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2014-03-04

Acua01, SBL, Mt4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado (20140309_Mt4,1-11)

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO
Domingo 9 de marzo de 2014
Domingo 1º de Cuaresma, ciclo A
Francisca Romana, religiosa (1440)

Gn 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado
Rom 5,12-19: Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Mt 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado






Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía... pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide este aspecto crítico. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.
La primera lectura de este domingo reúne, resumidamente, dos importantes relatos bíblicos: el de la creación y el del pecado original. Son muy significativos, muy importantes, y hoy día, también muy problemáticos.
Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores también lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido...), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos, es decir, la realidad global. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descalzarse, como quien pisa tierra sagrada.
Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe, que todavía no se llamaba Santo Oficio–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a quien no lo aceptara, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico. 
Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el del ser humano. Que la Biblia no contiene mensajes de física, ni de química, ni de biología evolutiva, ni de geofísica o astrofísica... que nos informen sobre todos esos campos. Y que por tanto se puede ser cristiano y aceptar lo que la ciencia nos dice hoy, incluidas las opiniones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos incluidos en estos relatos bíblicos.
Es importante hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hoy, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32].  
Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia. Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataban de encontrar respuestas a problemas humanos y existenciales de muy diverso género (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro fuuro...). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaba profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios.
Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado «pecado original» tenga un fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descendemos absolutamente todos los hombres y mujeres.
Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por la tradición más común y constante del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.
Otras varias salvedades y comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto...). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.
Es importante que digamos claramente, e insistamos, en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas de hablar del la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio.
Finalizamos diciendo que ya que tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus fatales consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición... Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp

El evangelio de hoy (la escena de las tentaciones de Jesús) es dramatizado en el capítulo 9 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Bajo el sol del desierto». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100009 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap09b.mp3 

Para la revisión de vida

          Comienza uno de los llamados «tiempos fuertes» del año litúrgico. No precisamente un tiempo «light», ni siquiera un tiempo ordinario. ¿Qué voy a hacer para que esta Cuaresma no se me pase sin darme cuenta, sino viviéndola a fondo? La Cuaresma es una «cuenta regresiva» de 40 días hasta la Pascua… El objetivo al que apuntamos desde el principio de la Cuaresma es la Pascua misma…

Para la reunión de grupo

-                 El objetivo del relato del pecado de Adán y Eva no es contar un pecado concreto, por muy importante que pudiera ser; el texto es un «mito» bíblico para algo más profundo: «explicar» la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué hay mal? ¿Por qué el dolor? ¿Por qué la muerte?... De eso es de lo que el relato bíblico está hablando, a su manera «mítica». ¿Podemos expresar nosotros su mensaje de una forma más “racional” o “teológica”? O sea: ¿cuál es el mensaje teológico del mito del pecado original?
-                 Con el relato de las tentaciones de Jesús ocurre algo parecido: no es la crónica o el reportaje periodístico de algo que le pasó a Jesús, sino una composición simbólica que quiere darnos un mensaje teológico. Es claro que no conocemos ningún fundamento histórico para ese relato; muy probablemente, nadie lo tuvo, ni siquiera quienes lo redactaron. El texto es, obviamente, una composición literaria con intenciones teológicas. Las tres tentaciones que se dice que sufre Jesús corresponden a tres grandes dimensiones de la respuesta de fe del pueblo de Israel (de ahí el paralelismo que establece con el Primer [o Antiguo] Testamento) y de todo ser humano. ¿Cuáles son esas grandes dimensiones? ¿Estamos de acuerdo con esa teología? Veinte siglos más tarde, ¿lo expresaríamos nosotros igualmente o con alguna variante añadida?
-                 El teólogo Mathew Fox insiste en que el verdadero principio de nuestra historia no es un pecado original, sino una «bendición original»... Comentar.

