DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO - PAGOLA
IA2026
El comentario de José Antonio Pagola para el 24º domingo del tiempo ordinario (Ciclo A) gira en torno al pasaje evangélico de San Mateo (18, 21-35) y lleva por título habitual "Perdonar nos hace bien" o "Apología del perdón". [1, 2, 3] Puedes leer el comentario completo y la reflexión institucional de este ciclo en Grupos de Jesús. [1] Puntos clave de la reflexión de Pagola:
- La pregunta de Pedro: Pedro le pregunta a Jesús si es suficiente perdonar hasta siete veces. Jesús responde «no siete veces, sino hasta setenta veces siete», lo que significa un perdón sin límites. [1]
- El perdón libera al ofendido: Pagola destaca que quien más se beneficia al perdonar no es solo el que recibe el perdón, sino la persona ofendida. El perdón libera el corazón del rencor, devuelve la dignidad y permite iniciar una nueva vida sin el peso del odio. [1]
- La sanación profunda: Perdonar no es solo un mandato estrictamente religioso o una carga moral pesada, sino el camino más sano y eficaz para erradicar el mal del interior y lograr una salud emocional y espiritual plena. [1, 2]
- La medida de Dios: La parábola del siervo despiadado recuerda que hemos sido perdonados de manera infinita por Dios, por lo que estamos llamados a vivir también contagiando esa misma misericordia con los demás. [1, 2]
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24 Tiempo ordinario – A (Mateo 18,21-35)
Evangelio del 13 / Sept / 2026
Publicado el 07/ Sep/ 2026por Coordinador - Mario González Juradoevangelio, Pagola
APOLOGÍA DEL PERDÓN
Casi siempre que he escrito sobre el perdón he recibido cartas, por lo general anónimas, en que se me acusaba de olvidar el sufrimiento de las víctimas del terrorismo, de no entender la humillación de quien ha sido traicionado por su cónyuge, de no «tener los pies sobre el suelo» y cosas semejantes.
No me resulta difícil comprender esta resistencia al perdón. ¿Cómo no voy a intuir la rabia, impotencia y dolor de quien ha sido víctima de la violencia, el desprecio o la traición? Pero, precisamente, el resentimiento y la agresividad que se advierten tras esas líneas me hacen ver con mayor claridad qué sería de un mundo en que se suprimiera el perdón.
Hay un mecanismo de defensa bien conocido por los psicólogos. En virtud de un «mimetismo misterioso», quien ha sido víctima de una agresión tiende a su vez a imitar de alguna manera a su agresor. Se trata de una reacción casi instintiva que se desata en el inconsciente individual o colectivo y puede incluso transmitirse de generación en generación.
Si, en algún momento, no se produce una reacción de signo contrario, el mal tiende a perpetuarse. Cuando la víctima no quiere o no puede perdonar, queda en ella una «herida mal curada» que le hace daño, pues la encadena negativamente al pasado. De la misma manera, el resentimiento instalado en una sociedad hace más difícil la lucidez para buscar caminos de convivencia, y puede bloquear todo esfuerzo por encontrar solución a los conflictos.
El deseo de revancha es, sin duda, la respuesta más instintiva ante la ofensa. La persona necesita defenderse de la herida recibida, pero, como advierte el conocido experto Jacques Pohier, quien pretenda curar su herida infligiendo sufrimiento al agresor, se equivoca. El sufrimiento no posee un poder mágico para curar de la humillación o la agresión recibidas. Puede producir una breve satisfacción, pero la persona necesita algo más para volver a vivir de forma sana. Lo decía hace mucho tiempo Henri Lacordaire: «¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona».
A veces se olvida que el proceso del perdón a quien más bien hace es al ofendido, pues lo libera del mal, hace crecer su dignidad y nobleza, le da fuerzas para recrear su vida, le permite iniciar nuevos proyectos. Cuando Jesús invita a perdonar «hasta setenta veces siete», está invitando a seguir el camino más sano y eficaz para erradicar de nuestra vida el mal. Sus palabras adquieren una hondura todavía mayor para quien cree en Dios como fuente última de perdón: «Perdonad y seréis perdonados».
José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/24-tiempo-ordinario-a-mateo-1821-35-3/
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Evangelio según San Mateo 18,21-35.
Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir