2008-11-11

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

Ciclo A, 33° Dom.Ord., 16 de Noviembre de 2008


“Te felicito, siervo bueno y fiel”(Mt 25, 23)

INTRODUCCIÓN. Hoy escucharemos una llamada de Jesús al Trabajo y a la Vigilancia, con la hermosa parábola de “Los Talentos”, la cual consta de tres partes: 1) El Señor encomienda la hacienda a sus servidotes, 2) Los servidores negocian los talentos que se les han confiado, 3) El Señor regresa y pide cuentas a sus servidores.

EL SIERVO PEREZOSO. Con toda intención la parábola se centra en el empleado inútil y perezoso. Todas las razones que tuvo el siervo perezoso para esconder el talento desprestigian al amo: hombre duro, que recoge lo que no siembra. El temor a una reacción peor lo obliga a ocultar en tierra el talento del amo. Cuando el amo reclama al siervo, este le responde con indolencia: aquí tienes lo tuyo. El amo reacciona de acuerdo con las palabras del siervo y lo tacha de Malo y Perezoso.

El siervo al conocer cómo es su señor, hubiera puesto el dinero en el banco para recibir al menos los réditos; pero su indolencia ni eso le permite hacer. En definitiva el siervo no quiere explotar sus capacidades personales, aún cuando fueran mínimas. Un doble castigo presenta la parábola: El siervo es despojado del talento que se le había confiado, y será arrojado por su inutilidad a las tinieblas, símbolo de la separación definitiva del Reino de Dios. El talento, propiedad del amo, y que no debe quedar sin dar fruto, se le dará al que tiene diez.

ENSEÑANZA. Es evidente que el empleado inútil representa a las personas que no se esfuerzan por sacarle provecho a las cualidades y dones que recibieron de Dios. Jesús quiere recordar que no se conseguirán premios del cielo si primero no se han hecho esfuerzos ni se han corregido riesgos. El MEJOR TALENTO es nuestra capacidad de amar a Dios y al prójimo. Es un talento que debemos ir repartiendo entre los pobres, enfermos, angustiados, entre los familiares, vecinos y todos los que vengan en busca de un favor.


David, Pbro.

2008-11-05

LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN

Ciclo A, 9 de Noviembre de 2008


El celo de tu casa me devora
(Jn 2, 17)


La IRA es uno de los 7 pecados capitales. Los demás son la soberbia, la gula, la pereza, la lujuria, la avaricia y la envidia. La IRA es un deseo de venganza. Si la IRA llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad, es pecado mortal (CIC 2302).

La IRA justificada es una santa indignación, es un deseo ardiente pero razonable de imponer a los culpables un justo castigo. Así se airó justamente Nuestro Señor Jesucristo contra los vendedores del templo que manchaban con sus negociaciones la casa del Padre. La acción de Jesús que el evangelio de hoy nos relata, tiene varios significados:

1) Es la protesta de un reformador religioso, que corrige con energía los abusos que profanan el Templo de Dios. Con esto, Jesús no hacía sino continuar la conducta de algunos de los profetas. El Templo es la casa de Dios que Jesús quiere mantener limpia.

2) Es un signo de los tiempos mesiánicos. El profeta Malaquias preveía una purificación acrisolada para el culto levítico del templo (3, 1-3), y Zacarías, entreviendo para los tiempos mesiánicos una sacralización de todas las cosas en la tierra de Israel, escribía “Y no habrá más comerciantes en la casa de Yahvé Sebaot” (14, 21).

3) El anuncio de una víctima nueva. Al arrojar fuera del templo a los animales destinados a la inmolación, Jesús quería significar que el sacrificio de animales estaba por terminar.

La IRA, para que no sea pecado, y sea una IRA JUSTIFICADA O LEGÍTIMA, requiere de tres condiciones: Una causa justa, un completo dominio sobre la cólera y la misericordia.


David, Pbro.

