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2015-01-20

Bord03, SBL20150125, Mc 1,14-20: Conviértanse y crean la Buena Nueva

Servicio Bíblico Latinoamericano
Domingo 25 de enero de 2015 - Ciclo B
Domingo tercero del tiempo ordinario
Conversión de Pablo

Jon 3,1-5.10: Se convirtieron los ninivitas de su mala vida
Salmo responsorial 24: Señor, enséñame tus caminos.
1Cor 7,29-31: La presentación de este mundo se termina
Mc 1,14-20: Conviértanse y crean la Buena Nueva



Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»... es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir... Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, tiempoaxial.org).

La lectura de la carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que "la presentación de este mundo se termina", es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 14 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100014 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap14b.mp3 

Para la revisión de vida

          Con frecuencia pensamos que ser cristiano consiste en ratificar el credo en todos sus artículos y aceptar sin fisuras en nuestra mente todos los dogmas y proposiciones que la Iglesia nos haga; olvidamos que lo esencial no está en la mente sino en el corazón y en la vida, que lo esencial es el encuentro personal con el proyecto de Dios, su propuesta, en la Causa de Jesús. ¿Es mi fe una simple amistad con Jesús, una apasionada opción vital por su Causa (el Proyecto de Dios, ¡su Reinado!, razón de mi vida)?

Para la reunión de grupo

-                  El libro citado más arriba de John S. SPONG hace una propuesta de reformulación global del cristianismo en torno a este eje, la superación del «teísmo» clásico. La mayor parte de las personas siguen considerando hoy día a Dios como un Ser Supremo, concretamente un Ser Personal, que habita ahí arriba, ahí afuera, que ama, piensa, hace planes, decide, se enfada, castiga, se arrepiente, perdona... ¿Es posible «imaginar» a Dios de una forma enteramente distinta? ¿Qué problemas conlleva todo esto? ¿No es por otra parte bien urgente el abordarlo, dada la crisis de «Dios» en la cultura actual? Se puede organizar un debate en torno a este tema. Alguna persona puede leer/estudiar el libro y hacer una presentación para abrir el debate. Un capítulo inicial del libro está al público en la RELaT [servicioskoinonia.org/relat], en su número 413.
-                 El dilema que se hizo vigente en los últimos siglos fue «teísmo/ateísmo». John S. Spong dice: «no existe tal disyuntiva inevitable, pues existe otra alternativa, el posteísmo». La Agenda Latinoamericana’2011 trae un artículo con este tema-título: «El teísmo, un modelo útil pero no absoluto para ‘imaginar’ a Dios», de sólo dos páginas, apto para servir de punto de partida a un debate. (Está disponible en el “archivo digital” de la Agenda: http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo
-                  Antiguamente la palabra «conversión» sólo se aplicaba a la adopción inicial de una religión, o al cambio de una religión a otra. El Concilio Vaticano II popularizó un uso más «ordinario» del concepto de conversión: todos necesitamos conversión, que ya no es adoptar una religión, ni es cambiar de religión, sino que es «volvernos, con todo lo que somos» («cum-vertere», «con-versión»), hacia Dios y su proyecto. Pregunta: pero cuando se trata de predicar el evangelio a otro que no es cristiano, ¿la «conversión» consiste para él cambiar de religión y aceptar el cristianismo? El concepto de conversión, referido a los no cristianos, ¿necesita también alguna reformulación? Las lecturas de hoy, ¿pueden arrojar alguna luz sobre ello?
-                 El evangelio de hoy es «el primer sermón de Jesús», por hablar así. Y Marcos lo pone al inicio mismo de su evangelio como un manifiesto programático. Tiene todos los elementos centrales de lo que va a ser la predicación misma de Jesús. Comentémoslo.
-                 El evangelio de hoy –y todo el evangelio- pone de relieve la importancia central del Reino de Dios en la misión de Jesús. El Reino no es un elemento más, sino su mismo centro. Si no se entiende esto, no se entiende a Jesús, ni se entiende qué es ser cristiano. ¿Qué es el «reinocentrismo»? ¿Qué significa esa palabra? ¿A qué se opone? (En el libro de Casaldáliga-Vigil «Espiritualidad de la liberación» –disponible en la biblioteca de Koinonía (servicioskoinonia.org/biblioteca)– hay todo un capítulo de exposición sobre el «reinocentrismo», si ayuda).

