2013-06-04

Comunicado de prensa: "Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto" (Lc 24,49)

12 de mayo / 2013
Comunicado de prensa
 
Asunto: "Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo
alto" (Lc 24,49)
 
 
Celebramos, en comunión con toda la Iglesia, la solemnidad de la Ascensión
del Señor, fiesta que marca de manera especial la invitación que nuestro
Señor nos hace para permanecer unidos en oración, en espera del envío del
Espíritu Santo, que será la fuerza transformadora que iluminará y guiará el
trabajo evangelizador de todo bautizado.
 
Asimismo, en este día, desde hace 47 años, se celebra en la Iglesia, por
iniciativa del Papa Pablo VI y como respuesta a los trabajos del Concilio
Vaticano II, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, cuyo mensaje
de este año nos invita a reflexionar en el correcto uso que debemos hacer de
las modernas redes sociales, buscando que sean auténticos portales de verdad
y de fe; nuevos espacios para la evangelización.
 
En nuestra Arquidiócesis ya hemos reflexionado en este mensaje en la Jornada
que realizamos la semana pasada.
 
Por lo que hoy, quiero invitar a todos los comunicadores, a quienes
encomiendo de manera particular en esta ocasión, y a quienes hacen uso de
las redes sociales, para que atiendan, desde la caridad, el mensaje que
Cristo nos ha dejado y nunca distorsionen la verdad que nos ha sido
revelada. Buscando, en el buen uso de los instrumentos de la comunicación,
fomentar en la sociedad los valores necesarios para el sano crecimiento y
desarrollo del ser humano.
 
Los comunicadores no deben limitar su labor a la sola información o
entretenimiento, sino que deben ir más allá, recordando que los medios de
comunicación también son partícipes en la educación de quienes hacen uso de
ellos.
 
Bendigo de corazón a todos los que desempeñan sus labores en algún medio de
comunicación social y pido a Dios les ilumine con la gracia del Espíritu
Santo para que realicen su trabajo con un auténtico compromiso, no dejándose
llevar por la corriente superficial que atenta contra la dignidad de la
persona. Recuerden que estar frente a una cámara de televisión, ante un
micrófono o plasmando sus pensamientos en algún medio impreso o electrónico,
implica una gran responsabilidad que no debe ser tomada de forma ligera.
 
Mi oración también se hace extensiva para todos los maestros y maestras,
quienes celebran su día el próximo 15 de mayo. Les pido que nunca se olviden
de la bella misión que implica su vocación; que al compartir sus
conocimientos, recuerden la importancia de formar en la verdad a los hombres
y mujeres que fortalecerán el crecimiento y trascendencia de nuestra
sociedad.
 
 
+ Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey
Pbro. Juan José Martínez Segovia
Departamento de Comunicación
 
 
 

Mensaje: APACIENTA A MIS CORDEROS

12 de abril / 2013
Mensaje
 
Asunto: Mensaje. APACIENTA A MIS CORDEROS
 
 
"Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: 'Simón, hijo de Juan,
¿me amas más que éstos?' Él le contestó: 'Sí, Señor, tú sabes que te
quiero'. Jesús le contesto: 'Apacienta mis corderos'" (Jn 21, 15).
 
Celebramos el tercer domingo del tiempo Pascual. Aún vibra en nuestro
corazón la alegría por la presencia de Cristo Resucitado.
 
En el pasaje del Evangelio de san Juan, que meditamos este domingo, se nos
presenta a los discípulos de Jesús en una actitud pasiva, tal vez aburridos,
sin saber qué hacer; por esta razón, Pedro se ve tentado a regresar a su
antigua situación: ser pescador. Los demás discípulos, que ya reconocen de
alguna manera la autoridad de Pedro, le dicen: "También nosotros vamos
contigo" (Jn 21,3).
 
Viven una noche de pesca, pero sin pescar nada. Qué frustrante debe haber
sido para ellos, diestros pescadores, no obtener ni un solo pez; sin
embargo, Jesús se acerca a preguntarles: "¿han pescado algo?" (Jn 21,5). Con
esto se les indica claramente que es Jesús quien debe orientar el camino que
deben tomar, y es Él quien les dirige en su nueva situación: "Echen las
redes a la derecha" (Jn 21,6).
 
Este "echar las redes", podemos interpretarlo como la misma vida, que se
pone al servicio del Reino de Dios. Hoy, como un día les dijo a los
discípulos, también Jesús nos dice hacia dónde debemos "echar las redes" en
nuestra vida, para que no quede infructuosa y vacía.
 
Después de la pesca, y del reconocimiento de Juan: "Es el Señor" (Jn 21,7),
sienten su cercanía, y Él, come con ellos, permanece con ellos y les hace
experimentar su presencia. Curiosamente, Pedro ha permanecido en silencio,
tal vez le embarga la vergüenza de haber negado al Maestro, de no
reconocerle y hacer, de alguna forma, caso omiso de su presencia resucitada.
 
Ante esto, Jesús lo lleva a aparte y le pregunta por tres veces: "Simón,
hijo de Juan ¿me amas?" (Jn 21,15-17) Es una pregunta a la que no puede
dársele vueltas, es una pregunta concreta que requiere una respuesta
concreta. La contestación de Pedro es afirmativa, y eso demanda un
compromiso preciso. La muestra de que realmente Pedro ama a Jesús lo hará
vida en el "apacentar".
 
Jesús examina a Pedro sobre el amor, porque su tarea como guía de las ovejas
del Buen Pastor, habrá de ejercerse sobre la base del amor al rebaño; según
aquellas palabras de san Ambrosio: "Cristo nos dejó a Pedro como vicario de
su amor".
 
También a nosotros, Jesús se nos aparece en la vida cotidiana, la cual, tal
vez como la de los discípulos, está un poco pasiva, monótona, podemos decir
que, en ocasiones, hasta sin sentido. Él nos pide aventurar la vida para
lograr una verdadera pesca, nos comparte el alimento, la alegría, el fruto
del trabajo. También nos pregunta si realmente le amamos. Nuestra respuesta
tiene que ser concreta, sin vueltas y justificaciones.
 
Nuestro proceder debe ser el de un discípulo que se ha vuelto testigo del
gran amor de Dios y que corresponde de la misma manera. No podemos decir:
"Cristo, sí te amo, pero." continuar con un estilo de vida anticristiana,
llena de vicios o de indiferencia.
 
Como Pedro, le podemos decir: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te
amo". Señor no puedo mentirte, sabes cuánto es el amor que tengo y vivo por
ti. Entonces el Señor, nos pedirá un valiente y perenne compromiso:
"Apacienta mis ovejas"; "Levántate, toma tu camilla y vete"; "Sígueme".
Cualquiera que sea la invitación que Jesús nos haga, debemos dar una
respuesta de amor y de perseverancia, sin temor alguno.
 
Agradezco infinitamente a Dios por esta vocación a la que me ha invitado
para ser pescador y para ser pastor de esta Iglesia de Monterrey.
 
Me encomiendo a sus oraciones.
 
Dios les bendiga siempre.
 
 
+ Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey
 
 
 

2013-03-25

DOMINGO DE RAMOS - CICLO C

Domingo de Ramos - Ciclo c

Citas:
Is 50,4-7:                                     www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9aggyjbr.htm     
Phil 2,6-11:                          www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ajjvpb.htm          
Lc 23,1-49:                           www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ab2ciw.htm     

El Domingo de Ramos nos introduce en la Semana Santa. Estamos por vivir los días más importantes del año litúrgico, estamos por celebrar el misterio Pascual que, por su densidad de significado, celebramos durante varios días.
En la primera Lectura contemplanos al “Siervo sufriente”, aquel que escuchó la Palabra de Dios y, a pesar de ser justo, acepta el sufrimiento como proyecto de Dios para él: la fe lo sostendrá en el momento de la prueba.
Desde siempre, la Iglesia ha interpretado esta figura como una anticipación profética de las vicisitudes de Jesús, el siervo del Padre que obedece lleno de amor y sirviendo en el sufrimiento nos redime y cumple el plan del Padre.
Es Jesús quien nos dirige a nosotros, y a este mundo desconfiado,  palabras de consuelo. Es Jesús quien sufre pero no se desespera, padece pero no esquiva el sufrimiento, continúa sin pararse, recorriendo la vía dolorosa.
Jesús nos enseña a no achicarnos ante la prueba. Ser discípulos significa escuchar la palabra que salva pero pide exponerse. Ser discípulos significa estar disponibles a la palabra, recibirla pero sabiendo también “llevarla”, estar dispuestos a exponerse por ella y a sufrir el rechazo. La aceptación del sufrimiento y la fe en Dios nos ayudan a prepararnos al gran Triduo pascual.
En la segunda lectura podemos descubrir el movimiento de la humillación-exaltación. El Verbo se hace carne, se abaja, asume nuestra naturaleza humana, es en todo semejante a nosotros con excepción del pecado, anuncia el Reino, mueve el centro de gravedad del mundo, cerrado a los ricos y a los poderosos. Jesús hace de los pobres y de los pecadores el centro de su anuncio y de su actuación. Obedece amorosamente al Padre y cumple su voluntad. “Humillándose”, despojándose a sí mismo, es exaltado por el Padre, que le da un nombre que está sobre todo nombre. El nombre indica autoridad, poder; la solidaridad de Jesús con todos lo hace llegar a ser punto de referencia universal, la única vía para la salvación.
Escuchando la Pasión según el Evangelio de Lucas, nos preparamos a revivir los acontecimientos de nuestra salvación. Escucharemos, contemplaremos la pasión con la que Jesús redime al mundo. Podremos detenernos a reflexionar acerca del término “pasión”.
Si por una parte nos recuerda el sufrimiento que padeció Jesús, por otra nos recuerda que este sufrimiento no es un sin sentido, no es absurdo, sino que fue vivido con “pasión” por nosotros, por amor al Padre, por amor nuestro Jesús vive la “pasión”.
Los relatos de la pasión ocupan una tercera parte de todos los evangelios, el gran anuncio del Reino de Dios es la introducción. Nos encontramos ante el trono de Jesús, que es la Cruz. Desde su trono el rey proclama su juicio, el perdón, y entra en su Reino con un pecador. La realeza de Cristo consiste en revelar el verdadero rostro del Padre, en proclamar la misericordia de Dios, en el actuar benévolo con los pecadores.
Todo está pronto para el espectáculo, el cortejo que está bajo la cruz comienza a gritar “¡sálvate a ti mismo!”. Es la lógica del mundo, de nuestra sociedad; salvarse a sí mismos. Jesús no evita la muerte y no nos evitará a nosotros la muerte: Jesús nos quita el miedo a morir, nos salva de la muerte eterna dándonos la vida. La muerte es donde todos temblamos y tenemos frío, donde todos nos sentimos solos, donde todos sentimos la tentación del olvido; allí Dios nos ofrece su amistad, la comunión y la vida eterna.
En nuestra reflexión podremos detenernos en una de la siete palabras de Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Séneca y Cicerón nos cuentan que los condenados a muerte gritaban y maldecían el día de su nacimiento: los espectadores esperaban esto. Quién sabe con qué acentos oían palabras de condena, blasfemias, gritos y lamentos horrorosos. Quién sabe con qué paciencia esperaban la prueba que habría desenmascarado a Jesús delante de todos: no sólo la crucifixión pública, sino también sus mismas palabras de acusación y de maldición... a él que todo lo había hecho bien, que predicaba el amor.
Todos esperaban escuchar cómo su fuerza de ánimo era derrotada por las heridas. Se quedarán desilusionados: no se oyó ningún grito, ninguna blasfemia, ninguna maldición, sino una oración amorosa y suave, palabras de perdón.
¿Por quién intercede Jesus? Por todos: por los soldados que lo abofetearon; por Pilatos, que lo vendió por diplomacia; por Herodes, que se burló de él; por todos, absolutamente por todos y de todos los tiempos. Jesús borra el pecado, intercede para que un pecado imperdonable –condenar y matar al Verbo hecho carne- se perdone a causa de la ignorancia. Cristo agonizante es todavía el buen pastor que trata de salvar a sus ovejas: “no saben lo que hacen”.
¿Sabemos nosotros? ¿Sabemos qué terrible es el pecado? ¿Sabemos cuánto amor hay en nuestra vida? ¿Sabemos cuántas gracias nos ha concedido el Señor? ¿Sabemos que fuimos rescatados a gran precio? ¿Sabemos lo valiosos que somos delante de Dios? Si lo supiéramos y continuáramos lejos de Cristo y de la Iglesia estaríamos perdidos. Pero en Cristo tenemos al sumo y eterno sacerdote que, de una vez por todas, se sacrificó por nosotros y continúa intercediendo por nosotros.

2013-03-17

V Domingo de Cuaresma - C

V Domingo de Cuaresma - C

Introducción: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

Los cristianos somos los que caminamos por esta tierra “fijos los ojos” en Jesús, nuestro único Maestro y Señor. Queremos seguir sus pasos y sus enseñanzas para encontrar la vida y felicidad que tanto anhelamos. Jesús ante la adúltera, ante los letrados y fariseos, nos brinda la bella lección de su postura ante los fallos de los demás. Siempre ofrece su perdón al pecador/a arrepentido/a. “Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis también como yo he hecho”.
Fray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
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Citas:
Is 46,16-21:                     www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ayycfbk.htm    
Phil 3,8-14:                     www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9ak0xkc.htm        
Io 8,1-11:                       www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9abtnih.htm   
                  
El Evangelio del V Domingo de Cuaresma, tomado por Juan y por Lucas (aunque muchos estudiosos piensan que este pasaje forma parte de la tradición lucana, más bien que de la de Juan) de algún modo es, por su tema, continuación y complemento del evangelio del domingo pasado.
El episodio de la mujer adúltera se abre con la intención, por parte de escribas y fariseos, de procesar a Jesús. Estamos llegando a la Pascua y en los evangelios se multiplican, en Jerusalén, las críticas a Jesús, a su obra y a su enseñanza. Se trata de críticas que llevarán a la condena y a la muerte de Jesús.
El Señor se encuentra en el patio del templo, es decir, en el lugar más significativo y sagrado de la religión hebrea, donde Dios había manifestado su presencia desde siglos atrás. Se diría que la santidad del lugar hace más aguda y dramática la controversia entre Jesús y sus acusaodres, una controversia que se hace cada vez más teológica: ¿de qué parte está Jesús? ¿De parte de la ley de Moisés y, por tanto, de parte del Dios de Israel, o de parte de los enemigos y de los detractores de Dios?
La mujer adúltera que los escribas y fariseos ponen delante de Jesús mientras está enseñando a la multitud, es un pretexto: no tanto para confirmar una condena que, en el caso de un adulterio “in fraganti” era castigada con la pena capital según la ley de Moisés , como para llegar a condenar a Jesús.
Los escribas y fariseos le piden su parecer acerca de la interpretación de la ley mosaica. En realidad, le tienden una trampa a Jesús, en la cual, como otras veces, Él decide no entrar. No lo hace tanto por astucia diplomática, como por ir a la raíz de la cuestión que le ha sido propuesta. De este modo, Jesús revela su verdadera identidad: es Él, no los escribas y fariseos, el verdadero intérprete de la ley de Dios; Él es el verdadero templo de Dios, la verdadera y nueva presencia de Dios en medio de los hombres; es Él quien anula y renueva las situaciones humanas. Y lo hace con gestos y palabras.
Ante todo, Jesús escribe con el dedo en la tierra, un gesto extraño sobre el que se han hecho muchas conjeturas y que no es de fácil interpretación. En el evangelio de Lucas encontramos la expresión “si yo expulso los demonios con el dedo de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios” (11,20). Jesús aparece aquí como el dedo de Dios, que había plasmado al hombre con el polvo del suelo y que ahora actúa en Jesús, que perdonando los pecados y derrotando al mal, devuelve al hombre la plena filiación divina.
En Es. 31,18 se dice que Dios le dio a Moisés las dos tablas del testimonio, escritas en piedra con el dedo de Dios. En Jesús la Ley de Dios ya no está escrita sobre tablas de piedra sino, como profetizó Jeremías (Jer 31,31-34), en el corazón del hombre como alianza nueva y definitiva. Otros exégetas se refieren a Jer 17,13 (“Cuando te abandonen serán avergonzados. Los que de ti se alejan serán escritos en tierra, porque abandonaron la fuente de aguas vivas”), para sostener –según una explicación tradicional de los Padres, desde Ambrosio a Agustín y Jerónimo- que Jesús habría escrito los pecados de los acusadores de la mujer y de todos los hombres. Esta última explicación se adapta mejor a lo que sigue en el relato, porque delante de Dios todos los hombres son culpables y los acusadores de la adúltera, con el gesto mudo y repetido de Jesús, leído a la luz de Jer 17, 13, son incluidos en esa condición y ayudados a tomar conciencia del propio pecado y de remitirse al juicio de Dios antes que al de los hombres.
 Las palabras de Jesús despejan cualquier duda sobre el sentido del episodio, partiendo de la primera sentencia que desafía los siglos y los milenios y que continuamente es citada, también en la vida cotidiana de nuestra gente, porque está sedimentada en el pueblo  cristiano: “Quien esté sin pecado, tírele la primera piedra”. Esta sentencia, junto a otra similar de Jeús en Mt 7, 3.5 (“¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que hay en el tuyo? ¡Hipócrita!, quita primer la viga de tu ojo y después quitarás la paja del ojo de tu hermano”), no condena solamente toda hipocresía, o sea, toda presunta “justicia” fruto de las obras humanas, sino que impide a cada uno, en cuanto pecador que es, arrogarse el derecho de juzgar a otro pecador, porque esta clase de juicio le corresponde solo a Dios.
Que Jesús da en el clavo resulta evidente, por el hecho de que todos entienden la lección y se marchan “comenzando por los más viejos”, como subraya el evangelista con una dosis de ironía.
Llegados a este punto, la controversia con los escribas y fariseos se puede dar por concluida, pero el episodio tiene otra conclusión, preparada por el apelativo, “Mujer”, con el que Jesús se dirige a la adúltera, que ha quedado a solas con el Señor (“relicti sunt duo, misera et misericordia”, comenta grandiosamente San Agustín). Es el mismo apelativo con el que Jesús se dirige a su Madre en Caná y al pie de la Cruz. Jesús reintegra a la pecadora y la reconduce a su dignidad de “mujer”, es decir, de imagen de Dios, como el domingo pasado lo hacía el padre corriendo al encuentro del hijo menor. Jesús no le pregunta nada sobre su pasado, no hace averiguaciones, sino que pronuncia su sentencia de absolución, con la soberanía de quien conoce y encarna la misericrdia de Dios. Cualquier pecado que haya cometido la mujer, ya no cuenta más.
Jesús le revela a cada uno lo que verdaderamente somos: tú eres un hijo de Dios; tú eres más grande que tu pecado. Así nos mira Dios a cada uno: “el hombre ve la apariencia, pero el Señor ve el corazón” (1Sam 16,7), y el corazón del hombre, aunque pueda empantanarse en las miserias y pecados de la vida, está hecho para el misterio de Dios, para la belleza, para el amor y para la verdad. La mirada de Dios es una mirada de vida, no de muerte; es una mirada hacia el futuro, no hacia el pasado; es una mirada de misericordia, no de condena.
 Aquella mujer comienza un camino nuevo: “Vete y no peques más”, le dice Jesús. Comenta San Agustín: “El Señor ha condenado el pecado, no a la mujer”. La misericordia de Dios es abrazo al pecador para que se convierta y viva, no es un abrazo al pecado, que lleva a la muerte. Aquí está la originalidad y la alegría del Evangelio respecto a la cultura actual, que continuamente oscila entre libertinismo y justicialismo, entre el buenismo y el rigorismo. Jesús no es ni un relativista, para el que el bien y el mal son la misma cosa, ni un moralista que condena y humilla. Jesús condena sin tregua el pecado, pero ama sin tregua al pecador.
El camino cuaresmal revela que la conversión de nuestro pecado es posible, solo con la condición de que redescubramos y acojamos el amor obstinado y fiel de Dios por nosotros.

2012-10-14

Bord28, Compartimos desde nuestra pobreza

LA BUENA NOTICIA SEGUN SAN MARCOS - Evangelios de los domingos del ciclo "B"
28o. Domingo del tiempo Ordinario - Tema 33.
COMPARTAMOS DESDE NUESTRA POBREZA

Palabra Clave :
"COMPARTIR"
OBJETIVO:
Preparar:
Cruz - candela - biblia - el dibujo ampliado - algunas frutas...


ENTRADA
  • Saludos a los(las) participantes
  • Invocar la luz y la Fuerza del Espíritu

MIREMOS JUNTOS LA VIDA
  1. Miremos el dibujo: ¿Qué vemos? ¿En qué otros cuadros vemos esta misma realidad?
  1. ¿Por qué, cada vez, tenemos menos libertad, la opresión aumenta, la miseria aumenta y la riqueza a la vez aumenta?
  2. Y nosotros, ¿cómo contribuimos a erradicar la pobreza?

ESCUCHEMOS Y MEDITEMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Abrimos nuestros corazones a la Palabra de Dios, cantando un himno de alabanza...
Lector(a):
MARCOS 10, 17 - 30 http://www.cristonautas.com/category/ld-d-comics/
Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones...
Animador(a):
Vamos a descubrir juntos lo que Dios nos quiere decir en este texto:
  1. ¿Qué pide Jesús para ser verdaderamente libre?
  2. ¿Qué impide, en nosotros y nosotras mismas, construir el Reino de Dios?
  3. Nosotros y nosotras, ¿cómo compartimos con los demás?
CELEBREMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Animador(a):
Para seguir a Jesús y entrar en el Reino de Dios, no es suficiente ''ser bueno'', es decir observar los mandamientos, no hacer el mal directamente a nadie, dar limosna...
El Reino de Dios nos es dado gratuitamente. Por eso, debemos nosotros(as) también, poner lo que tenemos al servicio de los demás. Es practicar el ''COMPARTIR'', para que no haya tanta miseria y desigualdad...
Es difícil, Jesús ve en las riquezas un gran obstáculo para ser discípulo suyo.
De este mensaje que Jesús nos ha dado hoy, comprendemos que él nos invita a dejar todo lo que no es necesario y compartir, DESDE LO POCO QUE TENEMOS, para ir haciendo posible el Reino de Dios.
  • Oremos con el salmo 111 (110). Este salmo celebra la acción de Dios, que quiere vida y justicia para todos.
  • Terminamos compartiendo algunas frutas, como señal de nuestro compromiso con los demás.
  • Canto final

BiPo El Salvador

2012-09-21

Homilía de Raúl Vera, Bord_120909, con #yosoy132

Hacer oír y hacer hablar a toda persona
para que se incluya en el proceso de construcción que México necesita

Homilía de Fray Raúl Vera, O.P., Obispo de Saltillo
Saltillo, Coah., 9 de septiembre del 2012

“¡Calma, sean fuertes, no teman: Ahí está su Dios!
Él viene en persona; los desagraviará y los salvará” (Is. 35,4)

Estas palabras del Profeta Isaías significan que Dios, por medio de la redención, es decir, la salvación que realizaría nuestro Señor Jesucristo, convertiría a los seres humanos, mujeres y hombres, en sujetas y sujetos constructores de la historia humana, de acuerdo a lo que Dios ha dispuesto en todo lo que se refiere a la edificación del mundo con sus instituciones de servicio para el bien de la humanidad. Esto es lo que indica el cambio profundo en la persona humana, cuyos ojos ciegos se despegarán, y cuyos oídos sordos se abrirán. La lengua del mudo se desatará (Cf. Is. 35,5-6).

Es una manera figurada con la que el profeta indica que, como sujetos activos en la construcción social, todas y todos tendremos discernimiento y buen juicio para ver las cosas como son, y no dejarnos engañar por los abusivos que están utilizando el poder que tienen para controlar los medios de comunicación y, con engaño, ocultar sus verdaderas intenciones de despojo de nuestros derechos ciudadanos. Porque entre otros, tenemos el derecho a vivir sin violencia, con seguridad para el futuro, cubriendo nuestras más elementales necesidades en el orden de la salud y la educación, del desarrollo integral y la vida digna, el salario suficiente para una alimentación y vivienda dignas. Todas y todos tenemos derecho a un trabajo en condiciones salariales y prestaciones, que respondan a la dignidad humana de las y los trabajadores.

Esto es por lo que el profeta, también en sentido figurado, anuncia un cambio total en la vida del pueblo: “Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto, aguas y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas” (Is. 35,6b-7a).

Ésta es una obligación que deben cumplir las personas que están encargadas de toda la acción política, porque el principal objetivo de la política en cualquier país del mundo, es garantizar a la ciudadanía el disfrute de todos sus derechos, de acuerdo a su dignidad humana y a la libertad que les corresponde. Con ello una persona puede participar de manera activa en la construcción social de todas nuestras instituciones, sin manipulación y sin engaño, como sujetos que en un ambiente respetuoso de la justicia, organizan pacíficamente la vida de la sociedad. En una comunidad política en la que se respetan la justicia y el derecho, todas y todos crecemos como personas plenas y libres, de acuerdo a la dignidad que se nos reconoce como individuos y como pueblo en la Constitución Política de este México que es nuestra patria.

Es posible lograr esta nueva condición del país, si todos nos convertimos en sujetos constructores de la historia, libres de todo lo que destruye al ser humano y a la sociedad, y superando todo lo que Jesús llama intenciones perversas que surgen del interior del corazón, aunque por fuera se quiera aparentar otra cosa (Cf. Mc. 7,20-23). Jesús nos enseñó que por los frutos que se den, conoceremos esencia y procedencia. Cualquiera conoce los frutos que en México están dando, tanto el sistema político, como el económico; por sus frutos sabemos lo que en realidad están haciendo, aún cuando tratan de esconderlo (Cf. Mt. 7,15-20).