LOS FIELES DIFUNTOS

Ciclo A, 31° Dom.Ord., 2 Noviembre de 2008

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre(Jn 6, 51)


INTRODUCCIÓN. Hoy, que recordamos a nuestros hermanos difuntos de quienes la muerte nos ha separado, es muy importante tener una idea clara y confortante de la muerte. El misterio de la muerte suscita en nosotros sentimientos de tristeza que son naturales, respetables y de los que no debemos avergonzarnos. La muerte causa una separación entre nosotros y las personas que amamos, la cual nos duele. Se ha dicho que la muerte es “La separación temporal del cuerpo y del alma. El cuerpo se va al sepulcro y el alma se va con Dios para ser juzgada”. San Agustín nos dice que “La muerte es el encuentro con Cristo, a quien amamos”.

EL MISTERIO DE LA MUERTE. En el momento de su vendida entre nosotros, Jesús tomó totalmente nuestra condición humana. No se sustrajo ni al dolor causado por la muerte de sus seres queridos, ni a su propia muerte, que él sabía que iba a ser humillante y dolorosa, y que incluso quiso sacarle la vuelta: “Padre mío, si es posible que pase de mí este cáliz…” Pero al morir, Jesús le dio un sentido nuevo a su muerte y a la de nosotros. Su muerte fue expresión de amor a su Padre y a nosotros.

Con la Resurrección de Jesús, Dios destruyó nuestra muerte. Jesús, nuestra cabeza, ha sido el primero en participar plenamente de la vida nueva, que también nosotros esperamos en él. El es el primogénito de entre los muertos. Jesús, en su propia muerte, da un sentido nuevo a su muerte y a la nuestra. Lo que para nosotros es un “hasta aquí llegaste”, él lo hace entender como un “inicio nuevo de existencia”. Lo que para nosotros era sólo muerte, él nos lo devuelve como vida nueva. Esta es nuestra fe y nuestra esperanza.

CONCLUSIÓN. El mayor miedo de la humanidad es el miedo a la muerte. Nadie nos queremos morir. Pero hoy se nos enseña una medicina para este miedo: Creer en la Palabra de Dios y recibir los Sacramentos. Cristo dijo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51) ¿Tienes miedo a la muerte? Recibe la Eucaristía, previa Confesión. Y se acabó el miedo. La Eucaristía es germen de vida eterna.

Bienaventurados los que están de luto (por la muerte de un ser querido) y creen en la Resurrección de los muertos.

David, Pbro.

2008-10-20

LOS DOS AMORES

Ciclo A, 30° Dom.Ord. 26 Octubre de 2008


"Amarás al Señor, tu Dios… Amarás a tu prójimo como a ti mismo"
(Mt 22, 37.39)

La pregunta que un doctor de la ley le formula a Jesús: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?", quiere confundir a Jesús considerando que los fariseos tenían ya 613 preceptos de la Ley, los cuales habría que conocer y practicar. Jesús responde teniendo presente Dt 6, 5 y Lv 19, 18: Para Jesús, la actitud filial a Dios y la solidaridad fraterna son el fundamento de la vida religiosa. El amor al prójimo es tan importante como amar a Dios (1 Jn 4, 20). Las bienaventuranzas lo afirman categóricamente (Mt 5, 20ss). ¡Dios es nuestro Padre y si todos somos hijos del mismo Padre, entonces todos somos hermanos, integrantes de una misma familia!

En el presente, si la Iglesia nos invita a globalizar la solidaridad (DAP 64), es porque va ganando la globalización del individualismo, es decir, vamos imponiendo una cultura en donde cada quien se rasca con sus propias uñas dentro de una competencia salvaje tratando de acaparar lo más posible, con todos los medios posibles, y de gastar lo menos posible: “Que los más débiles y el Estado sean quienes paguen los platos rotos” dirán los seguidores de la "religión" del neoliberalismo. Las consecuencias de esta "religión" las estamos experimentando en el presente.

