo valores cristianos han de estar en conexión con la fe. De lo contrario, el sentimiento y la atmósfera de la Navidad se transforman en un sentimentalismo que la máquina comercial de la producción y el consumo se encarga de explotar. La fe se relaciona con la historia y con Dios, que se revela dentro de la historia. Entonces, ¿qué fue lo que realmente ocurrió en la Navidad? ¿Será cierto que se aparecieron los ángeles en los campos de Belén? ¿Acudieron de verdad unos reyes de Oriente? No deja de ser curioso el imaginar una estrella errante que primero se dirige a Jerusalén y después a Belén, donde estaba el Niño. ¿Por qué no se dirigió directamente a Belén, sino que primero tuvo que brillar sobre Jerusalén, atemorizando a la ciudad entera y al rey Herodes, hasta el punto de obligar a éste a decretar la muerte de niños inocentes? ¿En qué‚ medida es todo esto fábula o realidad? ¿Cuál es el mensaje que pretendieron transmitir Lucas y Mateo con la historia de la infancia de Jesús? ¿Se trata de un interés histórico, o tal vez, mediante la amplificación edificante y embellecedora de un acontecimiento real, intentan comunicar una verdad más profunda acerca de ese Niño que más tarde, con la Resurrección, iba a manifestarse como el Liberador de la condición humana y como la gran esperanza de vida humana y eterna para todos los seres humanos?
Incluso para quien conozca los procedimientos literarios usados en las Escrituras, y para el historiador de la época de Jesús, los relatos de la Navidad no dejan de plantear problemas. Por detrás de la cándida simplicidad y el lirismo de algunas escenas, se esconde una teología sofisticada y pensada hasta en sus más íntimos detalles. Tales textos no son los más antiguos de los evangelios, sino los más recientes, elaborados cuando ya existía toda una reflexión teológica acerca de Jesús y acerca del significado de su muerte y resurrección; cuando ya estaban ordenados por escrito los relatos de su pasión, las parábolas, los milagros y los principales dichos de Jesús; cuando ya se habían establecido los principales títulos, como el de Hijo de David, Mesías, Cristo, nuevo Moisés, Hijo de Dios, etc., con los que se intentaba descifrar el misterio de la humanidad de Jesús. Al final de todo apareció el comienzo: la infancia de Jesús, pensada y escrita a la luz de la teología y de la fe suscitada en torno a su vida, muerte y resurrección. Es precisamente aquí donde hay que situar el lugar de comprensión de los relatos de la infancia, tal como son narrados por Mateo y por Lucas.


1. La fe que intenta comprender
La fe no exime ni dispensa de la razón. La fe, para ser verdadera, debe intentar comprender, no para abolir el misterio, sino para vislumbrar sus auténticas dimensiones y cantar, asombrada, la graciosa lógica de Dios. La fe profesaba que Jesús es el Salvador, el Mesías, el Sentido de todo (Logos), el profeta anunciado en otro tiempo (Dt 18, 15-22), el nuevo Moisés que había de liberar a los seres humanos en un definitivo‚ éxodo de todas las ambigüedades de la condición humana.
He aquí, sin embargo, que en seguida surgió una pregunta sumamente preocupante para los apóstoles: ¿en qué momento de su vida fue Jesús instituido por Dios como Salvador, Mesías e Hijo de Dios? (2) La predicación más antigua responde: en la muerte y la resurrección (cf. 1 Cor 15, 3-8; Hech 10, 34-43). Marcos, que escribió su evangelio hacia los años 67-69, afirma que, mediante el bautismo de Juan, Jesús fue ungido por el Espíritu Santo y fue proclamado Mesías y Liberador. Realmente, el evangelio de Marcos no contiene ningún relato de la infancia de Cristo, sino que se inicia con la predicación precursora de Juan el Bautista y con el bautismo de Jesús.
Mateo, que elaboró su evangelio en torno a los años 80-85, responde: Jesús es, desde su nacimiento, el Mesías esperado; más aún: toda la historia de la salvación, desde Abraham, estuvo encaminada hacia él (cf. la genealogía de Cristo, Mt 1,1-17).
Lucas que escribió su evangelio por el mismo tiempo que Mateo, da un paso adelante y dice que desde la Navidad, en la gruta de Belén, Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios. Pero no fue sólo la historia de Israel, desde Abraham, la que estuvo orientada a su nacimiento en la gruta, sino toda la historia humana, desde Adán (Lc 3, 38).
Viene por último San Juan, hacia el año 100, heredero de una larga y profunda meditación sobre la identidad de Jesús, y responde: Jesús era el Hijo de Dios antes incluso de nacer, en su preexistencia junto a Dios, mucho antes de la creación del mundo, porque «en el principio existía la Palabra... Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1, 1-14).
Como es evidente, cuanto más se medita sobre Jesús, más se descubre su misterio y más lejos en el tiempo se localizan sus orígenes. Todo este proceso es fruto del amor. Cuando se ama a una persona, se intenta saberlo todo acerca de ella: su vida, sus intereses, su infancia, su familia, sus antepasados, su procedencia geográfica, etc. El amor ve más lejos y más profundamente que el frío raciocinio. La Resurrección reveló las verdaderas dimensiones de la figura de Jesús: Jesús interesa no sólo a los judíos (Abraham), ni sólo a la humanidad entera (Adán), sino incluso al cosmos, porque «sin él no se hizo nada de cuanto existe» (Jn 1, 3). A partir de la luz adquirida con el resplandor de la Resurrección, los Apóstoles comienzan a releer toda la vida de Cristo, a reinterpretar sus palabras, a relatar sus milagros y a descubrir en determinados hechos de su nacimiento (hechos bien sencillos en sí mismos) la presencia latente del Mesías - Salvador, patentemente revelado tan sólo después de la Resurrección. A esa misma luz fueron adquiriendo nueva claridad muchos de los pasajes del Antiguo Testamento considerados como proféticos, que ahora se amplían y se explican en función de la fe en Jesús, Hijo de Dios. Por eso, el sentido teológico de los relatos de la infancia no reside tanto en narrar hechos acaecidos con ocasión del nacimiento de Jesús, sino, mediante el ropaje de narraciones plásticas y teológicas, en anunciar a los oyentes de los años 80-90 d. C. quién es y que significa Jesús de Nazaret para la comunidad de los fieles. Por consiguiente, debe buscarse menos la historia que el mensaje de la fe.
Entre los hechos históricos contenidos en los relatos de la Navidad, la exégesis crítica católica (3) enumera los siguientes: 1. Los esponsales de María y José (Mt 1, 18; Lc 1, 27; 2, 5). 2. La descendencia davídica de Jesús (Mt 1, 1; Lc 1, 32) a través de la descendencia de José‚ (Mt 1, 16, 20; Lc 1, 27; 2, 4). 3. El nombre de Jesús (Mt 1, 21; Lc 1, 31). 4. El nacimiento de Jesús de la Virgen María (Mt 1,21,23,25; Lc 1,31; 2,6-7). 5. Nazaret como lugar de residencia de Jesús (Mt 2, 23; Lc 2, 39). Más adelante veremos cómo Mateo y Lucas elaboraron literaria y teológicamente estos datos para, con ellos y a través de ellos, anunciar, cada uno a su modo, un mensaje de salvación y de alegría para los seres humanos: que en ese niño, «envuelto en pañales y acostado en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 7), se escondía el secreto sentido de la historia desde la creación del primer ser, y que en él se habían hecho realidad todas las profecías y esperanzas humanas de liberación y de plenitud total en Dios.