Para la oración de los fieles

-                 Para que la Iglesia confíe siempre y por encima de todo en la Palabra de Dios y en su fuerza liberadora. Roguemos al Señor...
-                 Para que hagamos caso a las voces que nos llaman a buscar una sociedad más justa y un ser humano más fraterno. Roguemos...
-                 Para que nos reafirmemos cada día en nuestra fe en un Dios de vida y de vivos. Roguemos...
-                 Para que, frente al individualismo y el egoísmo, nosotros pongamos el valor de la solidaridad entre las personas. Roguemos...
-                 Para que seamos conscientes de que Dios está siempre a nuestro lado, aunque a veces no lo parezca, en la tentación y en las dificultades. Roguemos...
-                 Para que la Eucaristía que celebra nuestra comunidad nos anime a ser más consecuentes con nuestra fe y nuestra esperanza. Roguemos...

Oración comunitaria

          Oh Dios que sabes que nuestra vida humana está sometida a tantos influjos, presiones, tentaciones, repulsiones… y también a tantos estímulos, inspiraciones y buenos ejemplos; te pedimos que la atracción y el influjo del bien sea mucho más fuerte en nuestra vida que la tentación y la fuerza del mal, y que el ejemplo modélico de Jesús nos ayude a seguirle por el camino del amor y la entrega de la vida al servicio del bien. Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

          Señor, tú que animas nuestra fe, consolidas nuestra esperanza y fortaleces nuestro amor, haz que apostemos siempre por el bien, la justicia y la paz, de modo que tu Reino crezca siempre, superando toda tentación de construir este mundo y esta sociedad desde intereses egoístas y antropocéntricos. Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.


2011-03-12

Venciendo las tentaciones como Jesús

VENCIENDO LAS TENTACIONES COMO JESUS
CICLO-A, PRIMER DOMINGO DE CUARESMA (MT 4, 1-11)



PALABRA CLAVE: Fidelidad
OBJETIVO: Entender que Jesús se mantuvo fiel al Padre y al proyecto del Reino, venciendo los obstáculos que podían apartarlo del camino, a fin de que, nosotros, con su ejemplo y con su ayuda nos mantengamos fieles al proyecto del Reino
Preparar: Cruz - Biblia - candela - dibujo ampliado

ENTRADA
Saludo a los participantes

Canto: “Danos tu Cuerpo y Sangre”
http://www.youtube.com/watch?v=ZnFBk0lcJbA
El banquete ya está listo acerquémonos con Fe.
Nos invita el mismo Cristo a comer de su con qué.
Qué chula se ve la mesa con su blanco y gran mantel!
y sobre ella el pan sabroso que nos ha de sustentar.
Con el vino delicioso todos vamos a brindar.
HOY SEÑOR TENEMOS HAMBRE DE TRABAJO, TECHO Y PAN.
DANOS YA TU CUERPO Y SANGRE, DANOS COMBATIVIDAD. (2v)
Quien acepta el pan y el vino acepta la comunión con la lucha y el camino de Jesús en su pasión. Ofrendar también su vida en generosa oblación, darse entero y sin medida en cada paso y acción, con el pueblo que se alza por su reivindicación.
Este generoso te agradecemos Señor, es misterio tan hermoso tu sacrificio de amor, al darte como comida en el duro caminar de tu Pueblo tan hambriento que lucha por mejorar sus condiciones de vida y poderse organizar.
Al comer tu Cuerpo y Sangre vive la Comunidad para seguir adelante cumpliendo tu voluntad de repartir entre todos los bienes de la Creación, siendo ejemplo entre los .lobos, de Justicia y Comunión, siendo ejemplo entre los lobos, de la gran Liberación.

Invocar la luz y la fuerza del Espíritu Santo

MIREMOS NUESTRA REALIDAD
¿Qué vemos en el dibujo ampliado?
¿Qué nos recuerda?
¿Qué nos hace pensar?
Recordar algunas personas que han dejado su práctica cristiana y los que se han unido a otros grupos religiosos
Reflexionar ¿Cuáles son las cosas o circunstancias que han influido en esa separación?
¿Qué consecuencias ha traído para la comunidad esa separación?