Para la oración de los fieles

-                 Para que la Iglesia siga anunciado a todos y a sí misma el Reino y la necesidad de convertirnos e él acogiendo la Buena Noticia. Oremos.
-                 Para que actualicemos nuestro lenguaje sobre Dios, dando cabida a formas de expresar lo religioso más en concordancia con los avances de las ciencias y el sentido crítico de nuestra cultura. Oremos.
-                 Para que todos los cristianos que titubean o vacilan a la hora de vivir su fe encuentren en Jesús la fuerza necesaria para no tener miedo a nada ni a nadie. Oremos.
-                 Para que sepamos vivir en continua conversión, sabiendo que eso nos hará más humanos y más felices. Oremos.
-                 Para que la Buena Noticia del amor de Dios sea recibida y acogida por todas las gentes de todos los pueblos. Oremos.
-                 Para que vivamos siempre conforme a lo que creemos y demos testimonio ante todos de los verdaderos valores. Oremos.

Oración comunitaria

          Dios, Padre nuestro, Tú que todo lo puedes, ayúdanos a que nos convertirnos a Ti cada día, de modo que llevemos siempre una vida según tu voluntad y podamos dar abundantes frutos de Amor y de Justicia. Tú que vives y das vida por los siglos de los siglos. Amén.

          Oh Misterio innombrable, sin forma ni imagen, sin nombre, inimaginable, indescriptible, que te nos escapas a la vez que nos inundas, que estás bien cerca y bien adentro a la vez que resultas inasible e inaccesible, en quien nos movemos, respiramos y existimos. Ayúdanos a respetar tu misterio, a distinguirte siempre de las imágenes que te hemos construido, a sentirte y experimentarte en la ausencia y el respeto, y a conocerte en el conocimiento silencioso y luminoso. Amén.

2014-06-08

Apas08_cosme, El Espíritu Santo unifica y hacer perder el miedo

Apas08, 7 de junio de 2014

El Espíritu Sano unifica y hace perder el miedo

Ø  Hch 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Ø  Salmo responsorial 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra
Ø  1Cor 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Ø  Jn 20,19-23: Reciban el Espíritu Santo


Aunque la enseñanza del Concilio nos dice que somos pueblo de Dios, tenemos la costumbre de hacer nuestras prácticas cristianas de forma individual. Poco nos interesamos por la vida, el sufrimiento, las necesidades de las personas que nos rodean en el barrio aunque profesemos la misma fe. En las comunidades cristianas es costumbre que cada grupo realice sus actividades sin tomar en cuenta y sin apoyar a los demás. Aparecen los Consejos en cada comunidad, pero funcionan de una manera, meramente formal, y no se entienden como animadores e integradores del trabajo al servicio del Reino.

En la tradición del Primer Testamento Pentecostés recibe el nombre de fiesta de las semanas porque se celebra a las siete semanas de la Pascua. Originalmente era una fiesta agrícola vinculada al final de la siega sobre todo de los cereales. Más tarde se ha relacionado con el pacto del monte Sinaí. En este contexto Lucas ubica el nacimiento de la Iglesia: Al igual que en el Sinaí, aparecen el viento y el fuego. La acción del Espíritu produce efectos semejantes a los que producen el viento y el fuego

El texto de los Hechos fue escrito por el año 80, año en el que el anuncio de la Buena Nueva de Jesús está llegando de forma comprensible a todos los rincones del mundo. Lucas utiliza la simbología de Pentecostés para explicar el hecho de que, bajo el impulso del Espíritu Santo, el anuncio del Evangelio está llegando a todos. El Espíritu Santo hace nacer, unifica e impulsa a la Iglesia para continuar el proyecto de Jesús.