2. Mateo y Lucas: Jesús es el punto Omega de la historia, el Mesías, el Hijo esperado de David, el Hijo de Dios
La Resurrección demostró que, con Cristo, la historia había llegado a su punto Omega, porque la muerte había sido vencida y el hombre había sido totalmente realizado e inserto en la esfera divina. Por eso, él es el Mesías y, como tal, perteneciente a la estirpe real de David. Mediante sus respectivas genealogía de Jesús, tanto Mateo (1, 1-17) como Lucas (3, 23-38) pretenden aportar la prueba de que fue realmente Jesús, y no otro, quien apareció en el momento en que la historia llegó a su punto Omega; que es Jesús quien ocupa aquel preciso lugar, dentro de la genealogía davídica, que corresponde al Mesías; y que él se inserta en esta genealogía de tal forma que se hace realidad la profecía de Isaías (7,14) de que había de nacer de una virgen, recibiendo el nombre (y con ello su inserción en la genealogía) de su padre adoptivo José.

Según el apócrifo libro IV de Esdras (14, 11-12), el Mesías, Salvador de todos los seres humanos desde Adán, era esperado al final de la 11ª. semana del mundo. Once semanas del mundo son 77 días del mundo. Lucas construye la genealogía de Jesús desde Adán, mostrando que apareció en la historia cuando se habían completado los 77 días del mundo, cada uno de los cuales perteneciente a un antepasado de Jesús. Por eso la genealogía de Jesús, desde Adán hasta José, contiene 77 antepasados.
La historia llegó a su punto Omega en el momento en que Jesús nació en Belén. Que esa genealogía está construida de un modo artificial es algo que puede percibirse si se compara con la de Mateo Además, se detectan prolongados espacios vacíos entre una generación y otra.
Mateo utiliza un procedimiento semejante para demostrar que Jesús es Hijo de David y, consiguientemente, el Mesías esperado. Si sustituimos las consonantes del nombre de DaViD (las vocales no cuentan en hebreo) por sus respectivos números, nos da el número 14 (D=4, V=6, D=4, total: 14). Mateo construye la genealogía de Jesús de forma que, como ‚l mismo dice expresamente (Mt 1, 17), el resultado sea: 3 veces 14 generaciones. El número 14 es el doble de 7, cifra que simboliza en la Biblia la plenitud del plan de Dios o la totalidad de la historia. Las 14 generaciones desde Abraham hasta David constituyen el primer vértice de la historia judía; las 14 siguientes generaciones desde David hasta la deportación a Babilonia revelan el punto más bajo de la historia sagrada; y las restantes 14 generaciones desde el cautiverio babilónico hasta Cristo patentizan el último y definitivo vértice de la historia de la salvación, que jamás conocerá el ocaso, porque es ahí donde surgió el Mesías. A diferencia de Lucas, Mateo incluye en la genealogía de Jesús a 4 mujeres, todas ellas de mala reputación: dos prostitutas, Tamar (Gn 38, 1-30) y Rajab (Jos 2; 6, 17, 22ss); una adultera, Betsabé, la mujer de Urías (2 Sam 11, 3; 1 Cor. 3, 5) y una moabita pagana, Rut (Rut 1, 4). Con ello pretende Mateo insinuar que Cristo asumió tanto los puntos altos como los puntos bajos de la historia y tomó también sobre si las ignominias humanas Cristo es el último miembro de la genealogía, precisamente donde la historia llega a su punto Omega, completando 3 veces 14 generaciones. Por tanto, sólo él puede ser el Mesías prometido y esperado.


3. José y la concepción virginal en Mateo: una acotación a la genealogía
En su genealogía de Jesús, Mateo desea probar que Cristo desciende realmente de David. Pero, de hecho, no consigue probarlo porque, en el momento decisivo, en lugar de decir que Jacob engendró a José‚ y éste a Jesús, interrumpe la sucesión y afirma: «Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo» (1, 16). Según la jurisprudencia judía, la mujer no cuenta en la determinación genealógica. Consiguientemente, a través de María no puede Cristo insertarse en la casa de David. Sin embargo, para Mateo es evidente que Jesús es hijo de María y del Espíritu Santo (1,18). Y entonces surge un problema: ¿Cómo insertar a Jesús, a través del árbol genealógico masculino, dentro de la genealogía davídica si no tiene un padre humano? Para resolver el problema, Mateo hace una especie de acotación o glosa (explicación de una dificultad) y narra la concepción y el origen de Jesús (1, 18-25). Su intención no consiste en narrar la concepción de Jesús, ni en describir, como hace Lucas, el nacimiento de Jesús. El centro del relato lo constituye San José, el cual, al conocer el estado de María, pretende abandonarla en secreto. El sentido del relato de Mt 1, 18-25 consiste en resolver el problema que se ha originado; y el esclarecimiento lo tenemos en el versículo 25: José‚ pone al niño el nombre de Jesús. José‚, descendiente de David y esposo legal de María, al imponer el nombre a Jesús se convierte legalmente en su padre, con lo cual lo inserta en su genealogía davídica. De este modo, Jesús es hijo de David a través de José, y es también el Mesías. Así se cumple igualmente la profecía de Isaías (7, 14) de que el Mesías nacería de una virgen, y el plan de Dios se realiza de modo pleno.