ESCUCHEMOS Y MEDITEMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Introducción: La cultura religiosa y el estilo literario del tiempo en que se escribieron los evangelios obligaban a usar en el relato de Jesús en el desierto la figura de un Tentador exterior a Jesús, la persona tentada. La Biblia menciona frecuentemente al demonio con diversos nombres: el Adversario, Luzbel, Satanás, Belcebú.
El relato evangélico de las tentaciones en el desierto no debe ser leído como una narración histórica, sino como un esquema teológico, en tres momentos, de las pruebas que Jesús tuvo que superar a lo largo de toda su vida.
La clave para entender el relato está en las tres frases con las que Jesús responde al Tentador. Las tres aparecen en la narración del peregrinaje del pueblo hebreo por el desierto (Deuteronomio 8, 3; 6, 16; 6, 13). Entonces, Israel falló y cayó en la tentación de la desconfianza, la acumulación y la prepotencia.
Jesús se mantuvo fiel. Los evangelistas quieren expresar que en la historia personal de Jesús se rescata la historia colectiva del pueblo de Israel.

Abrimos nuestros corazones a la Palabra de Dios, cantando un himno de alabanza...
Lector(a): (Mateo 4, 1-11)
Hacemos un rato de silencio, para que la Palabra de Dios pueda anidar en nuestros corazones..., observemos con mucha atención la manera en que Jesús vence las tentaciones que encuentra a su paso
Animador(a): Vamos a descubrir juntos lo que Dios nos quiere decir en este texto:
Preguntas
¿En qué escenarios sitúa Mateo a Jesús?
¿Cuáles son las tres propuestas que se le hacen a Jesús?
¿En qué forma responde a cada una?
¿Dónde encontró Jesús la respuesta para cada una de las tentaciones? Observa las citas que vienen al margen en tu Biblia Latinoamérica o La Biblia de Nuestro Pueblo.
¿Qué tenemos que hacer nosotros como discípulos de Jesús, en nuestros momentos de duda y de dificultad? ¿Dónde tenemos que buscar luz y apoyo?

CELEBREMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Animador(a): Para que nos mantengamos fieles a Dios invoquemos su auxilio
Oremos con el Salmo 95 “No endurezcan su corazón”

Nuestros Obispos en el documento de Aparecida nos dicen
DA 149. Jesús, al comienzo de su vida pública, después de su bautismo, fue conducido por el Espíritu Santo al desierto para prepararse a su misión (cf. Mc 1, 12-13) y, con la oración y el ayuno, discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros caminos. Ese mismo Espíritu acompañó a Jesús durante toda su vida (cf. Hch 10, 38). Una vez resucitado, comunicó su Espíritu vivificador a los suyos (cf. Hch 2, 33).

Cosme

2010-02-21

Con Jesús, vencer las tentaciones

POR LA RECONCILIACIÓN A LA PAZ
Reflexiones Cuaresmales 2010
1° Domingo de Cuaresma

INTRODUCCIÓN.

Estamos viviendo como Iglesia el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Estos cuarenta días nos ayudan a prepararnos para la celebración de la Pascua de Jesús. Nuestra preparación la hacemos con la imposición de la ceniza, la oración, la abstinencia, el ayuno, el encuentro con la Palabra de Dios, el rezo del Viacrucis, el sacramento de la Reconciliación y la celebración de la Semana Santa. Se nos propone vivir todo esto dado que la Cuaresma es un tiempo dedicado a fortalecer la vivencia de la conversión.

A partir de hoy vamos a reflexionar en nuestra vida personal y comunitaria a la luz de cinco temas cuaresmales, que tienen como tema general: “Por la reconciliación a la paz”. En ellos nos encontraremos con el texto del Evangelio de cada domingo de Cuaresma, por lo que nos uniremos a Jesús en su servicio al Reino. Los temas son: 1) Con Jesús, vencer las tentaciones. Es nuestro tema de hoy; 2) Con Jesús, transfigurar nuestro mundo; 3) Con Jesús, dar frutos de paz y reconciliación; 4) Con Jesús, volver a la paz del Padre; 5) Con Jesús, vivir la misericordia.

[Que estas reflexiones cuaresmales nos animen a asumir un compromiso concreto a favor de la vida digna de nuestro pueblo]

NUESTRA SITUACIÓN: INSEGURIDAD Y VIOLENCIA.

