2026-10-12

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 El comentario de José Antonio Pagola para el 29º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) se basa en el evangelio de San Mateo 22, 15-21 («Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»). [1]

El texto del Evangelio (Mt 22, 15-21)
  • Los fariseos se unen a los herodianos para tenderle una trampa a Jesús con la pregunta sobre si es lícito o no pagar el impuesto al César.
  • Jesús les pide la moneda del tributo, señala la imagen del César y pronuncia su famosa sentencia. [1, 2, 3, 4]
La clave de lectura de José Antonio Pagola
  • La vida es de Dios: Pagola subraya que para Jesús, lo primero no es el poder político ni un sistema religioso asfixiante, sino la vida humana. [1]
  • Ningún poder absoluto: El César tiene su ámbito (el orden civil, los impuestos, la administración temporal), pero no es un dios. El ser humano lleva impresa la imagen de Dios, por lo que pertenece por entero a Él. [1, 2]
  • Libertad frente a los ídolos: La fe cristiana rechaza someterse a poderes totalitarios, ideologías o sistemas económicos sin rostro que sacrifican a las personas (especialmente a los más débiles y pobres). [1, 2]
  • Compromiso humanizador: El Reino de Dios anunciado por Jesús busca una vida más sana, justa y digna para todos, liberando a la persona de la humillación, la marginación y la opresión. [1]
Puedes consultar los materiales de reflexión y dinámicas para comunidades en la plataforma oficial de Grupos de Jesús. [1]

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29 Tiempo ordinario – A (Mateo 22,15-21)

SOLO PERTENECEMOS A DIOS

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Estas palabras de Jesús han sido utilizadas con frecuencia para establecer una frontera clara entre lo político y lo religioso, y defender así la autonomía absoluta del Estado ante cualquier interpelación hecha desde la fe.

Según esta interpretación, Jesús habría colocado al hombre, por una parte, ante unas obligaciones de carácter cívico-político y, por otra, ante una interpelación religiosa. Como si el hombre tuviera que responder de los asuntos sociopolíticos ante el poder político y de los asuntos religiosos ante Dios.

La intención de Jesús no es esa. El acento de sus palabras está en la parte final. Le han preguntado insidiosamente por el problema de los tributos y Jesús resuelve prontamente el problema. Si manejan moneda que pertenece al César, habrán de someterse a las consecuencias que ello implica. Pero Jesús introduce una idea nueva que no aparecía en la pregunta de los adversarios.

De forma inesperada introduce a Dios en el planteamiento. La imagen de la moneda pertenece al César, pero los hombres no han de olvidar que llevan en sí mismos la imagen de Dios y, por lo tanto, solo le pertenecen a él. Así lo afirmaba la tradición bíblica. Es entonces cuando podemos captar el pensamiento de Jesús. «Dad al César lo que le pertenece a él, pero no olvidéis que vosotros mismos pertenecéis a Dios».

Para Jesús, el César y Dios no son dos autoridades de rango semejante que se han de repartir la sumisión de los hombres. Dios está por encima de cualquier César, y este no puede nunca exigir lo que pertenece a Dios.

En unos tiempos en que crece el poder del Estado y a los ciudadanos les resulta cada vez más difícil defender su libertad en medio de una sociedad, donde casi todo está dirigido y controlado, los creyentes no hemos de dejarnos robar nuestra conciencia y nuestra libertad por ningún poder.

Hemos de cumplir con honradez nuestros deberes ciudadanos, pero no hemos de dejarnos modelar ni dirigir por ningún poder que nos enfrente con las exigencias fundamentales del reino de Dios.