4. ¿Quiso Lucas contar la concepción virginal de Jesús?
La anunciación y el nacimiento de Cristo los relata el evangelista Lucas. Lucas es considerado por la tradición como el evangelista 'pintor'. Verdaderamente, en los capítulos 1-2 pinta un auténtico díptico. El díptico es un retablo propio de la época medieval, con dos semiventanas o alas en las que hay unas pinturas que se corresponden simétricamente. Así, Lucas 1-2 pinta la infancia de Juan el Bautista en perfecto paralelo con la infancia de Jesús. De un modo semejante procederá más tarde Mateo al trazar un paralelo entre Moisés y Jesús. Sin embargo, en cada uno de los puntos paralelos trata de mostrar Lucas que Cristo es superior a Juan el Bautista. Así, hay una perfecta correspondencia entre el anuncio del nacimiento de Juan por el ángel Gabriel (Lc 1, 5-25) y el anuncio del nacimiento de Jesús (1, 26-56); en ambos casos se producen signos milagrosos al nacer el niño, al circuncidarlo y al imponerle el nombre (1, 57-66; 2, 1-21); en ambos casos se anuncia el significado salvífico de uno y otro: el de Juan, en la profecía de Zacarías (1, 67-79); el de Jesús, en las respectivas profecías de Simeón (2, 25-35) y de Ana (2, 36-38). En ambos casos se hace también referencia al crecimiento de los dos niños (1, 80; 2, 52).
Pero en todas las escenas se pone de manifiesto que el ciclo de Jesús supera siempre el ciclo de Juan: al anunciar la concepción de Juan (1, 11ss), el ángel Gabriel no pronuncia ningún saludo, mientras que saluda gentilmente a María (1, 28). A Zacarías le dice el ángel: «Tu petición ha sido escuchada» (1, 13), mientras que a María le hace ver reverentemente: «Has hallado gracia delante de Dios» (1, 30). En la escena de la visitación de María a Isabel, el saludo de María hace que el niño salte de gozo en el seno materno de Isabel, la cual queda llena del Espíritu Santo (1, 41). Jesús, por el contrario, es el portador del Espíritu Santo, porque en éste y en la Virgen tiene su origen. Juan el Bautista se manifiesta en el desierto (1, 80), mientras que Cristo lo hace en el Templo (2, 41-50).
Estos procedimientos literarios, destinados a hacer resaltar la función salvífica de Cristo, son utilizados de un modo aún más refinado al narrar el anuncio de la concepción de Cristo (1, 26-38), que se produjo en el sexto mes de gestación de Juan el Bautista. Ahora bien, seis meses de treinta días son 180 días; los nueve meses desde la concepción de Jesús hasta su nacimiento son 270 días; desde el nacimiento hasta la presentación en el Templo suman 40 días. La suma total da 490 días, es decir, 70 semanas. Y ¿qué significan 70 semanas para los lectores del Nuevo Testamento? Según Daniel (9, 24), el Mesías había de venir a liberar al pueblo de sus pecados y a traer la justicia eterna cuando hubieran transcurrido 70 semanas de años. Con esto pretende Lucas insinuar que la profecía de Daniel se había cumplido, y que únicamente Jesús es el Mesías esperado. Las mismas palabras de la anunciación pronunciadas por el ángel, la reacción de María y el saludo de Gabriel está todo ello formulado en estrecha vinculación con semejantes o idénticas palabras pronunciadas en situaciones parecidas del Antiguo Testamento (Lc 1, 42; Jdt 13, 18 Lc 1, 28, 30-33; Sof3, 14-17.Lc 1,28; Gn26,3,28;28, 15; Ex 3,12; 1Sam 3, 19, 1 Re 1, 37, etc.). La concepción de Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo no pretende tanto explicar el proceso biológico de la concepción (para Lucas es indiscutible que Jesús nació de la Virgen como tal virgen), cuanto relacionar a Jesús - Salvador con otras figuras liberadoras del Antiguo Testamento que, por la fuerza del Espíritu Santo, fueron instituidas en su función (1 Sam 10, 6 s; 16, 13 s.; Jue 3, 10; 6, 34; 11, 29; 13, 25; 1 Re 19, 19; 2 Re 2, 8-15; etc.). Podemos percibir aquí la diferencia de perspectiva entre la catequesis tradicional y el punto de vista de Lucas y de Mateo. La catequesis tradicional acentuaba ante todo la virginidad de Nuestra Señora, el hecho de la virginidad física y perpetua de María, «antes del parto, en el parto y después del parto». Para los relatos evangélicos, la virginidad personal de María es algo secundario. Más importante resulta la concepción virginal de Jesús. Como perfectamente lo ha expresado don Paulo Eduardo Andrade Ponte, «la preocupación de los evangelistas consistía en destacar no el carácter virginal, sino el carácter sobrenatural, divino, de esa concepción. Para ellos, la concepción de Jesús fue virginal para que pudiera ser sobrenatural, y no sobrenatural para que pudiera ser virginal. Fue virginal para que Dios pudiera ser su causa no sólo primera, sino principal; para que Dios pudiera ser su autor directo... Cuando se oyen ciertos sermones o se leen determinados libros de Espiritualidad, se obtiene la impresión de que la concepción de Jesús fue sobrenatural y milagrosa al objeto de preservar la virginidad de su madre. Habría sido, por tanto, una concepción sobrenatural con el fin de que pudiera ser virginal, y no al revés. Y esto ha sido inspirado por una conceptuación moralizante y maniqueísta de la virginidad en el cristianismo» (4).

Pero es muy distinta la perspectiva de los evangelios, porque para ellos es Cristo quien está en el centro, y la virginidad de María está en función de él. Por eso, el Nuevo Testamento prefiere llamar a María la Madre de Jesús (Jn 2, 1, 3, 12; 19, 25-26; Hech 1, 14), en lugar de la Virgen, que aparece dos únicas veces en los textos neotestamentarios (Lc 1, 27; Mt 1, 23), y ello para poner de relieve su maternidad por obra del Espíritu Santo. La concepción misma de Jesús es descrita del mismo modo que la manifestación de la gloria de Dios en el tabernáculo de la alianza (Ex 40, 34 ó Lc 1, 35). Por la fuerza del Espíritu nace un ser, de tal forma penetrado por ese mismo Espíritu, que sólo de Él recibe su existencia. Cristo es la nueva creación de aquel mismo Espíritu que creó el viejo mundo. Este es el profundo sentido teológico que Lucas pretende transmitir con la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo, y no el describir un fenómeno milagroso en el orden biológico, aun cuando esto se suponga y sirva de motivo de reflexión teológica


5. ¿Dónde habría nacido Jesús: en Belén o en Nazaret?
Esta labor teológica que hemos detectado hasta ahora se produce también a la hora de narrar el nacimiento de Jesús en Belén. El nacimiento en si está narrado sin el menor tono romántico, pero su frío y severo estilo le confiere una gran profundidad: «Y sucedió que, mientras ellos estaban allí (en Belén), se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2, 6-7). Este hecho tan normal, que podría haberle sucedido a cualquier madre, es releído, debido a la Resurrección, dentro de un contenido teológico. Si se ha revelado como Mesías e hijo de David por parte de su padre legal José, entonces también debe verificarse en él la otra profecía que dice: de Belén «ha de salir aquél que ha de dominar en Israel» (Miq 5, 1; 1 Sam 16,1 ss), el Mesías; y no de Nazaret, la patria de Jesús, un lugar tan insignificante que no es citado una sola vez en todo el Antiguo Testamento. Lucas no pretende hacer resaltar de modo especial el lugar geográfico, sino hacer una reflexión teológica sobre Belén y su significación mesiánica para dejar bien claro que Jesús es el Mesías.
Probablemente, la patria de Jesús históricamente haya sido Nazaret, lugar teológicamente irrelevante. Para hacer que Jesús nazca en Belén, Lucas crea una situación en la que la Sagrada Familia se ve obligada a marchar de Nazaret a Belén Y para alcanzar este objetivo teológico, Lucas refiere que Cesar Augusto había decretado la realización de un censo de todo el mundo, y que dicho censo se efectuó en Palestina siendo Cirino gobernador de Siria (provincia a la que pertenecía Palestina). Sabemos, sin embargo, que ese censo no se realizó, históricamente, hasta el año 6 d. C., como el propio Lucas lo refiere en el libro de los Hechos (5, 37), dando origen a un grupo de guerrilleros terroristas, los Zelotes, que, comandados por Judas el Galileo, manifestaron su protesta contra tal medida. Lucas utiliza ese hecho histórico, retrotrayéndolo en el tiempo, para, por una parte, motivar el viaje de María y José desde Nazaret a Belén (haciendo que, por motivos teológicos, nazca allí Jesús) y, por otra, insinuar que el acontecimiento - Jesús interesa no solo a Israel, sino a todos los seres humanos, como «luz que ilumina a las naciones» (Lc 2, 32). Las referencias a la historia profana con ocasión del nacimiento de Cristo y el comienzo de la predicación de Juan, no pretenden tanto situar históricamente los hechos cuanto poner de relieve la estrecha vinculación existente entre la historia sagrada y la historia profana universal en la que Dios, a través de Jesucristo, realiza la salvación.


