2026-08-31

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XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A 

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 Para el 23.º domingo del tiempo ordinario del Ciclo A, que se celebra el 6 de septiembre de 2026, la reflexión de José Antonio Pagola sobre el Evangelio de Mateo (18, 15-20) lleva por título «Reunirse en el nombre de Jesús». [1, 2]

El Texto del Evangelio (Mateo 18, 15-20)
  • Jesús habla de la corrección fraterna: si un hermano falla, hay que hablar con él a solas.
  • Si no escucha, se recurre a testigos y finalmente a la comunidad.
  • El pasaje culmina con una promesa central: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". [1, 2, 3]

Claves de la Reflexión de José Antonio Pagola
1. El verdadero sentido de la comunidad
  • Más que inercia: En la Iglesia de Jesús no se puede estar por mera costumbre, miedo o rutina.
  • Adhesión viva: Los seguidores deben estar unidos por una conversión real y por el contacto constante con el Evangelio.
  • La tarea primordial: El primer quehacer de la comunidad cristiana es aprender a reunirse verdaderamente en su nombre. [1, 2]
2. Dónde está la presencia de Dios
  • Sin un gran templo: La destrucción histórica del Templo de Jerusalén obligó a buscar a Dios más allá de los edificios sagrados.
  • En lo pequeño: Dios no se manifiesta por el poder o las imposiciones, sino en las reuniones sencillas de los creyentes.
  • La promesa activa: Jesús asegura su presencia viva allí donde un pequeño grupo se une animado por su Espíritu. [1, 2, 3, 4]
3. Vivir con el estilo de Jesús
  • Un espacio espiritual: Reunirse en su nombre significa crear un ambiente donde reine su compasión y su manera de tratar a los demás.
  • Renovación esencial: Para Pagola, los grandes proyectos humanos o sociales pasan, pero lo que permanece es vivir la fe desde la cercanía, el amor y el perdón que enseñó Jesús. [1, 2]

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23 Tiempo ordinario – A (Mateo 18,15-20)


¿QUÉ HAGO YO POR UNA IGLESIA MÁS FIEL A JESÚS?

«Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La mejor manera de hacer presente a Cristo en su Iglesia es mantenernos unidos actuando «en su nombre», movidos por su Espíritu. La Iglesia no necesita tanto de nuestras confesiones de amor o nuestras críticas cuanto de nuestro compromiso real. No son pocas las preguntas que nos podemos hacer.

¿Qué hago yo por crear un clima de conversión colectiva en el seno de esta Iglesia, siempre necesitada de renovación y transformación? ¿Cómo sería la Iglesia si todos vivieran la adhesión a Cristo más o menos como la vivo yo? ¿Sería más o menos fiel a Jesús?

¿Qué aporto yo de espíritu, verdad y autenticidad a esta Iglesia tan necesitada de radicalidad evangélica para ofrecer un testimonio creíble de Jesús en medio de una sociedad indiferente y descreída?

¿Cómo contribuyo con mi vida a edificar una Iglesia más cercana a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que sepa no solo enseñar, predicar y exhortar, sino, sobre todo, acoger, escuchar y acompañar a quienes viven perdidos, sin conocer el amor ni la amistad?

¿Qué aporto yo para construir una Iglesia samaritana, de corazón grande y compasivo, capaz de olvidarse de sus propios intereses, para vivir volcada sobre los grandes problemas de la humanidad?

¿Qué hago yo para que la Iglesia se libere de miedos y servidumbres que la paralizan y atan al pasado, y se deje penetrar y vivificar por la frescura y la creatividad que nace del evangelio de Jesús?

¿Qué aporto yo en estos momentos para que la Iglesia aprenda a «vivir en minoría», sin grandes pretensiones sociales, sino de manera humilde, como «levadura» oculta, «sal» transformadora, pequeña «semilla» dispuesta a morir para dar vida?

¿Qué hago yo por una Iglesia más alegre y esperanzada, más libre y comprensiva, más transparente y fraterna, más creyente y creíble, más de Dios y menos del mundo, más de Jesús y menos de nuestros intereses y ambiciones? La Iglesia cambia cuando cambiamos nosotros, se convierte cuando nosotros nos convertimos.

José Antonio Pagola



    Evangelio según San Mateo 18,15-20.

    Jesús dijo a sus discipulos:
    Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
    Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
    Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
    Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
    También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
    Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.
    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    San Efrén (c. 306-373)

    Diácono en Siria, doctor de la Iglesia

    Himno inédito

    «Yo estoy allí, en medio de ellos»

    El que celebra solo en el corazón del desierto, él mismo es una asamblea numerosa. Si dos se unen para celebrar entre las rocas, millares y miríadas están allí presentes. Si son tres los que se juntan, hay un cuarto entre ellos. Si hay seis o siete, doce mil millares se han juntado. Si se ponen en fila, llenan el firmamento de oración. Si son crucificados sobre la roca, y señalados con una cruz de luz, se ha fundado la Iglesia. Si están reunidos, el Espíritu planea sobre sus cabezas. Y cuando terminan su oración, el Señor se levanta y sirve a sus siervos (Lc 12,37; Jn 13,4).


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