Acerca de la situación en que vivimos, nuestros Obispos, en su exhortación pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México, expresan: «En los últimos meses, en toda la geografía nacional, suceden hechos violentos, relacionados, en numerosas ocasiones, con la delincuencia organizada; esta situación se agrava día con día. Recientemente se ha señalado que una de las ciudades de la República Mexicana tiene el índice más alto de criminalidad en el mundo. Esta situación repercute negativamente en la vida de las personas, de las familias, de las comunidades y de la sociedad entera; afecta la economía, altera la paz pública, siembra desconfianza en las relaciones humanas y sociales, daña la cohesión social y envenena el alma de las personas con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza» (No. 2).

Comentemos: ¿qué signos concretos vemos en nuestra comunidad de esta situación?
Si vivimos así no es porque Dios lo quiera o porque tengamos que sufrir ahora para merecer después, sino porque hay unas causas muy concretas, cuya raíz es la ambición de tener de parte de unas pocas personas. Y también es causa de esto la manera en que está organizada la sociedad y el privilegio que tiene el mundo del mercado.

Así lo expresan los Obispos de nuestro país: «La economía es uno de los ámbitos en los que debemos buscar los factores que contribuyen a la existencia de la violencia organizada. La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, exponen a la violencia a muchas personas: por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante las propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen, en quienes tienen dinero, la corrupción y el abuso de poder» (No. 28).

«Los actos violentos que presenciamos y sufrimos son síntomas de otra lucha más radical, en la que nos jugamos el futuro de la patria y de la humanidad. En el interior del ser humano se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal. Los cristianos no vemos a las personas como enemigos que hay que destruir; nuestra lucha es contra el poder del mal que destruye y deshumaniza a las personas» (No. 110) y «la pretensión de prescindir de Dios y de su proyecto de vida» (No. 112).

En el fondo se trata de la caída en las tentaciones del poder, tener y placer, de parte de unos pocos, que los lleva al acaparamiento, a hacerse su propio proyecto de vida, a hacerse dueños de vidas y personas, a disponer de los bienes de los demás, lo que rompe las relaciones pacíficas entre las personas y, por tanto, con Dios.

JESÚS NOS ENSEÑA A VENCER LAS TENTACIONES.

Antes de comenzar su misión, Jesús se deja conducir por el Espíritu Santo al desierto (Lc 4, 1-13). Ahí, durante cuarenta días, ora al Padre, ayuna, se fortalece; de esta manera se prepara para ir a anunciar y hacer presente el Reino de Dios. A eso vino al mundo. El desierto es el lugar de la prueba, de la tentación, de la experiencia de Dios.

A Jesús se le presentó la tentación fundamental de la humanidad: ser como Dios. Él, siendo el Hijo de Dios –y así lo provocó el diablo–, tenía la posibilidad de manifestar su poder para su beneficio. Dando muestras de poder, podía ganar fama, tener éxito, conquistar el mundo, hacer y deshacer como se le antojara. Estaba frente a la posibilidad, en base a su libertad y a su poder, de obrar el mal y, de esta manera, dar cabida al reinado del mal.

Pero Jesús es consciente de que el proyecto del Reino va por otro lado: por el de la entrega, el servicio, el compartir, el dar la vida. Por eso se muestra obediente al Padre, quiere ser fiel a Él y manifestarse solamente a su servicio, porque Dios quiere la vida digna para toda la humanidad. Jesús decide utilizar su condición de Hijo para servir y dar la vida. Con esta conciencia y apoyado en la Escritura, vence las tentaciones, que igualmente se le presentarán durante su pasión, en el Huerto de los Olivos y en la Cruz. Jesús nos enseña el camino y con su testimonio nos invita a unirnos con Él en la lucha contra el mal, que destruye las relaciones entre las personas y los pueblos, que provoca la violencia, que lleva a la destrucción y a la muerte.

¿A qué nos anima Jesús con su posición frente a las tentaciones?