6. ¿Quiénes son los pastores de los campos de Belén?
Si el relato del nacimiento de Cristo, debido a su sencillez, revela muy poco acerca del misterio inefable que estaba produciéndose en la historia del mundo, el relato de la aparición de los ángeles en los campos de Belén proclama con toda claridad dicho misterio. Un ángel del Señor (en este caso son legiones) proclama, como suele suceder en la Biblia, el significado secreto y profundo del acontecimiento: «Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor» (Lc 2, 10-11) Los ángeles proclaman el significado de aquella noche: el cielo y la tierra se reconcilian porque Dios da la paz y la salvación a todos los seres humanos. Lo que se narra en Lc 2, 8-20, por su origen, no, pretende transmitir un hecho acaecido a los pastores de Belén. Los pastores son, desde el punto de vista teológico, los representantes de los pobres, a los cuales fue anunciada la buena nueva y para los cuales fue enviado Jesús (Lc 4, 18) Aquí no hay el menor rastro de una especie de romanticismo bucólico. Los pastores constituían una clase despreciada, y su profesión hacia a las personas impuras ante la ley (5). Pertenecían a la clase de los que no conocían la ley, como decían los fariseos Ahora bien, Cristo -y esto es algo que Lucas deja traslucir varias veces en su evangelio- fue enviado precisamente a esos seres marginados social y religiosamente A ellos les es comunicado en primer lugar el mensaje alegre de la liberación Pero es muy probable que ese mensaje no les fuera proclamado a los pastores de los campos de Belén, sino que va dirigido a los lectores de San Lucas (80-85 d. C.) para explicarles que aquél en quien creen es el verdadero liberador. Para quienes poseen los ojos de la fe, la debilidad de aquel frágil niño envuelto en pañales encierra un misterio que, una vez desvelado, constituye una alegría para todo el pueblo: es Él, el Esperado, el Señor del cosmos y de la historia (Lc 2, 11).


7. San Mateo: Jesús es el nuevo Moisés y el liberador definitivo
San Mateo refiere otros cuatro episodios vinculados a la infancia de Cristo: la venida de los reyes magos siguiendo a una estrella de Oriente, la huida de la Sagrada Familia a Egipto, la matanza de los santos inocentes decretada por Herodes y el regreso de la Sagrada Familia de Egipto a Nazaret (Mt 2) ¿Nos hallamos ante unos hechos históricos o ante una reflexión teológica al estilo de los midrashim (historización de un pasaje de la Sagrada Escritura o amplificación y embellecimiento de un hecho con el fin de hacer resaltar su mensaje) destinada a expresar la fe acerca de Jesús? Esta última posibilidad se desprende nítidamente de los propios textos.

a) ¿Qué significan los reyes magos y la estrella?

Como ya hemos visto, para San Mateo Cristo es el Mesías que hizo su aparición al llegar la plenitud de los tiempos, cumpliendo todas las profecías pronunciadas con respecto a él. Una de estas profecías hacía referencia al hecho de que, al final de los tiempos, acudirían a Jerusalén los reyes y las naciones para adorar a Dios y al Mesías y ofrecerle dones (Is 60, 6; Sal 72, 10 s.). Por eso los Magos van a Jerusalén (Mt 2, 1 s.) antes de llegar a Belén. Siguen a una estrella del Oriente (Mt 2, 2) llamada estrella del rey de Judá. La estrella es un motivo muy frecuente en la época del Nuevo Testamento. Cada cual posee su estrella, pero especialmente los grandes y los poderosos, como Alejandro Magno, Mitrídates, Augusto, o los sabios y filósofos como Platón El judaísmo también saben de la estrella del libertador mesiánico, como aparece en la profecía de Balaam (Núm 24, 17). Con ocasión del nacimiento de Abraham de Isaac, de Jacob y, especialmente, de Moisés, aparece una estrella en el cielo. Y esta sigue siendo la creencia judía en la época del Nuevo Testamento.
A esto hay que añadir un hecho histórico: desde los tiempos de J. Kepler, los cálculos astronómicos han demostrado que en el año 7 a C tuvo lugar realmente una gran conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Este fenómeno no debió de pasar inadvertido, ya que en aquella época estaba muy en boga la creencia en las estrellas Para la astronomía helenista, Júpiter era el rey soberano del universo. Saturno era el astro de los judíos. La constelación de Piscis guardaba relación con el fin del mundo. Al producirse la conjunción de estos astros, los sabios de Oriente, magos que descifraban el curso de las estrellas, hicieron lógicamente la siguiente interpretación: En el país de los judíos (Saturno) había nacido un rey soberano (Júpiter) del fin de los tiempos (Piscis) (6). Consiguientemente, se ponen en marcha y, de este modo, se cumplen para Mateo las profecías acerca del Mesías Jesucristo. Ciertos textos del Antiguo Testamento y un determinado fenómeno astronómico habrían motivado, pues, la intención del relato de Mateo de anunciar la fe de la Iglesia en Jesús como Mesías escatológico.

b) Al igual que el primer liberador (Moisés), así también el último (Jesucristo)

Del mismo modo que Lucas traza un paralelismo entre la infancia de Jesús y la de Juan el Bautista, Mateo esboza un paralelismo análogo entre la infancia de Jesús y la de Moisés (7).
Era creencia normal en la época del Nuevo Testamento que el Mesías liberador de los últimos tiempos habría de ser también el nuevo Moisés que, al igual que éste, realizaría asimismo señales y prodigios. Se decía incluso: «Al igual que el primer liberador (Moisés), así también el último (el Mesías)». Sabemos que Mateo presenta en su evangelio a Cristo como al nuevo Moisés que, a semejanza del primero, promulgó también una nueva ley en lo alto de un monte (el Sermón de la Montaña). El midrash judío de Moisés refiere -en un paralelismo casi perfecto con Jesús- lo siguiente: El faraón se entera del nacimiento del libertador (Moisés) a través de unos magos (de un modo parecido a como Herodes se entera por los magos de la existencia del Libertador definitivo, Jesús) El faraón y todo el pueblo de Egipto se llenan de temor (Herodes y Jerusalén entera se intranquilizan--Mt 2,3) Tanto el faraón como Herodes deciden la matanza de criaturas inocentes. Al igual que Moisés, también Jesús escapa a la masacre. El padre de Moisés se entera, a través de un sueño, que su hijo será el futuro salvador (José, también por un sueño, sabe que Jesús ha de ser el salvador: «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» Mt 1, 21). El paralelismo salta a la vista y es completado por otro texto de Ex 4, 19-20: Tras la muerte del faraón «Yahvéh dijo a Moisés en Madián: 'Anda, vuelve a Egipto, pues han muerto todos los que buscaban tu muerte'. Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y, montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto». Mt 2, 19-21 dice prácticamente lo mismo: Tras la muerte de Herodes, Dios habla a José por medio del ángel: «'Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y marcha a tierra de Israel, pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño'. Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel». El destino del nuevo Moisés (Jesús) repite el destino del primer Moisés. Del mismo modo que sucedió con el primer liberador, así también sucede con el último. Jesús niño es realmente el Mesías-Liberador esperado y el profeta escatológico. La huida a Egipto y la matanza de los inocentes de Belén no tienen por qué haber sido necesariamente hechos históricos (8). Sirven únicamente para establecer un paralelismo con el destino de Moisés Las fuentes de la época, especialmente Flavio Josefo, que informa con bastante minuciosidad acerca de Herodes, no hablan de semejante matanza. También es verdad que, aunque no pueda ser probada históricamente (ni tiene por qué serlo, puesto que en el relato de Mateo posee la función de reflexión teológica), pudo haberse producido, pues sabemos que Herodes era extremadamente cruel: diezmó a su propia familia, hasta el punto de que el historiador del siglo V Macrobio (Saturnal 2, 4, 11) refiere el juego de palabras que solía hacer Cesar Augusto: Prefiero ser el puerco (hys) de Herodes a ser su hijo (hyós).
Mateo 1-2 nos presenta en una perspectiva post-pascual, como en un prólogo, los grandes temas de su evangelio: Ese Jesús de Nazaret es el único y verdadero Mesías, hijo de Abraham, descendiente de la casa real mesiánica de David, el nuevo Moisés que ahora, en el momento culminante de la historia y en su final, conducirá al pueblo del éxodo de Egipto hacia la patria definitiva.


8. Conclusión
La Navidad: ayer y hoy, la misma verdad.
Cualquier lector no suficientemente informado acerca de los procedimientos exegéticos elementales con los que trabaja hoy la exégesis católica podría, al término de este capítulo, quedar escandalizado: Entonces, ¿todo es un cuento? ¿Nos han engañado los evangelistas? No. Los relatos de la Navidad no son ningún cuento, ni hemos sido engañados. Lo que ocurre es que nos equivocamos cuando pretendemos abordar los evangelios desde una perspectiva que no fue la que pretendieron sus autores, cuando queremos hallar respuesta a unas preguntas que ellos no se plantearon ni tuvieron intención de plantear.
Los evangelios, especialmente el evangelio de la infancia de Jesús, no son un librito de historia. Son un anuncio y una predicación en los que se asumieron, se elaboraron y fueron puestos al servicio de una verdad de fe que sus autores desean proclamar, determinados hechos reales, determinados dichos de la Sagrada Escritura y determinados comentarios midráshicos de la época. Por eso el Magisterio oficial de la Iglesia recomienda al estudioso de la Escritura que para comprender lo que Dios quiso comunicarnos, debe investigar con atención qué es lo que pretendieron realmente los autores sagrados y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos... «para lo cual ha de atender, entre otras cosas, a los 'géneros literarios'» (Dei Verbum, nº 12).
En la época neotestamentaria un género literario muy corriente es el midrash hagádico que, como ya hemos dicho, consiste en tomar un hecho o un dicho escriturístico, elaborarlo y embellecerlo al objeto de subrayar y proclamar de forma inequívoca una verdad de fe. Esto es lo que sucedió con los relatos de la infancia, donde hay unos hechos reales a los que se ha revestido de una forma teológica, en un lenguaje que a nosotros nos resulta hoy casi incomprensible. Pero es dentro de este género literario donde se esconde el mensaje que debemos desentrañar, retener y proclamar de nuevo con nuestro propio lenguaje actual: que ese frágil niño no era un Juan cualquiera, ni un don-nadie, sino el mismísimo Dios hecho condición humana, que de tal modo amó la materia que quiso asumirla, y de tal modo amó a los seres humanos que quiso ser uno de ellos a fin de liberarnos, que se humanizó al objeto de divinizarnos. Con él, el proceso evolutivo psico-social alcanzó una cúspide determinante para el resto de su camino hacia Dios, porque en él ya se había hecho presente el final y había sido alcanzada la meta dentro del tiempo.
Este es el mensaje fundamental que pretenden transmitirnos los relatos de la infancia, a fin de que, aceptándolo, tengamos esperanza y alegría: ya no estamos solos en nuestra inmensa soledad y en nuestra búsqueda de unidad, integración, solidaridad y reconciliación de todo con todas las cosas. Él está en medio de nosotros, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros: «Nos ha nacido hoy un Libertador, que es el Cristo Señor» (Lc 2, 11). Quien quisiere salvaguardar a toda costa la historicidad de cada una de las escenas de los relatos navideños, acabará perdiendo de vista el mensaje que pretendieron transmitir sus autores inspirados y, en definitiva, se situará fuera de la atmósfera evangélica creada por Lucas y Mateo; una atmósfera en la que la preocupación no la constituye el saber si existió o no la estrella de los reyes magos, o si se aparecieron o no los ángeles en Belén, sino el conocer el significado religioso del Niño, que está ahí para ser recibido por nosotros no en un frío establo, sino en el calor de nuestros corazones llenos de fe.

Pero ¿qué podemos hacer con los mitos, una vez desmitologizados? Están ahí, y siguen estando siempre representados en el pesebre, y vividos en el recuerdo de las criaturas, grandes y pequeñas. ¿Han perdido su valor? Si han perdido su valor histórico-factual, tal vez comiencen ahora a adquirir su verdadero significado religioso-antropológico. ¿Podemos hablar de los misterios profundos del Dios que se encarna, del insondable misterio de la propia existencia humana, del bien y del mal, de la salvación y la perdición, sin tener que recurrir a leyendas, mitos y símbolos? El estructuralismo lo vio con toda claridad; pero la teología ha sabido desde siempre que el mito, el símbolo y la analogía constituyen lo específico del lenguaje religioso, porque acerca de las realidades profundas de la vida, del bien y del mal, de la alegría y la tristeza, del ser humano y del Absoluto, únicamente somos capaces de balbucir y hacer uso de un lenguaje figurado y representativo Sin embargo, ese lenguaje es más envolvente que el frío concepto. Al carecer de límites fijos y determinados, es mucho más sugerente de lo transcendente y lo inefable que cualquier otro lenguaje científico o del método historicista. Por eso es bueno que sigamos hablando del Niño, del buey y el asno, de los pastores y las ovejas, de la estrella y de los magos, del rey malo y del buen José, de la Virgen-madre y de los pañales con que envolvió al Niño sobre el lecho de pajas.
Pero hemos de ser conscientes -y esto es vitalmente necesario si no queremos alimentar el magicismo y el sentimentalismo- de que todo eso pertenece al reino del símbolo, y no al reino de la realidad de los hechos escuetos El símbolo es humanamente más real y significativo que la historia fáctica y los datos fríos y objetivos. El mito y la leyenda (decía Guimaraes Rosa, y tenía razón, que en la leyenda todo es verdadero y cierto porque todo es inventado), cuando son concientizados y aceptados como tales por la razón, no alienan, no magifican ni sentimentalizan al ser humano, sino que le hacen sumirse en una realidad en la que comienza a percibir lo que significan la inocencia, la reconciliación, la transparencia divina y humana de las cosas más banales y el sentido desinteresado de la vida, encarnado todo ello en el divino niño aquí, en la Navidad ¿Qué hacer, pues, con los relatos de la Navidad y con el pesebre? Que continúen Pero que sean entendidos y revelen aquello que quieren y deben revelar: que la eterna juventud de Dios penetró este mundo para nunca más dejarlo; que en la noche feliz de su nacimiento nació un sol que ya no ha de conocer ocaso.


