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2009-02-17

SANACIÓN DE UN LEPROSO

Ciclo BOrd6, 15 de Febrero de 2009

Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio
(Lc 1, 42)

JESÚS DE NAZARET tuvo compasión con un leproso que le suplicó de rodillas que lo curara. Extendiendo su mano sobre él, lo tocó e inmediatamente quedó limpio. Ambos “violaron la ley”. El leproso según la ley antigua era considerado como una persona impura, que no tenía el favor de Dios, y tenía que estar fuera de la comunidad para no contaminar a los demás. Era una persona marginada, es decir, excluida de los beneficios religiosos y sociales de la comunidad. ¿Cuál fue la actitud de Jesús frente al leproso? ¿Qué enseñanza nos quería comunicar? ¿Qué proyecto tenía en mente? Actualmente, ¿quiénes son los marginados? Todas aquellas personas excluidas del bienestar social y religioso son los “leprosos de ahora”. En nuestra parroquia, de acuerdo al análisis de la realidad de 2007, son los adultos mayores y enfermos, y los niños. Y quizá, debiéramos incluir también a los desempleados, que cada vez son más.

EN APARECIDA los Obispos nos dicen que la globalización económica está aumentando “las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantienen en la pobreza a una multitud de personas.” (62). Entre ellos, muchas mujeres, jóvenes, desempleados, niños, ancianos, presos. Ahora, los excluidos, además de ‘explotados’ son también ‘desechables’ (65). Reconocen que ha habido de parte de la Iglesia muy poca preocupación por ellos (100, b-c). De hecho, la mayoría de los católicos no tenemos conciencia de ser misioneros, de ser sal y fermento en el mundo (286), sino más bien estamos atrapados por una espiritualidad individualista (100). Sin embargo, cuando Jesús de Nazaret cura al leproso significa que nos ha traído un Reino en donde no haya marginados sino que todos tengamos la oportunidad de vivir de acuerdo a nuestra dignidad humana, creados a imagen y semejanza de Dios (104).

QUÉ LES PARECE si le pedimos todos los días a Dios que nos conceda el don de la COMPASIÓN. Si Jesús ha sido compasivo con usted y conmigo, entonces también nosotros debiéramos serlo con los marginados. Si usted quiere puede incorporarse a la Misión Permanente de la parroquia para ser misionero desde su casa, barrios, integrado en una pequeña comunidad de base, que nos permita acercarnos a los adultos mayores, enfermos, niños y desempleados, para ‘tocarlos’ y procurar integrarlos a la comunidad social y eclesial.

Agustín Pbro.

2008-12-24

LA SAGRADA FAMILIA

Ciclo B, Navidad-1, 28-Dic-2008


“El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría”
(Lc 2, 40)

Atención: Los principales problemas sociales en nuestra parroquia son la poca comunicación familiar, la mucha desintegración y la violencia familiar. Estos tres problemas tienen como común denominador a la Familia. Ahora bien, uno de los efectos más críticos de esta problemática son los crecientes divorcios o separaciones y el daño tremendo que se les ocasiona a sus hijos, sobre todo a los más pequeños quienes son los que finalmente pagan los platos rotos. De hecho, muchos de ellos ya ni quieren vivir. La institución de la familia está pues muy deteriorada en la actualidad.

¿Cuál será la causa? Ciertamente mucho tendrá que ver la educación o formación, el ambiente donde crecemos y los medios de comunicación (DAP 39), pero ha sido el lado oscuro de la globalización que, por su imposición en nuestras culturas, ha estado lastimando a millones de personas y familias. Y la mayoría ni nos damos cuenta. El Documento de Aparecida nos advierte que la globalización económica (llamado también neoliberalismo) promueve fuertemente el mercado, la eficacia y la productividad por encima de la persona y la familia provocando que unas cuantas familias acaparen casi toda la riqueza, mientras que millones de familias son excluidas y marginadas (DAP 61, 62 y 45; 432, 444-445).

Las estructuras y mecanismos neoliberales que nos rigen, cuyo dios es el dinero y santa claus su patrono, están afectando negativamente a las familias. Cada vez más, el trabajador se ve obligado a tener que trabajar horas extras y hasta el Domingo, Día del Señor, porque tiene que comer. Además, ahora muchas mamás también trabajan, provocando con más razón que ya no se tenga tiempo para cultivar el cariño, el acompañamiento y la vivencia de la fe en familia. Aparecida nos recomienda denunciar este tipo de situaciones (DAP 463-e).

Por tanto, nuestros programas pastorales estarán orientados a tratar de atender directamente a los matrimonios y sus niños, sobre todo a aquellas familias que están ya en proceso de descomposición. Pero también pondremos atención en uno de los causantes principales: La actual globalización económica. Si tenemos temor de Dios, seguramente daremos tiempo, respeto, cariño y una vida digna a todas las familias que nos rodean con el fin de construir en los niños personas fuertes, sabias y llenas de la gracia de Dios.

Agustín, Pbro.

2008-12-16

CONSOLIDAR DESDE LA FAMILIA UNA ECONOMÍA SOLIDARIA

Ciclo B, 4° DomAdv., 21-Dic-2008


“Consolidaré su reino”
(2-Sam 7,12)

Por economía se entiende la generación de bienes y servicios, su distribución y administración, por ejemplo los alimentos y la medicina. Este proceso requiere de trabajo, creatividad y sentido de justicia. Se trata de administrar los bienes y servicios de acuerdo a una justa distribución de la riqueza, y de no dañar ni acabar con los recursos naturales. Sin embargo, en nuestro mundo globalizado de hoy está sucediendo de otra manera. Lo expresan muy bien los Obispos: La globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos humanos, lo que produce la exclusión, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantienen en la pobreza a una multitud de personas (AP 62). La avidez del mercado y su publicidad descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos (AP 50), haciéndolos víctimas de la cultura del consumo y adictos por las sensaciones (AP 51). Muchos de nosotros compramos cosas sólo por comprar y sentir, sin que realmente las necesitemos. En este sistema económico, mientras que algunos acumulan y acumulan bienes y servicios, muchos otros acumulan sólo aire o grasa (AP 357). En algunos casos, ambas cosas.
Esta situación provoca angustia para muchas familias que apenas tienen para sobrevivir, y en donde, por acumular, se van generando relaciones egoístas y excluyentes, dejando de lado la alegría del compartir.

La Palabra de Dios nos dice que más bien acumulemos “tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.” (Mt 6, 19-20). No se puede servir a Dios y al Dinero (Mt 6, 24). Nos advierte el Señor de la tentación de la avaricia (Lc 12, 13). Aparecida nos dice que el neoliberalismo es un sistema económico inicuo (385), que está destruyendo a la familia (463-e), y provoca su crisis (479).

Ya próximos a la Navidad sería bueno que en nuestras familias revisemos nuestra manera de consumir, de acumular y distribuir lo bienes y servicios que tenemos. Además, ¿compartimos nuestros bienes y servicios con otras personas fuera del círculo familiar? Y no estaría de más que pronto nos sometamos a estudios clínicos para saber que tanto aire o grasa hemos consumido. Estamos llamados a consolidar desde nuestras familias una economía solidaria y humana.

Agustín, Pbro.