Cumplir la voluntad de Dios Padre en la actualidad, es obrar contra corriente. De aquí la urgencia de tomar conciencia de que somos Pueblo de Dios, Familia de Dios, Hermanos en Dios. Para que cuando queramos despojar a alguien de sus bienes tengamos más conciencia de que lo estamos haciendo con un hermano y finalmente con Cristo mismo.

El vivir la solidaridad fraterna no es completa si con quienes somos solidarios no están incluidos los rostros sufrientes de Cristo. ¿Sabe usted quiénes son los más vulnerables de su familia, de su comunidad, de nuestro Estado…?

Entonces, la solidaridad fraterna, empezando con los más vulnerables, es criterio de renovación pastoral y, en último término, de salvación. Esto el eje central de nuestra fe cristiana.


Agustín, Pbro.

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES

Ciclo A, 29° Dom.Ord. 19 Octubre de 2008


Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones
(Mt 28, 19)

Por el bautismo todos somos misioneros, no sólo los sacerdotes y las religiosas.

Somos misioneros desde nuestra casa con la familia, en el trabajo, en la escuela, es decir, no sólo en los retiros, en los salones del templo y en la Misa.

Somos una Iglesia misionera, por eso es también necesario participar desde la comunidad eclesial en la misión. Es decir, no es suficiente hacer la misión de manera personal, ni siquiera desde mi grupo o movimiento.

La misión no es temporal, mientras dura el gusto. Debe ser permanente. Para ello se requiere abrir muchos centros de misión o pequeñas comunidades o comunidades eclesiales de base: es lo mismo. Lo importante es abrir un nivel de Iglesia en un barrio que permita que las familias vivan su fe.

En la misión participan todos, no sólo los que saben más, los que se saben el rosario, los que se llevan bien con todos, etc. La misión incluye, no margina. Pretender una Iglesia con una pastoral de puras personas seleccionadas es una pretensión diabólica.

Los destinatarios de la misión son todos, pero hay que empezar con los más vulnerables. Por tanto, empieza analizando la realidad, y a la luz de la Palabra y con la fuerza de la Eucaristía se transforma el contexto de los destinatarios en Reino de Dios.

Todos tenemos obligación de cooperar económicamente en la misión, tanto para las tierras lejanas como para la misión local.

No seremos misioneros si primero no somos discípulos de Jesucristo. No seremos discípulos de Jesucristo si no tenemos un corazón disponible para una renovación o conversión personal y pastoral.


Agustín, Pbro.

2008-10-06

EL BANQUETE DE BODAS

Ciclo A, 28° Dom.Ord., 12 Octubre de 2008


… y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren.
(Mt 22, 9)

La parábola del banquete de bodas nos muestra quiénes son los invitados al Reino de Dios. Se invita a todos, cercanos y alejados, pero sólo aceptan la invitación los de corazón disponible y sin apegos, los cuales tendrán que ir correctamente vestidos, es decir, vivir con un estilo de vida como el de Jesús. La Palabra del Señor nos invita, pues, a tener tiempo para convivir con los hermanos y hermanas, tener tiempo para practicar los valores del Reino en la Comunidad que fundamentalmente son la Justicia y la Verdad. Ambas tareas, desde un estilo de vida sencillo como el de Jesús.

Actualmente se sobrevalora el individuo y sus deseos inmediatos, lo cual hace que poco o nada nos preocupemos por el bien común de la familia o de la comunidad (DAP 44). En el individualismo influyen la avidez del mercado que descontrola el deseo de las personas, en especial de los niños y los jóvenes, y con facilidad nos hace adictos; y la publicidad que nos conduce ilusoriamente a creer que vivimos en un mundo maravilloso, pero imaginario (#50.51.54). Además, la pobreza y el endeudamiento (por ejemplo con las tarjetas de crédito) obligan a muchos a tener que trabajar de más en perjuicio de la familia, de la comunidad y de la Iglesia.

Jesús nos llama a seguirlo (Mc 3, 14) para correr su misma suerte y hacernos cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas (DAP 131). Nos da un encargo muy preciso: anunciar el Evangelio del Reino a todas las naciones (Mt 28, 19; #144).