Notas:
1. Desde el punto de vista exegético, no pretendemos aportar nada nuevo. Sólo tratamos de reproducir lo que la más seria exégesis católica se permite afirmar hoy. Omitimos toda referencia a la exégesis protestante, aun cuando en el ocaso que nos ocupa haya llegado a las mismas conclusiones que la exégesis católica: J. Riedl, Die Vorgeschichte Jesu, Stuttgart 1968. A. Heising, Gott wird Mensch, eine Einführung in die Aussageab sicht und Darstellungsweise von Mt 1-2; Lk 1-2; 3, 28-38, Trier 1967. R. SCHNACKENBURG, Die Geburt Chrfsti ohne Mythos und Legende, Mainz 1969. A. VOEGTLE, Die Genealogie Mt 1, 2-16 und die matthäische Kindheitsgeschichte, en Biblische Zeitschrift 8(1964)45-58 y 239-262; 9(1965)3249; Id., Das Schicksal des Messiaskindes. Zur Auslegung und Theologie von Mt 21, en Bibel und Leben 6(1965)246-279; Id., Erzahlung oder Wirklichkeit. Die Weihnachtsgeschichte als Frohbotschaft, en Publik n. 51/52, pp. 33-34. H. SCHUERMANN, Aufbau, Eigenart und Geschichtswert der Vorgeschichte von Lk 1-2, en Bibel und Kirche 21(1966)106-111. G. VOSS, Die Christusverkundigung der Kindheits­geschichte im Rahmen des Lukasevangelium, en Bibel und Kirche 21(1966)112-115; Id., Die Christologie der lukanischen Schriften in Grundzugen, Paris-Brujas 1965, pp. 62-83. M. M. BOURKE, The literary genus of Matthew 1-21, en Catholic Biblical Quarterly 22(1960)160-175. R. LAURENTIN, Structure et Théologie de Luc 1-2, Paris 1957. A. M. DENIS, L'adoration des Mages vue par S. Matthieu, en Nouvelle Revue Théologique 82(1960)32-39. J. RACETTE, L'Evangile de l'enfance selon Saint Matthieu, en Sciences Ecclesiastiques 9(1957)77-82. S. MUÑOZ IGLESIAS, EI Evangelio de la infancia de San Mateo, en Estudios Bíblicos 17(l958)234-273. W.TRlLLlNG, Jesús y los problemas de su historicidad, Barcelona 1970, pp. 85-97. J. DANIELOU, Los Evangelios de la infancia, Barcelona 1969. A. LAEPPLE, A mensagem dos Evangelhos hoje, São Paulo 1971, pp. 413-446 (Trad. cast.: El mensaje de los Evangelios hoy, Madrid 1971). U. E. LATTANZI, Il vangelo dell'infanzia e verità o mito?, en De primordiis cultus mariani (Pontificia Academia Mariana Internationalis), vol. IV, Roma 1960, pp. 3146 (se trata de un estudio muy polémico). E. NELLESSEN, Das Kind und seine Mutter, Stuttgart 1969. O. KNOCH, Die Botschaft des Matthausevangeliums uber Empfangnis und Geburt Jesu vor dem Hintergrund der Christusverkundigung des Neuen Testaments, en Zum Thema Jungfrauengeburt, Stuttgart 1970, pp. 37-60. G. LATTKE, Lukas 1 und die Jungfrauengeburt, en Zum Thema Jungfrauengeburt, op. cit., pp. 61-90. E. CYWINSKI, Historicidade do Evangelho da Infancia segundo São Lucas, en Revista de Cultura Biblica, vol. V. cuad. 10/11 (1968)15-29. D. E. BETTENCOURT, Os Magos, Herodes e Jesus, Ibid., pp. 30-42: el autor conoce la exégesis protestante, pero por motivos de prudencia prefiere quedarse con «el punto de vista de la sana exégesis católica contemporánea» (p. 41).
2. C. MESTERS, Origem dos quatro evangelhos: do ‘Evangelho’ aos quatro evangelhos, en Deus, onde estás?, Belo Horizonte 1971, pp. 125-128. A. Heising, Gott wird Mensch (op. cit. en nota 1), p. 26.
3. Cf. J. RIEDL, Die Vorgeschichte Jesu (op. cit. en nota 1), pp. 12-13
4. A concepçâo virginal de Jesus e a mentalidade contemporânea, en Revista Eclesiástica Brasileira 29(1969)38-63 (la cita, es concretamente, de las pp. 39-40). Cf. El excelente libro de K. Susso Frank, R. Kilian, O. Knoch, G. Lattke y K. Ranher, Zum Thema Jungfrauengeburt, Stuttgart 1970.
5. Cf. R. Schnackenburg, Die Geburt Christi onhe Mythos un Legende (op. cit. en nota 1), p. 8.
6. Cf. W. Trilling, Jesús y los problemas de su historicidad (op. cit. en nota 1), pp.88 –89. G. Krol, Auf den Spuren Jesu, Leipzig 1963, p.29.
7. Cf. R. Bloch, Die Gestalt des Moses in der rabinischen Tradition, en Moses, publicado por F. Stier y E. Beck, Düsseldorf 1963, pp. 71-95 y esp. 108-110. A. Voegtle, Das Schicksal des Messiaskindes, en Bibel und Leben 6(1965)267-270. A. Heising, Gott wird Mensch (op. cit. en nota 1), pp. 48-49.
8. Cf. J. Riedl, Die Vorgeschichte Jesu (op. cit. en nota 1), pp. 43-45.


http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/BoffEvangeliosDeLaInfancia.htm

2014-04-08

AcuaDR, SBL, Mt26,14-27,66 Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Servivio Bíblico Latinoamericano
Domingo 13 de abril de 2014 - Ciclo A
Domingo de Ramos
Martín I, papa y mártir (655)

Is 50,4-7: No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado
Salmo responsorial 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Flp 2,6-11:Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo
Mt 26,14−27,66: Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo



De entrada, pedimos disculpas a quienes buscarán aquí un comentario bíblico-litúrgico «normal» -que esperamos podrán encontrar fácilmente en la red-. Esta vez nosotros vamos a tratar de hacer un comentario pensando en aquellas personas que -como también nosotros ante el comentario que teníamos ya redactado- se sienten mal ante ese ámbito de conceptos bíblicos que se repiten y enlazan indefinidamente sin salir de un ambiente en el que muchos de nosotros -que pensamos como personas seculares, de la calle, con las preocupaciones diarias de la vida- nos sentimos incómodos.
En efecto, muchos de nuestros comentarios bíblicos al uso, todo ese conjunto de conceptos e imágenes que se manejan en las homilías, pareciera que se mueven en «otro mundo», un mundo propio de referencias bíblicas intrasistémicas, que funcionan con una lógica particular diferente, y que están de antemano inmunizadas contra toda crítica, porque, en ese ambiente bíblico-litúrgico al que están destinados, en las homilías, los «fieles» deben recibirlo todo sin chistar, sin siquiera preguntar, y, mejor aún, sin espíritu crítico y «con mucha fe». Quienes tenemos una fe más o menos crítica, una fe que no quiere dejar de ser de personas de hoy y de la calle, nos preguntamos: ¿es posible celebrar la semana santa de otra manera? ¿Así como buscamos «otra forma de creer», hay «otra forma de acoger y celebrar la semana santa»?

Veamos. Comencemos preguntándonos: ¿qué sienten, qué sentimos, ante la semana santa, muchas personas creyentes de hoy?
Muchos creyentes adultos (trabajadores, profesionales de las más variadas ramas, y también intelectuales, o simples personas cultas) se sienten mal cuando, en semana santa, por la especial significación de tales días, o por acompañar a la familia -y con el recuerdo de una infancia y juventud tal vez religiosa-, entran en una iglesia, captan el ambiente, y escuchan la predicación. Se sienten de pronto sumergidos de nuevo en aquel mundo de conceptos, símbolos, referencias bíblicas... que elaboran un mensaje sobre la base de una creencia central que fuera del templo uno nunca se encuentra en ningún otro dominio de la vida: la «Redención». Estamos en semana santa, y lo que celebramos -así perciben en el templo- es el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido desde que el mundo es mundo: la «Redención»... El «hombre» fue creado por Dios (sólo en segundo término la mujer, según la Biblia), pero ésta, la mujer, convenció al varón para que comieran juntos una fruta prohibida por Dios. Aquello fue la debacle del plan de Dios, que se vino abajo, se interrumpió, y hubo de ser sustituido por un nuevo plan, el plan de la Redención, para redimir al ser humano que está en «desgracia de Dios» desde la comisión de aquel «pecado original», debido a la infinita ofensa que dicho «pecado» le infligió a Dios.