El día de hoy también la palabra de Dios nos previene de no asumir dentro de la comunidad cristiana, actitudes que no tienen que ver nada con el Evangelio, como es el hacer acepción de personas, a partir de las desigualdades que surgen de los sistemas injustos en el orden social (Cf. St. 2, 1-4). Santiago apóstol en el fragmento de su carta, que se ha proclamado en la segunda lectura de esta misa, nos advierte que ofende a Dios el que los pobres que surgen de las injusticias que se multiplican en sistemas como en el que vivimos actualmente, sean tratados como personas inferiores y despreciables, y nos advierte que en la mente y el corazón de Dios, los pobres tienen un lugar privilegiado, pues son personas a las que, de un modo muy especial, va dirigido el mensaje del Evangelio (Cf. Ibid 2, 5). En la Iglesia que formamos cada una de nosotras y nosotros, no los podemos ver con el desdén con el que los mira el poder económico y político. Si nosotros también los vemos como despreciables y personas de desecho a quienes hay que excluir, entonces estamos anulando la voz de la Iglesia que tiene que clamar por la justicia, por la verdad y por el amor entre todas y todos los hombres y las mujeres de esta tierra.

Con respecto a lo que hemos venido reflexionando sobre la construcción social, para quienes nos confesamos discípulas y discípulos de Jesús, tanto los pobres como las víctimas, son de las personas que más entienden de justicia, amor, y respeto a la dignidad humana y, por lo tanto, ellas y ellos de una manera muy especial, han de ser convocadas y convocados como artífices privilegiados de la nueva sociedad que debemos ser.

En la tercer lectura que escuchamos, del Evangelio de Marcos, Jesús cura a un sordo, que como consecuencia de su sordera, aprendió apenas a comunicarse con mucha dificultad. Jesús realiza para curarlo dos signos: toca con su saliva la lengua del sordo mudo y pone sus manos en las orejas de éste, y así cerca de la mente y del corazón de quien fue señalado y excluido, elevando su rostro al cielo, clama por medio de un gemido y ordena: ¡Ábrete!. Con lo que el sordo empezó a escuchar, y su tartamudez desapareció, logrando comunicarse perfectamente.

Ambos gestos tienen un significado profundo, que es el enorme esfuerzo que debemos hacer para integrar como sujetos de la construcción histórica, a las personas atadas por los sistemas totalitarios en el orden político y económico, como está sucediendo en este momento y como sucedía en tiempos de Jesús con el Imperio Romano. Estas personas obstaculizadas en su crecimiento, son entre otras muchas, los pobres, las mujeres, los mineros, las y los migrantes, las y los campesinos, las y los jóvenes, las y los estudiantes, las personas marginadas por sus convicciones políticas, y quienes pudieran representar una competencia económica.

Para liberarnos y liberar a otras personas de su sordera y su dificultad para defender sus derechos, requerimos de una sabia organización. Esta emancipación de los pobres que están sumergidos en esa condición, por un sistema que además de explotarlos, manipula su pobreza para que le den el voto, y así seguir viviendo a costa de ellos dentro un círculo vicioso que no les deja escapar, como se hizo con la compra-venta del voto en las elecciones más recientes, nos reclama seguir el camino que Jesús nos muestra en el Evangelio de hoy: Promover a los pobres para que se incorporen activamente en el proceso de reconstrucción de México.

Si en ocasiones nos desalentamos y estamos en medio de riñas e incertidumbres, por intentar no corrompernos y mantenernos libres de la deshonestidad ante las condiciones en que vive el país, tenemos el consuelo y la fuerza de quien nos fortalece y anima a adherirnos a la justicia y al respeto al derecho, Jesús. Él nos enseña que tenemos un Padre en el cielo a quien Él invocó para sacar a aquel sordomudo de su frustración, y unido a Él, pronunció la palabra “Ábrete”. Así nosotros el día de hoy, recordamos lo que Él nos dijo en su Evangelio, que cualquier cosa que pidiéramos en su nombre al Padre Dios, Él nos lo obtendría. Nuestra fe nos da la certeza de que Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre, y que junto con Él, conduce la historia a través de cada una y cada uno de nosotros, quienes buscamos la paz por la práctica de la justicia.

Para vencer nuestros miedos y la resistencia de quienes se oponen a la justicia y a la verdad, contamos con el apoyo de quien nos enseñó también que la verdad nos haría libres (Cfr. Jn 8,31-32). No hay tiempo ni lugar para la cobardía, ensanchemos el corazón para ir al encuentro de los pobres y las víctimas, y descubriremos en ellas y ellos, la levadura de la paz que fermentará a la sociedad para corregir su rumbo.

Encomendémonos a la intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe ante su Hijo, para que Él nos acompañe en la tarea de devolverle a México, la paz y la verdad.

2012-08-28

Agosto28, San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia

AGOSTO 28 SAN AGUSTIN
Obispo. Doctor de la Iglesia
Año 430

Agustín significa "Consagrado, bendecido" (Augusto en latín era lo que estaba consagrado a Dios o lo que era bendecido por la divinidad) Augustinus era un diminutivo de Augustus, o sea un pequeño consagrado, un pequeño bendecido. Nuestro santo resultó ser muy bendecido por Dios, muy consagrado a la divinidad, pero nada pequeño, sino más bien un gigante en el espíritu.
 
San Agustín ha sido uno de los santos más famosos en la Iglesia Católica. Después de Jesucristo y de San Pablo es difícil encontrar un líder espiritual que haya logrado ejercer más influencia entre los católicos que este enorme santo. Su inteligencia era sencillamente asombrosa, probablemente no superada por ningún otro obispo o sacerdote, o doctor. Su facilidad de palabra ha sido celebrada por gentes de todos los países en muchos siglos. Su sabiduría era portentosa. De los 400 sermones que dejó escritos han sacado y seguirán sacando material precioso para sus enseñanzas, los maestros de religión en todos los tiempos.
 
Nació en Tagaste (norte de Africa) en el año 354.. Su padre, Patricio, era pagano, de temperamento violento. Su madre, Mónica, fervorosa católica, era una gran santa. Tenía un hermano llamado Navigio (gran amigo suyo durante toda la vida) y una hermana, que fue la primera religiosa, en Africa, y para la cual el santo escribió la famosísima Regla para las religiosas, en la cual se han basado los fundadores de comunidades en todo el mundo, para redactar las Reglas para sus congregaciones religiosas.
 
Juventud borrascosa. De niño era supremamente inquieto, y aunque poseía una inteligencia envidiable y una memoria portentosa, tenían que castigarlo con azotes para que estudiara, porque lo único que le gustaba era jugar y divertirse. Sus padres lo enviaron a estudiar en Cartago, que era la ciudad más grande de la región, pero en el colegio se dejó llevar por los malos ejemplos, y su comportamiento no fue nada santo. Eso si, en las lecciones llegó a ser el número uno, y en las declamaciones el que más sobresalía. En las discusiones académicas era admirablemente invencible. Pero su moralidad no era ejemplar. Muchos noviazgos. Asistencia demasiado frecuente a funciones y representaciones de teatro nada recomendables (contra esto predica después toda la vida). Hasta los 32 años su existencia es cadena continua de faltas y de miserias morales. De todo ello habla en su más conocido libro.
 