NUESTRO COMPROMISO: FORTALECER LA VIDA DE LOS BAUTIZADOS PARA RECHAZAR LA VIOLENCIA Y LA INJUSTICIA.

Dicen nuestros Obispos que «la aceptación del mal en el corazón lleva al ser humano: a cerrarse a toda relación complementaria con los demás; a buscar la felicidad aislándose todo lo posible para no ser dañado por los demás y a procurar tener a su disposición todo lo que necesita para lo que considera una vida plena. Una vez afectado por esta ceguera, ya no tiene la capacidad de ver en la creación la presencia de Dios, sólo ve objetos que puede manipular para llenar sus necesidades; de la misma manera ve y trata a las personas, así se ve y se trata a sí mismo» (No. 124). Así, rompe la paz con Dios, con los hermanos y hermanas y con la Creación.

Nosotros no estamos exentos de caer en estas situaciones y tenemos que mantenernos unidos a Jesús en su experiencia de lucha contra las tentaciones. Gran parte de los que son agentes de violencia en nuestro país han recibido el Bautismo y, quizá, otros sacramentos, pero no han sido formados para vivir en comunión, para luchar contra el mal y sus manifestaciones, para ser fieles a Dios y su Reino de vida. Necesitamos asumir esta tarea en nuestra comunidad para con quienes están bautizados.

¿Qué vamos a hacer para garantizar la formación de los bautizados de nuestra comunidad para que se conviertan en agentes de vida? (Acordar una acción a realizar).

CEPS

2009-03-05

JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO

Ciclo B, Cuaresma1, 1 de Marzo de 2009


Permaneció en el desierto cuarenta días y fue tentado por Satanás
(Mc 1, 13)

JESÚS DE NAZARET impulsado por el Espíritu Santo se dirigió al desierto en donde fue tentado por Satanás. El evangelista Marcos describe cómo vivía Jesús en el desierto, y sobre el inicio de su predicación en Galilea anunciando la llegada del Reino de Dios. El Reino de Dios ha llegado pero, para alcanzarlo, se requiere una conversión permanente. Ahora bien, ¿qué es el Reino de Dios? ¿Cuáles son las tentaciones más fuertes que obstaculizan la Misión del Reino? ¿Qué significa conversión? Me parece que las tentaciones más fuertes en relación a la Misión Permanente son: “No tengo tiempo”, “no puedo, no estudié”, “no soy digno de entrar”, “como nadie quiere y el que quiere no sabe, entonces todo lo tengo que hacer yo”, “no te juntes con aquella persona porque es mala onda”, “aquí en el templo estamos muy a gusto, ¿para qué salir a asolearte?”

EN APARECIDA nos recuerdan los Obispos que Jesús nos ha encomendado ser misioneros para anunciar el Evangelio del Reino (144 y 131). Un Reino en donde hagamos visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores (147). Por tanto, no se trata de una misión fuera de este mundo (148), sino más bien se trata de transformar el mundo en estructuras justas (210). Sin embargo, hay tentaciones. Jesús mismo, cuando se preparaba a su misión fue tentado en el desierto, pero con la oración y el ayuno discernió la voluntad del Padre y venció las tentaciones de seguir otros caminos (149). ¿De cuáles caminos se trata? Algunos son la comodidad, el estancamiento y la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres (362). Por esto, todos estamos llamados a una permanente conversión personal, pastoral y eclesial (366-367). No habrá estructuras nuevas si no hay hombres y mujeres nuevas (538).

QUÉ LES PARECE si dedicamos tiempo a la ORACIÓN Y AYUNO, para disponemos a discernir la voluntad del Padre y, con su misericordia, vencer las tentaciones de seguir otros caminos. Qué les parece si nos animamos a ser misioneros al estilo de Jesús, pobre y dispuesto a la cruz (AP 30); tomar en cuenta el contexto histórico donde la gente vive (367); sectorizar la parroquia para acercarnos más a la gente (372); organizarnos de modo comunitario para que las parroquias sean casas y escuelas de comunión (170). Qué les parece si convertimos a la parroquia en “una red de comunidades y grupos, capaces de articularse” (172).

Agustín Pbro.