Ese nuevo plan, de Redención, exigió la «venida de Dios al mundo», mediante su encarnación en Jesús, para así «asumir nuestra representación jurídica ante Dios y pagar» por nosotros a Dios una reparación adecuada por semejante ofensa infinita. Y es por eso por lo que Jesús sufrió indecibles tormentos en su Pasión y Muerte, para «reparar» aquella ofensa y redimir así a la Humanidad, y consiguiéndole el perdón de Dios y rescatándola del poder del demonio bajo el que permanecía cautiva.
Ésta es la interpretación, la teología sobre la que se construyen y giran la mayor parte de las interpretaciones en curso durante la semana santa. Y éste es el ambiente ante el que muchos creyentes de hoy se sienten mal, muy mal. Sienten que se asfixian. Se ven trasladados a un mundo, que nada tiene que ver ni con el mundo real de cada día, ni con el de la ciencia, el de la información, o el del sentido más profundo de su vida. Por este malestar, otros muchos cristianos no sólo se han marchado de la semana santa tradicional, sino que se han alejado de la Iglesia.

¿Hay otra forma de entender la Semana Santa, que no nos obligue a transitar por el mundo manido de esa teología en la que tantos ya no creemos? ¿«No creemos», hemos dicho? Ante todo hay que decir -para alivio de muchos- que efectivamente, se puede no creer en tal teología. No se trata de ningún «dogma de fe» (aunque lo fuera, tampoco ello la haría creíble). Se trata de una genial construcción interpretativa del misterio de Cristo, debida a la intuición medieval de san Anselmo de Canterbury, que desde su visión del derecho romano, construyó, «imaginó» una forma de explicarse a sí mismo el sentido de la muerte de Jesús. Estaba condicionado por muchas creencias propias de la Edad Media, e hizo lo que pudo, y lo hizo admirablemente: elaboró una fantástica interpretación que cautivó las mentes de sus coetáneos tanto, que perduró hasta el siglo XX. Habría que felicitar a san Anselmo, sin duda.

El Concilio Vaticano II es el primer momento eclesial que supone un cierto abandono de la hipótesis de la Redención, o una interpretación de la significación de Jesús más allá de la Redención. Por supuesto que en los documentos conciliares aparece la materialidad del concepto, numerosas veces incluso, pero la estructura del pensamiento y de la espiritualidad conciliar van mucho más allá. El significado de Jesús para la Iglesia posconciliar -no digamos para la Iglesia con espiritualidad de la liberación- deja de pasar por la redención, por el pecado original, por los terribles sufrimientos expiatorios de Jesús y por la genial «sustitución penal satisfactoria» ideada por Anselmo de Canterbury... Desaparecen estas referencias, y cuando sorpresivamente se oyen, suenan extrañas, incomprensibles, o incluso suscitan rechazo. Es el caso de la película de Mel Gibson, que fue rechazada por tantos espectadores creyentes, no por otra cosa que por la imagen del «Dios cruel y vengador» que daba por supuesta, imagen que, evidentemente, hoy no sólo ya no es creíble, sino que invita vehementemente al rechazo.

¿Cómo celebrar la semana santa cuando se es un cristiano que ya no comulga con esas creencias? Uno se siente profundamente cristiano, admirador de Jesús, discípulo suyo, seguidor de su Causa, luchador por su misma Utopía... pero se siente mal en ese otro ambiente asfixiante de las representaciones de la pasión al nuevo y viejo estilo de Mel Gibson, de los viacrucis, los pasos de las procesiones de semana santa, las meditaciones las siete palabras, las horas santas que retoman repetitivamente las mismas categorías teológicas del san Anselmo del siglo XI... estando como estamos en el siglo XXI...
Bajo la semana santa que oficialmente se celebra, no dejan de estar, allá, lejos, bien adentro de sus raíces ancestrales, las fiestas que los indígenas originarios ya hacían sus celebraciones sobre la base cierta del equinoccio astronómico. Se trata de una fiesta que ha evolucionado muy diferentemente en cada cultura, y muy creativamente al ser heredada de un pueblo a otro, y al contagiarse de una religión a otra. Una fiesta que fue heredada y recreada también por los israelitas nómadas como fiesta del cordero pascual, y después transformada por los israelitas sedentarios como fiesta de los panes ácimos, en recuerdo y como reactualización de la Pascua, piedra angular de la identidad israelita... Fiesta que los cristianos luego cristianizaron como la fiesta de la Resurrección de Cristo, y que sólo más tarde, con el devenir de los siglos, en la oscura Edad Media, quedó opacada bajo la interpretación jurídica de la redención...

¿Por qué quedarse, pues, prendidos de una interpretación medieval, cautivos de una teología y una interpretación que no es nuestra, que ya no nos dice nada, y que podríamos abandonar porque ya cumplió su papel? ¿Por qué no sentirse parte de esta procesión tan humana y tan festiva de interpretaciones y hermenéuticas, de mitos y «grandes relatos» incesantemente renovados y recreados, y aportar nosotros también a esta trabajada historia nuestra propia parte, lo que nos corresponde hoy, con creatividad, responsabilidad y libertad? No podemos dejar de pensar que «Otra semana santa es posible»... ¡y urgente! Al menos, legítima también.

No vamos a desarrollar aquí nosotros una nueva interpretación de estas fiestas. Bástenos ahora cumplir una pretensión doble: aliviar a los que se sentían culpables por desear que «otra semana santa fuera posible», por una parte, y, por otra, de invitar a todos a la creatividad, libre, consciente, responsable y gozosa. No en todas partes o en cualquier contexto será posible, pero sí lo será en muchas comunidades concretas. Si no lo es en la mía, podría serlo en alguna otra comunidad más libre y creativa que tal vez no esté muy lejos de la mía... ¿por qué no preguntar, por qué no buscarla?
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Aunque los señalaremos concretamente en los próximos días, recordamos que los temas de la Pasión de Jesús están recogidos ampliamente en la serie «Un tal Jesús», principalmente en los episodios 106 a 126. Los audios y los guiones de estos episodios pueden recogerse libremente de http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/ Por su carácter dramatizado, y por la mentalidad crítica con la que ya pudo ser escrita hace treinta años, la serie «Un tal Jesús» presenta, de un modo muy pedagógico, la visión de la vida de Jesús desde la perspectiva de la teología de la liberación. 
- La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 85, titulado «¿Los judíos mataron a Cristo?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión puede recogerse de http://radialistas.net/article/85-los-judios-mataron-a-cristo/ y su audio de: http://radioteca.net/media/uploads/audios/%Y_%m/85.mp3
Para el simple estudio de la continua sucesión de interpretaciones de las fiestas a lo largo de la historia de Israel, se puede recurrir a Fiesta en honor de Yavé, de Thierry MAERTENS (disponible en la biblioteca de Koinonía: http://servicioskoinonia.org/biblioteca).

Como bibliografía para recuperar, desde la perspectiva de la liberación, lo mejor de la visión clásica de la teología respecto a la pasión y muerte de Jesús, 
recomendamos el excelente libro de BOFF Pasión de Cristo, Pasión del mundo 
(Sal Terrae en España, Indoamerican Press en Colombia, Vozes en Brasil... disponibilizado también en varios puntos de la red). Del mismo autor, el artículo 217 en la RELaT (http://servicioskoinonia.org/relat): Cómo anunciar hoy la Cruz de nuestro señor Jesucristo.