Un libro que se hizo famoso. Cuando Agustín se convirtió al catolicismo escribió el libro llamado "Confesiones", que lo ha hecho famoso en todo el mundo. Su lectura ha sido la delicia de millones de lectores en muchos países por muchos siglos. El comentaba que "a la gente le agrada leer este escrito porque cada cual goza conociendo los defectos ajenos, pero no se esmera por corregir los propios". La lectura de "Las Confesiones de San Agustín" ha convertido a muchos pecadores. Por ejemplo: Santa Teresa cambió totalmente de comportamiento al leer tan bellas páginas.
 
Primeros cambios. Cuando joven tuvo una grave enfermedad, y ante el temor de la muerte se hizo instruir en la religión católica y se propuso hacerse bautizar. Pero apenas recobró la salud se le olvidaron sus buenos propósitos y siguió siendo pagano. Más tarde criticará fuertemente a los que dejan para bautizarse cuando ya son de bastante años, para poder seguir pecando más tranquilamente.
 
Luego leyó una obra que le hizo un gran bien y fue el "Hortensio", de Cicerón. Este precioso libro lo convenció de que cada cual vale más por lo que es y por lo que piensa, que por lo que tiene.
 
Cambio para mal. Pero luego sucedió que tuvo un retroceso en su espiritualidad. Ingresó a la secta de los Maniqueos, que decían que a este mundo lo había hecho era el diablo, y enseñaban un montón de errores absurdos. Luego se fue a vivir en unión libre con una muchacha, y de ella tuvo un hijo al cual llamó Adeodato (que significa: Dios me lo ha dado).
 
Encontrones con la mamá. Al terminar sus estudios en Cartago volvió a su tierra, Tagaste. Pero Mónica no pudo aceptar de ninguna manera que su hijo viviera en unión libre, y además a la santa madre le causaban horror las herejías que Agustín había aprendido en la secta de los Maniqueos, y que andaba repitiendo. Así que sin más ni más, lo echó de la casa. Ella no quería ser alcahueta de los errores de su hijo.
 
 
Otro cambio. Luego leyó las obras del sabio filósofo Platón, y se dio cuenta que la persona humana vale mucho más por su espíritu que por su cuerpo, y que lo que más debe uno esmerarse por formar y fortalecer es su espíritu y su mente. Estas lecturas del sabio Platón le fueron inmensamente provechosas y lo van a guiar después durante toda su existencia.
 
Una desilusión. Se dedicó a leer la Santa Biblia y se desilusionó porque le pareció que ese libro era demasiado sencillo y que no tenía el estilo literario de los libros mundanos. Y dejó por un tiempo de leerla. Después dirá, suspirando de tristeza: "Porque la leía con orgullo y por aparecer sabio, por eso no me agradaba. Porque yo en esas páginas no buscaba santidad, sino vanidad, por eso me desagradaba su lectura. ¡Oh Sabiduría, siempre antigua y siempre nueva. Cuán tarde te he conocido!".
 
Profesor. En Tagaste y en Cartago se dedicó a dar clases por 9 años, con notable éxito. Pero luego dispuso viajar a Roma a enseñar en esa capital.
 
Fuga fracasada. La mamá que temía que en Roma pudiera extraviársele más su hijo y perdérsele por completo, dispuso acompañarlo en su viaje a Roma. Pero Agustín deseaba viajar solo, y la engaño el día de embarcarse, enviándola a una iglesia a rezar, y mientras tanto subiéndose él al barco, que partió enseguida. Después dirá: "Yo engañaba a mi madre, que me amaba como nadie más lo podía hacer en la tierra". Pero Mónica viajó después en otro barco y aunque al llegar a Roma le contaron la noticia de que se había ido a Milán, allá lo siguió, y en adelante será como un ángel de la guarda (en Roma se desilusionó Agustín porque sus alumnos no pagaban nada por sus enseñanzas).
 
Su encuentro providencial. El hombre que marcó definitivamente el cambio de nuestro santo, fue San Ambrosio, arzobispo de Milán, sabio famoso, líder espiritual indiscutible en la ciudad y el país, gran orador, y escritor brillantísimo. Desde el principio el joven profesor se siente como deslumbrado por la sabiduría y la santidad de este gran arzobispo y empieza a no faltar a ninguno de sus sermones, y su modo de pensar y de vivir empieza a transformarse por completo.
 
 
El juego que cambio una vida. Agustín tiene varios amigos que lo acompañan y lo aconsejan y animan. Son: Alipio que desde joven lo ha ayudado siempre. Elpidio, su hermano, y Adeodato su hijo. Un día Romaniano le cuenta la historia de San Antonio Abad que dejó su vida de riquezas y comodidades y se fue a un desierto a rezar y hacer penitencia, y Agustín exclama: "Todos estos se atrevieron a dejar su vida mundana y a empezar una vida de santidad. ¿Y por qué yo no? ¿Qué es lo que me detiene para dar este paso? Y fue entonces cuando empezó a escuchar que en una casa vecina unos niños jugaban y repetían muchas veces esta frase: "¡Abra y lea! ¡Abra y lea! ¡Abra y lea!" El no recordaba haber oído nunca repetir esa frase en un juego, y consideró aquello un aviso de Dios y abrió el primer libro que encontró a mano. Era la Santa Biblia. Y allí encontró el capítulo 13 de la Carta de San Pablo a los Romanos, en el verso 13 y leyó lo siguiente: "Portémonos no como quien está en tinieblas y oscuridad, sino como quien obra a pleno día y a plena luz. Comportémonos de la manera más digna posible. Nada de impurezas ni de vicios o excesos de ninguna Clase. No nos dejemos dominar por la carne y sus concupiscencias" (Rom. 13, 13). Aquello fue como un relámpago en su cerebro. Empezó a llorar y se dio cuenta de que su comportamiento hasta entonces había sido todo lo contrario de lo que Dios mandaba en sus frases que acababa de leer, y que era necesario empezar una vida totalmente nueva y distinta de la anterior. Tenía 32 años de edad. Los siguientes 40 años serán de admirable santidad, progresando cada vez más y más.
 
La conversión. Despachó hacia el Africa a la madre de Adeodato y nunca más se volverá a encontrar con ella. Abandonó para siempre los juegos de azar y las fiestas mundanas (Ya había quemado los libros de los herejes Maniqueos, convencido de que lo que enseñaban eran errores horrendos). Y se dedicó con todo entusiasmo a prepararse para hacerse bautizar y llegar a ser cristiano católico. Mónica gozaba lo indecible. Con razón un obispo le había dicho a ella al verla llorar y rezar tanto por la conversión de Agustín: "Es imposible que se pierda un hijo por el cual ha rezado y llorado tanto".
 
El bautismo. En la Pascua del año 387 Agustín recibe solemnemente el bautismo de manos del gran arzobispo San Ambrosio. En ese día fueron bautizados también su amigo Alipio y su hijo Adeodato que tenía 15 años. Fue un día grande, enormemente feliz.
 
La muerte de Mónica. La santa madre no se cambiaba por nadie. Ya había logrado todo lo que anhelaba en esta vida, la conversión de su hijo. Ahora podía partir contenta para la eternidad. Y entonces sucedió que viajando con Agustín hacia el Africa, antes de embarcarse en el puerto de Hostia, en Italia, ella se sintió morir, y llamando a su hijo le dijo emocionada: "¿Ya qué me queda por esperar en esta vida? Ya he logrado lo que más deseaba: verte cristiano católico". Y expiró en sus brazos dulcemente. Agustín la lloró amargamente, y durante toda su vida guardó su recuerdo como lo más precioso de su juventud. En su libro de La Confesiones, habla bellísimamente acerca de esta santa mujer
 
 
Sacerdote y obispo. Al volver al Africa fue ordenado sacerdote, y el obispo Valerio de Hipona, que tenía mucha dificultad para hablar, lo nombró su predicador. Y pronto empezó a deslumbrar con sus maravillosos sermones. Predicaba tan hermosamente como nunca ninguno había oído predicar por allí. Las gentes lo escuchaban hasta por tres horas seguidas sin cansarse. Los temas de sus sermones eran todos sacados de la Santa Biblia, pero con un modo de hablar tan agradable y sabio, que sus oyentes se entusiasmaban al escucharlo.
 
Y sucedió que al morir Valerio, el pueblo lo aclamó como nuevo obispo y tuvo que aceptar. En adelante será el obispo modelo, un padre bondadoso para todos. Vivirá con sus sacerdotes en una amable comunidad sacerdotal donde todos se sentirán hermanos. El pueblo sabrá siempre que la Casa del obispo Agustín está siempre abierta para los que necesitan alguna ayuda espiritual o material. Será el gran predicador invitado por todos los obispos y sacerdotes de los alrededores para sus grandes fiestas, y el escritor de libros bellísimos que han sido y serán la delicia de los católicos que quieran progresar en santidad. Difícilmente las gentes encontraban un pastor tan amable y bondadoso como Agustín. El tenía la rara cualidad de hacerse amar por todos. Y lo veneraban como a un auténtico santo.
 
Martillo de los herejes. Había en el norte de Africa unos herejes llamados Donatistas, que enseñaba que la Iglesia no debe perdonar a los pecadores y que como católicos solamente pueden ser admitidos los que son totalmente puros (pero ellos no tenían ningún reparo en asesinar a los que se les oponían a sus doctrinas) Agustín se les opuso con sus elocuentes sermones y sus brillantísimos escritos, y ellos no eran capaces de responderle a sus razones y argumentos. Al fin el santo logró hacer una reunión en Cartago de todos los obispos católicos de la región, con todos los jefes de los Donatistas y allí los católicos dirigidos por nuestro santo derrotaron totalmente en todas las discusiones a los herejes, y estos fueron abandonados por la mayor parte de sus seguidores, y la secta se fue acabando poco a poco.
 
Los pelagianos. Vino enseguida otro hereje muy peligroso. Un tal Pelagio que enseñaba que para ser santo no hace falta recibir gracias o ayudas de Dios, sino que uno mismo por su propia cuenta y con sus esfuerzos logra llegar a la santidad. Agustín que sabía por triste experiencia que durante 32 años había tratado de ser bueno por sus propios esfuerzos y que lo único que había logrado era ser malo, se le opuso con sus predicaciones y sus libros y escribió un formidable tratado de "La Gracia", el cual prueba que nadie logra ser bueno ni santo si Dios no le envía gracias o ayudas especiales para serlo. En este tratado tan lleno de sabiduría, se han basado después por siglos los teólogos de la Iglesia Católica para enseñar acerca de la gracia.
 
Su último libro. Cuando Roma fue saqueada y casi destruida por los bárbaros de Genserico, los antiguos paganos decían que todos estos males habían llegado por haber dejado de rezar a los antiguos dioses paganos y por haber llegado la religión católica. Agustín escribió entonces un nuevo libro (el más famoso después del de las Confesiones) al cual le puso por nombre "La Ciudad de Dios". (Empleó 13 años redactándolo). Allí defiende poderosamente a la religión católica y demuestra que las cosas que suceden, aunque a primera vista parece que son para nuestro mal, están todas en un plan que Dios hizo en favor nuestro y que al final veremos que eran para nuestro bien (o como dice San Pablo: "Todo sucede para bien de los que aman a Dios").
 
Muerte dichosa. El año 430 el santo empezó a sentir continuas fiebres y se dio cuenta de que la muerte ya le iba a llegar. Tenía 72 años. Y cumplía 40 años de ser fervoroso católico. Su fama de sabio, de santo y de amable pastor era inmensa. Los bárbaros atacaban su ciudad de Hipona para destruirla, y él murió antes de que la ciudad cayera en manos de semejantes criminales. A quien le preguntaba si no sentía temor por la muerte, le respondía: "Quien ama a Jesucristo no debe tener miedo de ir a encontrarse con El". Pidió que escribieran sus salmos preferidos en grandes carteles en las paredes de su habitación para irlos leyendo continuamente (él en sus sermones había explicado bellísimamente los salmos). Durante su enfermedad curó a un enfermo, con sólo colocarle sus manos sobre la cabeza. Y varias personas que estaban poseídas por malos espíritus quedaron libres de tan espantosos enemigos, al orar el santo por ellas. (San Posidio, el obispo que lo acompañó en sus últimos días, escribió después su biografía).
 
El 28 de agosto del año 430 se cumplió aquella frase famosa que él había escrito: "Nos has creado para Ti, Señor, y nuestra alma no encontrará la verdadera paz sino cuando logre descansar en Ti". Ese día descansó en la paz del Señor y fue a gozar para siempre en el cielo, de la verdadera paz, la paz que nunca se va a acabar.
 
San Agustín: te admiramos. Pídele a Dios para nosotros una conversión como la que te concedió a ti. Quiera Dios que sí sea así.
 
SI ESTE Y AQUEL PUDIERON SER SANTOS,
¿POR QUÉ NO LO VOY A PODER SER YO?

(San Agustín)

 
Tomado de Vida de Santos del P. Eliécer Sálesman
 

2012-08-05

Bord18, Los discípulos no entienden el proyecto de Jesús (BiPo-Mc)


LA BUENA NOTICIA SEGUN SAN MARCOS - Evangelios de los domingos del ciclo "B"
Tema 23 - textos que pueden se usados entre el 17o. y el 21o. domingo del tiempo ordinario.
LOS DISCIPULOS NO ENTIENDEN EL PROYECTO DE JESUS

Palabra Clave :
" FANTASMA "
OBJETIVO:
Descubrir lo que pensaban los discípulos, de Jesús y de su proyecto.
Preparar:
Cruz - candela - biblia - el dibujo ampliado

ENTRADA
  • Saludos a los(las) participantes

MIREMOS JUNTOS LA VIDA
  1. ¿Qué vemos en el dibujo?
  1. ¿Por qué resultan tan difíciles de realizar los proyectos colectivos de salud, de educación, de vivienda, las cooperativas, los proyectos comunitarios?
  2. ¿Conocemos algunos ejemplos concretos de tales proyectos en nuestra realidad?
  1. ¿Qué pasa con esos proyectos?

ESCUCHEMOS Y MEDITEMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Abrimos nuestros corazones a la Palabra de Dios, cantando un himno de alabanza...
Lector(a):
MARCOS 6, 45 - 52
Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones...
Animador(a):
Vamos a descubrir juntos lo que Dios nos quiere decir por este texto:
  • "Los discípulos no han entendido el proyecto de Jesús de liberación del pueblo, a través del compartir el pan. Los discípulos ven a Jesús "flotando" sobre el mar, que representa la maldad humana, toda la opresión y la miseria de los hombres. Jesús no se hunde en ese mar, sino que lo domina y calma la tormenta" (Pablo Richard).
A los discípulos, les parece que el proyecto de Jesús es como un "fantasma": algo sobre-humano, que les llena de temor. Jesús les quita el miedo y les fortalece la fe.
  1. ¿Dónde está Jesús y qué hace?
  1. ¿Qué les pasa a los discípulos?
  1. ¿Cómo ilumina hoy este texto nuestra realidad?

CELEBREMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Animador(a):
Muchas personas no perciben que el comercio y la gana de acumular siempre más, deben ser substituidos por el dar y el compartir. Con tal mentalidad, Jesús parece un "fantasma": alguien que tiene capacidades sobre humanas y mete miedo.
Hoy, Jesús abrió nuestras mentes y nuestros corazones. Ya sabemos cuál es su proyecto: liberarnos de nuestro egoísmo para que juntos intentemos vencer la maldad, la opresión, la miseria de la gente.
¿A qué podemos comprometernos para servir al proyecto de Jesús?
(buscamos algo relacionado con "salud", o "escuela", o "cooperativa", u otro proyecto comunitario...)
Conclusión:
Rezamos el Salmo 101 (100). Las palabras del salmo nos ayudan a mirar si andamos de acuerdo con el proyecto de Jesús (cada persona dice un versículo).
Canto final.


Bipo el Salvador

2012-07-27

Bord17, El proyecto liberador de Jesús (Bipo-Mc)

LA BUENA NOTICIA SEGUN SAN MARCOS - Evangelios de los domingos del ciclo "B"
Textos que pueden ser usados entre el 17o. y el 21o. Domingo Ordinario - Tema 22.
EL PROYECTO LIBERADOR DE JESUS

Palabra Clave :
"COMPARTIR"
OBJETIVO:
Conocer lo que hace Jesús para que el pueblo se organice para compartir.
Preparar:
Cruz - candela - biblia - el dibujo ampliado - algo para compartir (pan o tortilla, avisando el día de la asamblea anterior)

ENTRADA
  • Saludos a los(las) participantes
  • Invocar la luz y la fuerza del Espíritu

MIREMOS JUNTOS LA VIDA
  1. ¿Qué vemos en el dibujo? ¿Qué hacen? ¿Por qué lo harán?
  1. ¿Esto es fácil en la sociedad en que vivimos?
  2. ¿A qué nos empuja esta sociedad ''neoliberal'' en que estamos?

ESCUCHEMOS Y MEDITEMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Introducción a la lectura:
Marcos en su evangelio nos cuenta lo que pasó en un banquete del rey Herodes: seducido por la danza de una muchacha hija de su amante, Herodes manda a cortar la cabeza de Juan Bautista en la cárcel. Es el BANQUETE DE LA MUERTE.
Poco después, Jesús siente compasión de las multitudes que lo siguen, pues ''eran como ovejas sin pastor'' y les enseña largamente. Lo escuchamos en nuestro último encuentro.
Hoy vamos ha escuchar a Jesús el Buen Pastor: él enseña también a la gente cómo vencer el hambre, compartiendo lo poco que tiene cada uno.
Abrimos nuestros corazones a la Palabra de Dios, cantando un himno de alabanza...
Lector(a):
MARCOS 6, 30 - 44 (Jn 6, 1-15)
Hacemos un tiempo de silencio, para que la palabra de Dios pueda penetrar en nuestros corazones...
Animador(a):
Vamos a descubrir juntos lo que Dios nos quiere decir en este texto:
  1. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué quiso Jesús revelar?
  1. Decir experiencias gratificantes que hicieron de compartir con los demás...
  2. ¿Qué nos quiere decir Jesús hoy a nosotros(as), que vivimos en una sociedad neoliberal que nos enseña el individualismo?

[El documento de Aparecida dice que:
540. Los discípulos y misioneros promueven la cultura del compartir en contraposición de la cultura dominante de la acumulación, y asumen un estilo de vida sobrio para ir al encuentro de los hermanos que viven en la indigencia.]

CELEBREMOS JUNTOS LA PALABRA DE DIOS
Animador(a)
Hubo el banquete de la muerte, celebrado por el rey Herodes cuando mandó a matar a Juan Bautista. En contraste, vimos hoy el banquete de la vida, celebrado por Jesús con la gente sencilla.
Marcos no nos dice cuál era la enseñanza de Jesús. Jesús nos dice, con toda su actuación ese día, que no es necesario tener mucho dinero para alimentar al pueblo; simplemente se trata de dar y compartir lo que tiene cada uno.
Vamos hacerlo con lo que hemos traído hoy. (Compartimos y comemos lo que cada uno ha traído)
  • Tomamos juntos un compromiso: lo que podemos hacer para poner en práctica el evangelio que escuchamos hoy...
  • Terminamos alabando a Dios con el salmo 145 (144). El Reino de Dios llegará cuando todos sepamos compartir con los demás. (cada persona puede leer un versículo, alternándose)
Canto final.


Bipo El Salvador