2009-02-07

Jesús, el Predicador y Liberador

Ciclo B, Ord5, 8 de Febrero de 2009

Curó a muchos enfermos de diversos males
(Mc 1, 34)


JESÚS DE NAZARET empezó a predicar la Buena Nueva del Reino en Galilea. “Para eso he venido”, decía. Los hechos que abarcan su evangelización son la predicación en las sinagogas, la visita a la casa de Simón y Andrés en donde cura a la suegra de Pedro, la oración de madrugada en un lugar solitario, y la curación de diversos enfermos. A excepción de la oración personal, lo demás lo hacía acompañado de sus discípulos. Se trata de una evangelización completa. Ahora bien, nosotros, ¿Predicamos el evangelio? ¿Participamos en algún grupo apostólico o pequeña comunidad de base? ¿Hacemos visitas domiciliarias? ¿Hacemos oración profunda y constante? ¿Procuramos transformar la vida de las personas marginadas, maltratadas, enfermas, desempleadas o que tienen hambre? ¿Procuramos evangelizar en comunión, es decir, en equipo?

EN APARECIDA se dice que “cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva” (AP 146). Este anuncio se da mejor desde una parroquia organizada en pequeñas comunidades de base (170, 203, 310 y 372). No podemos quedarnos tranquilos en nuestros templos, necesitamos salir al encuentro de las personas y las familias, visitarlos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo y ofrecerles procesos de iniciación cristiana (300, 517-i, 548). Para lograr esto, es necesaria la oración personal y comunitaria, y alimentarnos de la Palabra y de la Eucaristía (255). Finalmente, si “el proyecto de Jesús es el Reino de una vida digna para todos” (361), entonces el fin de nuestra pastoral deberán ser los rostros sufrientes de Cristo (393), transformar, desde ellos, su situación (394, 210). Nos recuerdan los Obispos que “todo proceso evangelizador implica una auténtica liberación” (399)

QUÉ LES PARECE si nos cuestionamos. Si haces oración constante está bien pero no es suficiente; si haces oración y sales de misión está muy bien pero no es suficiente; si haces oración, eres misionero y lo haces desde la parroquia y una pequeña comunidad de base es excelente pero no es suficiente. Para ser discípulo y misionero de Jesucristo se requiere, además de todo esto, TRANSFORMAR la situación de los rostros sufrientes de Cristo; de lo contrario, nuestra evangelización sería a medias y estaríamos reprobados.

Agustín Pbro.

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