No obstante, la recuperación que la teología de la liberación (TL) hizo de esta temática se queda corta hoy. La TL releyó la visión tradicional cristiana desde la perspectiva histórica y reinocentrista y desde la opción por los pobres, sí, pero dejó simplemente a un lado lo que no creyó recuperable, y no sometió a crítica los supuestos profundos de la visión clásica; simplemente los ignoró. En ese sentido, la propuesta de la TL no fue realmente nueva, sino una «propuesta nueva pero desde los mismos fundamentos»... Hoy esos fundamentos están en crisis, y ahora sólo nos puede servir una propuesta realmente nueva, es decir, desde presupuestos nuevos, por ejemplo: sin «dos pisos», sin el histórico pecado original, sin un Dios-theos ahí fuera que se pueda ofender gravemente por un supuesto pecado humano, sin un Dios antropomórfico que pueda exigir «reparación para con su dignidad ofendida», sin unos mitos entendidos como narraciones históricas literales...

En este sentido, 
es el obispo John Shelby SPONG quien con más claridad y valentía está proponiendo reinterpretar el cristianismo desde una superación radical de este «mito básico cristiano»
como lo llama él: cfr. el capítulo «Cambiando el mito básico cristiano» de su reciente libro «Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo» [http://tiempoaxial.org] (Editorial Abya Yala [htt://www.abyayala.org], Quito enero 2011). Véase un capítulo de ese libro, explícitamente sobre el tema de la redención, en la RELaT [http://servicioskoinonia.org/relat]  titulado «Jesús como rescatador y redentor: una imagen que debe desaparecer» [http://servicioskoinonia.org/relat/380.htm].
También: Problemas en torno a la idea de expiación/satisfacción, de Robert J. DALY, en «Selecciones de Teología» 47/188(2008)310-324 (disponible en el portal de la revista «Selecciones de Teología», [http://www.seleccionesdeteologia.net]).

Acabaremos recordando que, como es obvio, la problemática de la Redención no es del Domingo de Ramos, ni siquiera de la semana santa... sino de todo el cristianismo; afrontarla -tratando de «agarrar valientemente el toro por los cuernos» no es tarea para un domingo ni para una semana, sino para todo el año... Pero un domingo de ramos es una buena ocasión para plantearlo más detenidamente. Lo dejamos en manos de ustedes, lectores individuales y comunidades lectoras...
 

Para la revisión de vida

          Comienza la «semana mayor» de todo el año. La semana santa se ha convertido en muchos lugares en una minivacación. Sugerencia: aprovechar bien la oportunidad de la semana santa. Si tengo posibilidad, dedicar esta «vacación» a atender lo que en la agitada vida diaria me veo imposibilitado de cuidar suficientemente: mi profundidad, mi oración, mi paz interior, el respaldo de coherencia interna que quiero dar a mi compromiso externo...
          Si tengo la suerte de encontrar una comunidad cristiana con inquietudes de búsqueda y de renovación, tal vez puedo sugerir la posibilidad de vivir una semana santa diferente, de renovación radical de la mentalidad teológica, de replanteamiento de nuestra comprensión cristiana y de reiniciación de nuestra experiencia religiosa... Si no tengo la suerte de conocer ninguna de esas comunidades, tal vez puedo hacer el esfuerzo por buscarlas...

Para la reunión de grupo

-                 La semana santa puede ser buena ocasión para dar un repaso a las hipótesis teológicas más conocidas sobre la muerte de Jesús y su valor salvífico. Un buen material para preparar una exposición inicial en la reunión de grupo, o un libro para tenerlo todos y estudiarlo y comentarlo es “Pasión de Cristo, Pasión del Mundo”, de Leonardo BOFF, con ediciones en varias editoriales y países ya citados…
-                 La semana santa es la «semana mayor», y el «triduo sacro» es el la concentración de la celebración pascual, y la vigilia pascual es el momento culminante. Será bueno preguntar a algunas personas mayores que recuerden cómo eran las celebraciones de la Semana Santa antes de la reforma de Pío XII en 1950, con sus grandes diferencias con el modo actual. Y cabe preguntar: ¿por qué la vigilia pascual no ha entrado todavía en la conciencia del pueblo cristiano como lo que es: el centro de todo el año litúrgico?
-                 Se puede montar diferentes reuniones de estudio sobre la pasión de Jesús y/o los temas propios de la semana santa en general tomando como base algunos de los capítulos de la serie «Un tal Jesús», principalmente del 106 al 126. Los audios y los guiones pueden ser recogidos de www.untaljesus.net
-                 Los textos más arriba citados de John Shelby Spong pueden servir también para un estudio y debate sobre el tema. Muy probablemente, tales debates nos dejarán la conclusión preocupante de que si la Redención necesita ser reentendida -o abandonada, como dice Spong- es todo nuestro cristianismo el que necesita reformulación, y nos resulta por tanto urgente rehacer nuestra formación cristiana... Buena conclusión. Pero no la dejemos ahí: pongámonos en movimiento...
-                 Aunque no estamos acostumbrados a hacerlo, también puede ser una buena actividad de grupo escuchar la Pasión según san Mateo, de Johan Sebastian BACH, presentada y comentada previamente por un buen conocedor de la misma, incluyendo ahí sus aspectos teológicos peculiares, de Bach como músico y del texto o libreto.

Para la oración de los fieles

-                 Para que la Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, lleve su obediencia al Padre y su servicio a las personas hasta las últimas consecuencias. Roguemos al Señor...
-                 Para que los gobernantes sirvan a los intereses de los pueblos y no a sus propias aspiraciones. Roguemos...
-                 Para que los pobres y los oprimidos sean los primeros en obtener el respeto a sus derechos y la justicia para sus vidas. Roguemos...
-                 Para que mostremos nuestra devoción a Cristo crucificado siendo solidarios con los crucificados de nuestro tiempo. Roguemos...
-                 Para que sepamos descubrir y transmitir la fuerza del amor de Dios en medio de las dificultades, los sufrimientos, y la muerte. Roguemos...
-                 Para que todos los difuntos compartan la resurrección de Cristo, igual que han compartido ya con él la muerte. Roguemos...

Oración comunitaria

          Dios, Padre nuestro, tú enviaste a tu Hijo entre nosotros, para que descubramos todo el amor que nos tienes. Y cuando nosotros respondemos a ese amor con nuestro rechazo, matando a tu hijo, Tú no te echaste atrás sino que seguiste adelante con tu plan de ser nuestro mejor amigo. Ablanda nuestros corazones para que sepamos responder a tu amor con el nuestro. Por Jesucristo.

          O bien:

          Oh Dios, Padre y Madre Universal, de todos los pueblos y de todos los hombres y mujeres, en quienes has depositado, por medio de sus culturas y religiones, la sed de encontrarse consigo mismos y contigo, Fuente Originaria. Te pedimos que en la renovación anual de estas fiestas que se avecinan, tan tradicionales y ancestrales, nos sintamos en comunión con todos los hombres y mujeres que te buscan a Ti y buscan también el sentido de su vida, entre mitos, ritos, símbolos y grandes relatos. Nosotros lo celebramos desde el seguimiento de Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro, cordialmente unidos a todos los pueblos y religiones que también te buscan y contemplan. Gracias. Amén. Axé. Aleluya.