Sabiendo que el Evangelio del Reino requiere un estilo de vida apegado a la verdad y a la caridad, es necesario revestirnos de un estilo de vida más sencillo, austero y solidario (#100-h), para luego promover la cultura del compartir, en contraposición de la cultura dominante de la acumulación, e ir al encuentro de los hermanos que viven en la indigencia (#540). Cuando compartimos nos desarrollamos más plenamente en la comunión (#359).

Agustín, Pbro.

2008-09-29

LOS VIÑADORES HOMICIDAS

Ciclo A, 27° Dom.Ord., 5 Octubre de 2008


… arrendará el viñedo a otros viñadores
(Mt 21, 41)

La parábola de este domingo se da en el contexto de un fuerte conflicto entre Jesús y los dirigentes de su pueblo. Utiliza de nuevo el símbolo de la viña, que se utilizaba a menudo para hablar del pueblo de Israel (Is 27, 1-6; Sal 80, 9-17). La parábola tendría entonces el siguiente significado: los jornaleros que atropellan a los mensajeros son los jefes religiosos de Israel quienes se han apropiado del pueblo, y ven como un peligro al hijo del amo, por lo que deciden asesinarlo. A nosotros, esta parábola nos invita a no apropiarnos del nuevo Pueblo de Dios sino más bien a dar frutos de caridad, comunión y participación.

En la realidad actual son cada vez más las personas alejadas de la Iglesia y los rostros sufrientes en el mundo y en México, lo que significa que quizá estamos más ocupados en apropiarnos del pueblo de Dios que en dar frutos de justicia, solidaridad y fraternidad. Por eso, el Documento de Aparecida, que es la voz de nuestros pastores en Latinoamérica, nos invitan a una renovación eclesial en lo espiritual, pastoral e institucional (DAP 367).

Frente a una globalización económica que nos está destruyendo, sentimos un fuerte llamado para promover una globalización por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los ddhh (DAP 64). Frente a una Iglesia en donde la mayoría de sus integrantes son solo espectadores, estamos llamados a una participación desde la elaboración y ejecución de los proyectos pastorales (213).

Cuando el Documento de la “La Misión Continental” nos da los Medios para una Misión Permanente: Beber de la Palabra, Alimentarse de la Eucaristía y Construir la Iglesia formando pequeñas comunidades (Mt 18, 20; RM 20), lo hace para que preparemos mejor el banquete para los pobres, en quienes está presente el Mesías. En su promoción y la defensa de sus derechos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo (Mt 25, 37-40; NMI 49).

Agustín, Pbro.

2008-09-22

LOS DOS HIJOS

LOS ADELANTADOS EN EL REINO DE DIOS
Ciclo A, 26° Dom.Ord. 28 de Septiembre de 2008

¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?...
(Mt 21, 31)


La pregunta que Jesús hace a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, no deja escapatoria y exige discernimiento para contestar.

EL PRIMER HIJO, representa sobre todo al pueblo judío que dijo que sí a la ley de Moisés, pero se ha negado a aceptar la invitación a la Conversión, hecha por Juan el Bautista y por Jesús, que les dijo: “Conviértanse porque está llegando el Reino de los cielos” (Mt 3, 2; 4, 17). Son aquellos que les gusta aparentar, que se la dan de muy religiosos, pero no transitan por el camino del amor del perdón y de la justicia.

EL SEGUNDO HIJO, representa a los paganos y pecadores (publicanos y prostitutas) que primero dijeron no con su mal comportamiento, pero finalmente han escuchado la invitación a trabajar por el Reino y se han convertido. Son Aquellos de espíritu rebelde, que de entrada se niegan, pero en el fondo tienen un buen corazón, generoso, y practican sin mucha ostentación las obras de justicia y misericordia.