José Antonio Pagola


2026-09-21

El comentario de José Antonio Pagola para el 26º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A), correspondiente al 27 de septiembre de 2026, se titula "Para Jesús, los últimos son los primeros" y gira en torno al texto del Evangelio de Mateo (21,28-32) sobre la parábola de los dos hijos. [1, 2]
El Evangelio y la Parábola
  • El texto: Mateo 21, 28-32 relata la historia del padre que manda a sus dos hijos a trabajar a la viña.
  • El primer hijo: Dice que "no" al principio, pero luego se arrepiente y va.
  • El segundo hijo: Dice que "sí", pero al final no va a trabajar.
  • El mensaje: Jesús confronta a los líderes religiosos (sumos sacerdotes y ancianos) indicándoles que los pecadores que cambian de vida (como publicanos y prostitutas) entran antes en el Reino de Dios que aquellos que tienen una religión de apariencias y solo dan buenas palabras sin obras. [1, 2]
Claves del Comentario de Pagola
  • Una sociedad dividida: Pagola recuerda que Jesús vivió en una sociedad llena de barreras y etiquetas (puros e impuros, justos y pecadores, sanos y enfermos). [1, 2]
  • El corazón de Dios: Frente a los exclusivismos religiosos de su época, Jesús rompe esquemas y pone en un lugar de privilegio a los descartados, a los "últimos" de la fila social. [1]
  • Hechos, no palabras: La verdadera conversión pide alinear la vida con la práctica del bien y la justicia, superando la hipocresía de una fe teórica que no se traduce en compromisos reales con los necesitados.
Puedes leer la reflexión completa y actualizada del autor en Religión Digital. [1]

    26 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,28-32)

    PARA JESÚS, LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

    Jesús conoció una sociedad dividida por barreras de separación y atravesada por complejas discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas «puras» con las que se puede tratar y personas «impuras» a las que hay que evitar; «prójimos» a los que se debe amar y «no prójimos» a los que se puede abandonar; hombres «piadosos» observantes de la ley y «gentes malditas» que ni conocen ni cumplen lo prescrito; personas «sanas» bendecidas por Dios y «enfermos» malditos que no tienen acceso al templo; personas «justas» y hombres y mujeres «pecadores».

    La actuación de Jesús en esta sociedad resulta tan sorprendente que todavía hoy nos resistimos a aceptarla. No adopta la postura de los grupos fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores. No sigue la actitud elitista de Qumrán, donde se redactan listas precisas de los que quedan excluidos de la comunidad.

    Jesús se acerca precisamente a los más discriminados. Se sienta a comer con publicanos. Se deja besar los pies por una pecadora. Toca con su mano a los leprosos. Busca salvar «lo que está perdido». La gente lo llama «amigo de pecadores». Con insistencia provocativa va repitiendo que «los últimos serán los primeros», y que los publicanos y las prostitutas van por delante de los escribas y sacerdotes en el camino del reino de Dios.

    ¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos, vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de la sociedad pueden ser ante Dios los primeros? ¿Quién se atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos o los afectados por el sida pueden preceder a no pocos eclesiásticos de vida intachable?

    Sin embargo, aunque ya casi nadie os lo diga, vosotros, los indeseables y anatematizados, tenéis que saber que el Dios revelado en Jesucristo sigue siendo realmente vuestro amigo. Vosotros podéis «entender» y acoger el perdón de Dios mejor que muchos cristianos que no sienten necesidad de arrepentirse de nada.

    Cuando nosotros os evitamos, Dios se os acerca. Cuando nosotros os humillamos, él os defiende. Cuando os despreciamos, os acoge. En lo más oscuro de vuestra noche no estáis solos. En lo más profundo de vuestra humillación no estáis abandonados. No hay sitio para vosotros en nuestra sociedad ni en nuestro corazón. Por eso precisamente tenéis un lugar privilegiado en el corazón de Dios.

    José Antonio Pagola


    2026-09-18

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    DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

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    El texto para el domingo 25 del Tiempo Ordinario (Ciclo A) según la reflexión de José Antonio Pagola en Grupos de Jesús se centra en la parábola de los trabajadores de la viña (Mateo 20,1-16) y nos invita a confiar en la bondad insondable de Dios. [1, 2, 3]
    Ideas principales de la reflexión de Pagola
    • Un Dios que rompe esquemas: Jesús enseña que Dios no actúa según nuestros cálculos humanos de mérito y retribución estricta, sino movido por una bondad generosa que sorprende y desconcierta. [1, 2]
    • Mirar la necesidad, no el mérito: El dueño de la viña paga a todos los jornaleros por igual (un denario) porque a Dios le importa la vida y la necesidad de cada persona, no cuántas horas trabajó o qué tan meritoria fue su labor. [1]
    • Superar la envidia y el cálculo: La reacción de los primeros trabajadores refleja nuestra tendencia a medir el amor y la gracia de Dios con criterios de ganancia y competencia. Jesús nos llama a alegrarnos de que Dios sea bueno con los demás. [1]
    • Inspirar la convivencia: La bondad de Dios no fomenta la irresponsabilidad, sino que debe convertirse en el modelo y la medida para nuestras propias relaciones humanas, basadas en la compasión y la solidaridad. [1]