Juan escribe el pasaje del Evangelio para cristianos fuertemente perseguidos por la causa de Jesús, lo que los ha llenado de miedo y han preferido encerrarse a continuar con la misión y arriesgar la vida. El evangelista nos muestra la presencia del Maestro en medio de su conflicto: Él les desea la paz y les da señales claras de que continúa vivo y esto les llena de alegría.

Jesús les indica que ellos han de continuar la misión que recibió del Padre y, repitiendo el soplo realizado al comienzo de la humanidad, les confiere el don del Espíritu Santo. Con Él vencerán el miedo y el encerramiento y continuarán la misión por encima de los riesgos que comporta.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa construir la unidad con los más cercanos para darnos valor, vencer el miedo, y enfrentar a los poderes de muerte, uniendo las voces en defensa de la vida.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa realizar nuestras celebraciones en forma comunitaria, e integrar en ellas el dolor y la necesidad de los hermanos.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa hacer que los Consejos impulsen todas las actividades de la comunidad y sean espacio para apoyarnos unos a otros.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa promover organizaciones para atender las necesidades de la Capilla, pero también las del barrio y de la sociedad.



Cosme Carlos Ríos

2014-05-25

Apas06, Cosme, Jn14:15-21: El Espíritu Santo y la misión

Apas06, 24 de mayo de 2014
El Espíritu Santo y la misión

Hch 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial 65: Aclamen al Señor, tierra entera
1Pe 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Jn 14,15-21: Yo le pediré al Padre que les dé otro defensor


Por mucho tiempo el Espíritu Santo ha estado bastante olvidado en la vida, en la oración y en la pastoral de la Iglesia. Recientemente, a partir de grupos pentecostales, se ha impulsado el conocimiento y el amor al Espíritu Santo. Pero mucho ha quedado reducido a la vida personal, sin proyección a la vida de la Iglesia  y con la misión de la comunidad.
Nos hace falta profundizar en la Sagrada Escritura y en particular en los Evangelios, para conocer al Espíritu Santo, su relación con Jesús y con los discípulos para que, en la misión, nos abramos a su actuación.

La región de Samaria formó originalmente parte de las 12 tribus que formaron Israel. A la muerte de Salomón, que había restablecido los tributos y los trabajos forzados, las 10 tribus del Norte se rebelaron contra la casa de David y formaron un reino diferente. Con ello se hizo difícil la convivencia entre ambos pueblos
El año 722 a. c. el emperador de Asiria derrotó militarmente al rey de Samaria y se llevó cautivos a numerosos ciudadanos de este país. Trajo en su lugar a colonos venidos de otras partes que traían una cultura y una religión diferente, lo que hacía imposible la integración entre ellos para sacudirse el yugo del emperador. A partir de ese momento la convivencia entre judíos y samaritanos se volvió imposible y evitaban todo tipo de convivencia entre ellos. Los judíos eran sumamente cerrados e intolerantes hacia las otras expresiones religiosas.

La comunidad cristiana de Jerusalén ha asumido algunos de los valores de Jesús, pero es heredera de la cultura de cerrazón e intolerancia del grupo judío. No les cabe en la cabeza que Felipe, que no es del grupo de los Doce, se lance a la misión, y mucho menos que lleve el Evangelio a tierra de samaritanos. Sospechan de la actuación de Felipe y es por ello que mandan a Pedro y a Juan a Samaria. Pero El Espíritu los obliga a reconocer lo que parecía imposible:
Ø Felipe tiene legítimo derecho a participar en la misión; esta no es exclusiva de los Doce
Ø Los destinatarios de la misión no son sólo los judíos sino todos los pueblos

El evangelio continúa en el contexto de la semana anterior: Los discípulos presienten que Jesús se va a separar de ellos y se sienten desamparados. Jesús les manifiesta lo que espera de ellos:
Ustedes demostrarán que me aman, si cumplen mis mandamientos. El que me obedece y hace lo que yo mando, demuestra que me ama de verdad.
Amar a Jesús es seguir viviendo lo que El enseñó con su vida y con su palabra: Pero vivir la misericordia hacia los marginados y denunciar a los poderes que provocan muerte puede conducir a la Cruz y esto da miedo. Jesús les promete: Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes. El paráclito es el que está al lado, que consuela y como abogado, defiende. Entendemos que se trata del Espíritu Santo.

Podemos entender que:
ü El Espíritu Santo, en nombre de Jesús, acompaña, consuela y defienda a la comunidad ante los riesgos que comporta la misión.
ü El Espíritu Santo confirma que la misión es tarea de todos los discípulos de Jesús y que la misión no tiene fronteras.
ü Creer en el Espíritu Santo nos compromete a leer y profundizar los textos del Evangelio que lo relacionan con la misión de María, con la misión de los discípulos y con el nacimiento y envió de la Iglesia.
ü Abrirnos a la acción del Espíritu Santo significa para nosotros valorar en la comunidad, las buenas obras de los pequeños y ofrecerles oportunidades para que actúen.
ü Abrirnos a la acción del Espíritu Santo significa para nosotros no poner límites a la acción pastoral y, a la manera de Felipe, ir más allá de la frontera: más allá de lo acostumbrado.


Cosme Carlos Ríos

Mayo 25 2014

2009-02-24

JESÚS LIBERA A UN PARALÍTICO

Ciclo B, Ord7, 22 de Febrero de 2009

Y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla
(Mc 2, 4)

JESÚS DE NAZARET estaba en una casa de Cafarnaúm cuando curó a un paralítico que habían introducido por el techo de la casa en donde se encontraba. El Evangelio subraya el hecho de que Jesús le haya perdonado sus pecados. La curación del paralítico nos hace recordar el programa misionero que Jesús había ya anunciado: “El Señor me ha enviado para anunciar a los pobres la buena nueva y proclamar la liberación a los cautivos.” (Lc 4, 18) ¿Qué le llamó la atención a Jesús cuando le presentaron al paralítico? ¿Cuál crees que sea la buena nueva y de qué liberación se trataría en este caso? Actualmente es difícil para muchas personas acercarse a los sacramentos por diferentes motivos. Es todavía más difícil para millones de trabajadores acercarse a un salario digno, a tener seguridad médica… Simplemente tener acceso a un empleo. Muchos están paralizados por el hambre y el miedo, y han sido abandonados a su vulnerabilidad.

EN APARECIDA señalan los Obispos que la Iglesia tiene como misión propia la Palabra, los Sacramentos y practicar la Caridad (386), es abogada de la justicia y defensora de los pobres (395), entre ellos, los obreros. De hecho tiene como desafío emplear esfuerzo y creatividad en la evangelización del mundo del trabajo (492), acercarse al pueblo pobre de las periferias (550), llegar con creatividad a las multitudes (173), despertar en la sociedad los valores sociales (385), consolidar una patria de hermanos con dignidad (534). Está llamada también a colaborar en la consolidación de las frágiles democracias (541). La misión de la Iglesia es, pues, la liberación de los paralíticos, una liberación no sólo corporal y del corazón, sino también externa, social. Sin embargo, mientras que la delincuencia organizada crece en poder y creatividad, el Estado y la Iglesia no encuentran el camino para dar salud y dignidad al paralítico.

QUÉ LES PARECE si, con creatividad, astucia y esperanza, buscamos el camino de la conversión personal, eclesial y pastoral, para que, desde las pequeñas comunidades de base hasta los niveles diocesanos, mejoremos juntos el acceso a los sacramentos, a la planificación pastoral y a la comunión eclesial. Y desde allí, encontrar rendijas para colaborar con el Estado en la consolidación de una democracia en donde todos tengamos acceso a la alimentación básica y medicinas, a un empleo y salario dignos, en una palabra a una vida con dignidad.

Agustín Pbro.