Evidentemente que a Dios le agradan los que dicen sí y hacen sí. En su Palabra leemos: “No todo el que diga ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre” (Mt 7, 21)

CONCLUSIÓN: ¡Cuántos brillantes oradores existen en nuestra sociedad! Argumentan principios morales sólidos y dan consejos, corrigen al prójimo con autoridad, son inflexibles frente al mal… Pero actúan igual que sus corregidos.

ORACIÓN: Señor Jesús, danos la fuerza de corregir más con nuestras buenas obras que con las palabras. Amén

David, Pbro.

2008-09-19

LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA

Ciclo A, 25° Dom.Ord., 21 de Septiembre de 2008


¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?
(Mt 20, 15)

INTRODUCCIÓN: El dueño de la viña nos busca para trabajar. No se fija en nuestras capacidades, sino que confía en que haremos las cosas bien. Nos dará, evidentemente, un pago justo: ¡La vida eterna! No nos hagamos sordos a esa invitación, porque hay mucho trabajo.

ENSEÑANZA: Los primeros destinatarios de esta parábola son los fariseos y escribas, que murmuraban contra Jesús y lo criticaban por ir con los pecadores, acogerlos y aceptar su amistad. Jesús responde a estas críticas aludiendo al buen padre de los cielos, cuya bondad es tanta, que supera los límites de la justicia humana.

Los fariseos y escribas rechazaban a los pecadores, como impuros y malditos de Dios. Jesús, en cambio, los invita a entrar en su viña, y aún cuando hayan sido invitados a la última hora del día, él, en su generosidad sin límites, les dará como salario ¡el mismo Reino de los cielos!

CONCLUSIÓN: Muchas personas se pasan la vida lamentándose y pretendiendo privilegios, creyéndose más merecedores que los otros que “sí son malos”, sin darse cuenta de que es un honor servir a ese Jesús desde la mañana hasta las horas de la tarde. Decía la Madre Teresa de Calcuta: para amar y servir a Dios, ¡no hay edad!

ORACIÓN: Señor Jesús, ¡líbranos de envidiar a los hermanos!

David, Pbro.

2008-09-08

EL DEUDOR DESPIADADO

Ciclo A, 24° Dom.Ord. 14 de Septiembre de 2008


No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete
(Mt 18, 22)

“Perdona nuestros ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (decimos en el Padre Nuestro). Así como Dios perdona, también nosotros tenemos que perdonar.

En el evangelio de este domingo, Pedro se cree muy generoso y, en efecto, lo es, porque ¿quién es capaz de perdonar siete veces a la misma persona que nos trata mal? Sin embargo, el Señor no se contenta con ese tipo de perdón, un poco medido y reflexionado, sino que exige el perdón completo.

La parábola que Mateo nos relata de “el deudor despiadado” ilustra muy bien la doctrina del Maestro divino sobre el perdón, que debe ser una de las actitudes fundamentales del discípulo de Cristo. Toda la narración está sostenida por el contraste de dos conductas, dos comportamientos opuestos: la deuda del siervo es impagable, pero bastó un gesto de buena voluntad del rey y le concedió el perdón; el siervo tiene por su parte un compañero con una pequeña deuda, sin embargo su exigencia es implacable y no conoce esperas ni tolerancias, no perdona. Se porta con insolencia y sin el menor humanismo hacia su amigo, y lo mete a la cárcel. ¡Qué hermoso hubiera sido si, en respuesta al gesto misericordioso de su amo, también hubiera perdonado la deuda a su amigo! A este siervo se le ofrecía la posibilidad de imitar la conducta de su rey. Lamentablemente dejó escapar tan estupenda ocasión. Procedió en sentido contrario.

Finalmente el rey, “encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.” Y termina el evangelio con la siguiente sentencia de Nuestro Señor: “Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

CONCLUSIÓN: En nuestra sociedad actual parece ser que la venganza es la cosa más natural que existe. La historia como la vida de los individuos está marcada por esta lacra. El cristiano está llamado a cambiar este proceso de venganza en perdón.


David, Pbro.